Números

Antiguo Testamento | 36 capítulos | 1289 versículos

Nm

Capítulo 15

1 Habló Yahveh a Moisés y le dijo:

2 «Habla a los israelitas y diles: Cuando entréis en la tierra que yo os daré por morada,

3 y ofrezcáis manjares abrasados a Yahveh en holocausto o sacrificio, para cumplir un voto, o como ofrenda voluntaria o con acasión de vuestras fiestas, ofreciendo así, de vuestros bueyes u ovejas, calmante aroma para Yahveh,

4 el oferente presentará, para su ofrenda a Yahveh, una oblación de una décima de flor de harina amasada con un cuarto de sextario de aceite.

5 Harás una libación de un cuarto de sextario de vino por cada cordero, además del holocausto o sacrificio.

6 Si es un carnero, la oblación será de dos décimas de flor de harina amasada con un tercio de sextario de aceite,

7 y la libación, de un tercio de sextario de vino, que ofrecerás como calmante aroma para Yahveh.

8 Y si ofreces a Yahveh un novillo en holocausto o sacrificio, para cumplir un voto, o como sacrificio de comunión,

9 se ofrecerá además del novillo una oblación de tres décimas de flor de harina amasada con medio sextario de aceite,

10 y una libación de medio sextario de vino, como manjar abrasado de calmante aroma para Yahveh.

11 Así se hará con nada novillo y con las reses menores, cordero o cabrito.

12 Haréis así con cada uno de los que inmoléis, con tantos como hubiere.

13 Así hará todo hombre de vuestro pueblo, cuando ofrezca un manjar abrasado como calmante aroma para Yahveh.

14 Si reside entre vosotros o entre vuestros descendientes un forastero, y ofrece un manjar abrasado como calmante aroma para Yahveh, lo mismo que vosotros hará

15 la asamblea. No habrá más que una norma para vosotros y para el forastero residente. Es decreto perpetuo para vuestros descendientes: igual será delante de Yahveh para vosotros que para el forastero.

16 Una sola ley y una sola norma regirá para vosotros y para el forastero que reside entre vosotros.»

17 Yahveh habló así a Moisés:

18 «Habla a los israelitas y diles: Cuando entréis en la tierra a la que os voy a llevar,

19 y comáis el pan del país, reservaréis primero la ofrenda para Yahveh.

20 Como primicias de vuestra molienda reservaréis como ofrenda una torta; la reservaréis igual que se hace en la era.

21 Reservaréis a Yahveh una ofrenda de las primicias de vuestra molienda, por todas vuestras generaciones.

22 «Cuando por inadvertencia no cumpláis alguno de estos preceptos que Yahveh ha comunicado a Moisés,

23 algo de lo que os ha mandado Yahveh por medio de Moisés, desde que Yahveh lo ordenó en adelante, por todas vuestras generaciones,

24 en el caso de que la inadvertencia se haya cometido por descuido de la comunidad, toda la comunidad ofrecerá un novillo en holocausto, como calmante aroma para Yahveh, con su correspondiente oblación y libación según costumbre, y un macho cabrío en sacrificio por el pecado.

25 El sacerdote expiará por toda la comunidad de los israelitas, y se les perdonará, porque ha sido un descuido. Cuando presenten sus ofrendas, como manjar abrasado a Yahveh, y su sacrificio por el pecado delante de Yahveh por su descuido,

26 se le perdonará a la comunidad de los israelitas y al forastero que reside entre ellos, pues el pueblo entero lo ha hecho por inadvertencia.

27 En el caso de que una sola persona haya pecado por inadvertencia, ofrecerá en sacrificio por el pecado una cabrita de un año.

28 El sacerdote expiará delante de Yahveh por la persona que se ha descuidado con ese pecado de inadvertencia; cuando se haga expiación por ella, se le perdonará,

29 lo mismo al ciudadano israelita que al forastero residente entre vosotros: no tendréis más que una sola ley para el que obra por inadvertencia.

30 Pero el que obra con descaro, sea ciudadano o forastero, ultraja a Yahveh. Tal individuo será extirpado de su pueblo,

31 por haber despreciado la palabra de Yahveh, quebrantado su mandato. Será exterminado tal individuo: su pecado pesa sobre él.»

