Números

Antiguo Testamento | 36 capítulos | 1289 versículos

Nm

Capítulo 12

1 María y Aarón murmuraron contra Moisés por causa de la mujer kusita que había tomado por esposa: por haberse casado con una kusita.

2 Decían: «¿Es que Yahveh no ha hablado más que con Moisés? ¿No ha hablado también con nosotros?» Y Yahveh lo oyó.

3 Moisés era un hombre muy humilde, más que hombre alguno sobre la haz de la tierra.

4 De improviso, Yahveh dijo a Moisés, a Aarón y a María: «Salid los tres a la Tienda del Encuentro.» Y salieron los tres.

5 Bajó Yahveh en la columna de Nube y se quedó a la puerta de la Tienda. Llamó a Aarón y a María y se adelantaron los dos.

6 Dijo Yahveh: «Escuchad mis palabras: Si hay entre vosotros un profeta, en visión me revelo a él, y hablo con él en sueños.

7 No así con mi siervo Moisés: él es de toda confianza en mi casa;

8 boca a boca hablo con él, abiertamente y no enigmas, y contempla la imagen de Yahveh. ¿Por qué, pues, habéis osado hablar contra mi siervo Moisés?»

9 Y se encendió la ira de Yahveh contra ellos. Cuando se marchó,

10 y la Nube se retiró de encima de la Tienda, he aquí que María estaba leprosa, blanca como la nieve. Aarón se volvió hacia María y vio que estaba leprosa.

11 Y dijo Aarón a Moisés: «Perdón, Señor mío, no cargues sobre nosotros el pecado que neciamente hemos cometido.

12 Por favor, que no sea ella como quien nace muerto del seno de su madre, con la carne medio consumida.»

13 Moisés clamó a Yahveh diciendo: «Oh Dios, cúrala, por favor.»

14 Yahveh respondió a Moisés: «Si tu padre le hubiera escupido al rostro, ¿no tendría que pasar siete días de vergüenza? Que quede siete días fuera del campamento y luego sea admitida otra vez.

15 María quedó siete días excluida del campamento. Pero el pueblo no partió hasta que ella se reintegró.

16 Después el pueblo partió de Jaserot y acamparon en el desierto de Parán.

Reflexión del capítulo 12

El capítulo narra una escena familiar y dolorosa. Miriam y Aarón, la hermana y el hermano de Moisés, hablan contra él a causa de su esposa extranjera, pero el verdadero motivo es la envidia por su autoridad. Y el texto añade una frase que ilumina toda la escena: Moisés era el hombre más humilde de la tierra. No se defiende, no responde, no se justifica. Es Dios quien toma la palabra, reivindica a su servidor y castiga a Miriam con la lepra, aunque Aarón escapa por haber sido arrastrado. La reacción de Moisés es la clave del capítulo: en lugar de alegrarse por el castigo de quienes lo criticaban, suplica a Dios que la cure. Es la respuesta de un corazón verdaderamente humilde, capaz de interceder por quien lo ha herido. El capítulo enseña que la crítica al servidor de Dios, cuando nace de la envidia, es una falta grave, y que la verdadera grandeza se manifiesta en no defenderse y en pedir el bien de los demás incluso cuando nos han atacado.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Si alguien te ha criticado o menospreciado, resiste la tentación de responder con dureza o de alegrarte si le va mal. Reza hoy por esa persona por su nombre, pidiendo sinceramente su bien, y evita comentar el asunto con otros. La humildad se prueba precisamente en la oración por quien nos ha ofendido. Y si tú has criticado a alguien por envidia, reconócelo y da el primer paso para reconciliarte.

Oración

Señor, dame la humildad de Moisés para no defenderme con soberbia. Enséñame a orar por quienes me critican y a no alegrarme de su mal. Sana las heridas de mi comunidad y guarda la unidad entre nosotros. Amén.

Acerca del libro de Números

El libro de los Números recibe su nombre del censo que abre sus páginas, pero su título hebreo, tomado de las primeras palabras, es mucho más expresivo: en el desierto. Estamos ante el cuarto libro del Pentateuco, y su escenario es el largo camino entre el Sinaí y las llanuras de Moab, a las puertas de la tierra prometida. Lo que podía haber sido un viaje de pocas semanas se convierte en cuarenta años de marcha circular, porque una generación entera queda marcada por la incredulidad y no llega a entrar. El libro combina materiales muy distintos: censos y listas de tribus, leyes sobre sacrificios, votos y pureza, relatos de rebelión y murmuración, y algunos episodios de enorme fuerza simbólica, como el agua que brota de la roca, la serpiente de bronce o el cetro de Aarón que florece. Su hilo conductor es la fidelidad de Dios frente a la infidelidad del pueblo: el Señor sigue guiando con la nube, alimentando con el maná y corrigiendo con paciencia a quienes se quejan una y otra vez. Es un libro incómodo y realista, porque describe la vida creyente como travesía, con cansancio, dudas, nostalgia del pasado y tentación de volver atrás. Para el católico, Números es una escuela de paciencia y de confianza: enseña que la promesa no se cumple por la fuerza de nuestras manos, sino por la fidelidad de quien la hizo, y que el desierto, con toda su aridez, es también el lugar donde Dios habla al corazón y prueba el amor de su pueblo.

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