Números
Antiguo Testamento | 36 capítulos | 1289 versículos
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Capítulo 13 de 36Capítulo 13
1 Yahveh habló a Moisés y le dijo:
2 «Envía algunos hombres, uno por cada tribu paterna, para que exploren la tierra de Canaán que voy a dar a los israelitas. Que sean todos principales entre ellos.»
3 Los envió Moisés, según la orden de Yahveh, desde el desierto de Parán: todos ellos eran jefes de los israelitas.
4 Sus nombres eran éstos: por la tribu de Rubén, Sammúa, hijo de Zakkur;
5 por la tribu de Simeón, Safat, hijo de de Jorí;
6 por la tribu de Judá, Caleb, hijo de Yefunné;
7 por la tribu de Isacar, Yigal, hijo de José;
8 por la tribu de Efraím, Hosea, hijo de Nun;
9 por la tribu de Benjamín, Paltí, hijo de Rafú;
10 por la tribu de Zabulón, Gaddiel, hijo de Sodí;
11 por la tribu de José: por la tribu de Manasés, Gaddí, hijo de Susí;
12 por la tribu de Dan, Ammiel, hijo de Guemalí;
13 por la tribu de Aser, Setur, hijo de Miguel;
14 por la tribu de Neftalí, Najbí, hijo de Vafsí;
15 por la tribu de Gad, Gueuel, hijo de Makí.
16 Esos son los nombres de los que envió Moisés a explorar el país. Pero a Hosea, hijo de Nun, Moisés le llamo Josué.
17 Moisés los envió a explorar el país de Canaán, y les dijo: «Subid ahí al Négueb y después subiréis a la montaña.
18 Reconoced el país, a ver qué tal es, y el pueblo que lo habita, si es fuerte o débil, escaso o numeroso;
19 y qué tal es el país en que viven, bueno o malo; cómo son las ciudades en que habitan, abiertas o fortificadas;
20 y cómo es la tierra, fértil o pobre, si tiene árboles o no. Tened valor y traed algunos productos del país.» Era el tiempo de las primeras uvas.
21 Subieron y exploraron el país, desde el desierto de Sin hasta Rejob, a la Entrada de Jamat.
22 Subieron por el Négueb y llegaron hasta Hebrón, donde residían Ajimán, Sesay y Talmay, los descendientes de Anaq. Hebrón había sido fundada siete años antes que Tanis de Egipto.
23 Llegaron al Valle de Eskol y cortaron allí un sarmiento con un racimo de uva, que transportaron con una pértiga entre dos, y también granadas e higos.
24 Al lugar aquél se le llamó Valle de Eskol, por el racimo que cortaron allí los israelitas.
25 Al cabo de cuarenta días volvieron de explorar la tierra.
26 Fueron y se presentaron a Moisés, a Aarón y a toda la comunidad de los israelitas, en el desierto de Parán, en Cadés. Les hicieron una relación a ellos y a toda la comunidad, y les mostraron los productos del país.
27 Les contaron lo siguiente: «Fuimos al país al que nos enviaste, y en verdad que mana leche y miel; éstos son sus productos.
28 Sólo que el pueblo que habita en el país es poderoso; las ciudades, fortificadas y muy grandes; hasta hemos visto allí descendientes de Anaq.
29 El amalecita ocupa la región del Négueb; el hitita, el amorreo y el jebuseo ocupan la montaña; el cananeo, la orilla del mar y la ribera del Jordán.»
30 Caleb acalló al pueblo delante de Moisés, diciendo: «Subamos, y conquistaremos el país, porque sin duda podremos con él.»
31 Pero los hombres que habían ido con él dijeron: «No podemos subir contra ese pueblo, porque es más fuerte que nosotros.»
32 Y empezaron a hablar mal a los israelitas del país que habían explorado, diciendo: «El país que hemos recorrido y explorado es un país que devora a sus propios habitantes. Toda la gente que hemos visto allí es gente alta.
33 Hemos visto también gigantes, hijos de Anaq, de la raza de los gigantes. Nosotros nos teníamos ante ellos como saltamontes, y eso mismo les parecíamos a ellos.»
Reflexión del capítulo 13
Doce hombres, uno por tribu, son enviados a explorar la tierra de Canaán. Vuelven cargados de frutos magníficos, prueba de que la tierra es realmente buena, y su informe comienza bien: es una tierra que mana leche y miel. Pero la mayoría se detiene en lo que ve como obstáculo: ciudades fortificadas, habitantes gigantes, un pueblo más fuerte que ellos. El miedo se impone a la promesa. Solo dos, Caleb y Josué, se atreven a decir que es posible subir, porque Dios está con ellos. El capítulo es un estudio de la psicología de la incredulidad: el problema no es la dificultad real, sino la comparación entre el tamaño del obstáculo y el tamaño de la confianza en Dios. Diez hombres miran las murallas y se ven pequeños; dos miran la promesa y ven a Dios. La multitud se deja llevar por la mayoría y transforma una oportunidad en una amenaza. La lección es duradera: no basta con haber visto la tierra buena, hay que atreverse a entrar en ella. Y el valor no es ausencia de miedo, sino confianza en que la palabra de Dios sostiene más que nuestros cálculos.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Identifica ese desafío que llevas tiempo postergando por miedo al fracaso. Distingue con honestidad entre lo que es dificultad real y lo que es tu miedo proyectado, y compártelo con alguien de confianza para que te ayude a verlo con perspectiva. Da hoy un paso concreto, pequeño pero real, en la dirección que sabes que Dios te pide. El valor no consiste en no tener miedo, sino en avanzar con miedo y con confianza en Dios.
Oración
Señor, tantas veces dejo que el miedo me paralice y me quedo mirando las dificultades. Dame el valor de Caleb y de Josué para confiar en tu promesa y atreverme a avanzar. Que no me gobierne el temor, sino la fe. Amén.
Acerca del libro de Números
El libro de los Números recibe su nombre del censo que abre sus páginas, pero su título hebreo, tomado de las primeras palabras, es mucho más expresivo: en el desierto. Estamos ante el cuarto libro del Pentateuco, y su escenario es el largo camino entre el Sinaí y las llanuras de Moab, a las puertas de la tierra prometida. Lo que podía haber sido un viaje de pocas semanas se convierte en cuarenta años de marcha circular, porque una generación entera queda marcada por la incredulidad y no llega a entrar. El libro combina materiales muy distintos: censos y listas de tribus, leyes sobre sacrificios, votos y pureza, relatos de rebelión y murmuración, y algunos episodios de enorme fuerza simbólica, como el agua que brota de la roca, la serpiente de bronce o el cetro de Aarón que florece. Su hilo conductor es la fidelidad de Dios frente a la infidelidad del pueblo: el Señor sigue guiando con la nube, alimentando con el maná y corrigiendo con paciencia a quienes se quejan una y otra vez. Es un libro incómodo y realista, porque describe la vida creyente como travesía, con cansancio, dudas, nostalgia del pasado y tentación de volver atrás. Para el católico, Números es una escuela de paciencia y de confianza: enseña que la promesa no se cumple por la fuerza de nuestras manos, sino por la fidelidad de quien la hizo, y que el desierto, con toda su aridez, es también el lugar donde Dios habla al corazón y prueba el amor de su pueblo.
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