32 Cuando los israelitas estaban en el desierto, se encontró a un hombre que andaba buscando leña en día de sábado.

33 Los que lo encontraron buscando leña, lo presentaron a Moisés, a Aarón y a toda la comunidad.

34 Le pusieron bajo custodia, porque no estaba determinado lo que había que hacer con él.

35 Yahveh dijo a Moisés: «Que muera ese hombre. Que lo apedree toda la comunidad fuera del campamento.»

36 Lo sacó toda la comunidad fuera del campamento y lo apedrearon hasta que murió, según había mandado Yahveh a Moisés.

37 Yahveh dijo a Moisés:

38 «Habla a los israelitas y diles que ellos y sus descendientes se hagan flecos en los bordes de sus vestidos, y pongan en el fleco de sus vestidos un hilo de púrpura violeta.

39 Tendréis, pues flecos para que, cuando los veáis, os acordéis de todos los preceptos de Yahveh. Así los cumpliréis y no seguiréis los caprichos de vuestros corazones y de vuestros ojos, que os han arrastrado a prostituiros.

40 Así os acordaréis de todos mis mandamientos y los cumpliréis, y seréis hombres consagrados a vuestro Dios.

41 Yo, Yahveh, vuestro Dios, que os saqué de Egipto para ser Dios vuestro. Yo, Yahveh, vuestro Dios.

Reflexión del capítulo 15

El capítulo reúne leyes diversas, pero con un hilo común: la vida ofrecida a Dios debe ser generosa y constante. Se regulan las ofrendas de harina, aceite y vino que acompañan los sacrificios, se establece un mismo rito para el israelita de nacimiento y para el extranjero que vive entre ellos, y se distingue entre el pecado cometido por inadvertencia y el pecado cometido con desprecio deliberado. El primer caso tiene perdón; el segundo, no, porque supone despreciar la palabra del Señor. Es una distinción llena de sabiduría: Dios comprende la debilidad, pero no la rebeldía consciente. En medio del capítulo aparece un relato breve y severo: un hombre recoge leña en sábado y es castigado con la muerte. El episodio subraya la seriedad del descanso sagrado, aunque su dureza nos resulte difícil de leer hoy. El capítulo termina con una disposición hermosa: los israelitas deben llevar flecos en los bordes de sus vestidos para recordar los mandamientos. La fe necesita memoria, y la memoria necesita signos visibles. El extranjero incluido en la misma ley muestra que la alianza está abierta a quien quiera acercarse.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Crea un signo visible que te recuerde a Dios durante el día: un crucifijo en la mesa de trabajo, una imagen en el teléfono, una nota en la puerta de casa, una frase escrita en tu cuaderno. Y cuida el descanso semanal como un tiempo sagrado, no como un hueco que se llena con más tareas y pantallas. La fe necesita memoria, y la memoria necesita señales concretas. Elige hoy tu señal y respétala.

Oración

Señor, dame memoria para no olvidar tus mandamientos en medio de la rutina. Enséñame a ofrecerte una vida generosa y constante, y a acoger a quien se acerca a ti. Que mi descanso también te honre. Amén.

Acerca del libro de Números

El libro de los Números recibe su nombre del censo que abre sus páginas, pero su título hebreo, tomado de las primeras palabras, es mucho más expresivo: en el desierto. Estamos ante el cuarto libro del Pentateuco, y su escenario es el largo camino entre el Sinaí y las llanuras de Moab, a las puertas de la tierra prometida. Lo que podía haber sido un viaje de pocas semanas se convierte en cuarenta años de marcha circular, porque una generación entera queda marcada por la incredulidad y no llega a entrar. El libro combina materiales muy distintos: censos y listas de tribus, leyes sobre sacrificios, votos y pureza, relatos de rebelión y murmuración, y algunos episodios de enorme fuerza simbólica, como el agua que brota de la roca, la serpiente de bronce o el cetro de Aarón que florece. Su hilo conductor es la fidelidad de Dios frente a la infidelidad del pueblo: el Señor sigue guiando con la nube, alimentando con el maná y corrigiendo con paciencia a quienes se quejan una y otra vez. Es un libro incómodo y realista, porque describe la vida creyente como travesía, con cansancio, dudas, nostalgia del pasado y tentación de volver atrás. Para el católico, Números es una escuela de paciencia y de confianza: enseña que la promesa no se cumple por la fuerza de nuestras manos, sino por la fidelidad de quien la hizo, y que el desierto, con toda su aridez, es también el lugar donde Dios habla al corazón y prueba el amor de su pueblo.

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