Números
Antiguo Testamento | 36 capítulos | 1289 versículos
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Capítulo 31 de 36Capítulo 31
1 Habló Yahveh a Moisés y le dijo:
2 «Haz que los israelitas tomen venganza de los madianitas. Luego irás a reunirte con tu parentela.»
3 Moisés habló al pueblo y le dijo: «Que se armen algunos de vosotros para la guerra de Yahveh contra Madián, para tomar de Madián la venganza de Yahveh.
4 Pondréis sobre las armas mil de cada tribu, de todas las tribus de Israel.»
5 Los millares de Israel suministraron, a razón de mil por cada tribu, 12.000 hombres armados para la guerra.
6 Moisés envió al combate mil por cada tribu, y con ellos a Pinjás, hijo del sacerdote Eleazar, que llevaba en su mano los objetos sagrados y las trompetas del clamoreo.
7 Atacaron a Madián como había mandado Yahveh a Moisés y mataron a todos los varones.
8 Mataron también a los reyes de Madián: Eví, Réquem, Sur, Jur y Rebá, cinco reyes madianitas; y a Balaam, hijo de Beor, lo mataron a filo de espada.
9 Los israelitas hicieron cautivas a las mujeres de Madián y a sus niños y saquearon su ganado, sus rebaños, y todos sus bienes.
10 Dieron fuego a todas las ciudades en que habitaban y a todos sus campamentos.
11 Reunieron todo el botín que habían capturado, hombres y bestias,
12 y llevaron los cautivos, la presa y el botín ante Moisés, ante el sacerdote Eleazar y ante toda la comunidad de los israelitas, al campamento, en las Estepas de Moab, que están cerca del Jordán, a la altura de Jericó.
13 Moisés, el sacerdote Eleazar y todos los principales de la comunidad salieron a su encuentro hasta fuera del campamento.
14 Moisés se encolerizó contra los jefes de las tropas, jefes de millar y jefes de cien, que volvían de la expedición guerrera.
15 Les dijo Moisés: «¿Pero habéis dejado con vida a todas las mujeres?
16 Precisamente ellas fueron las que indujeron a prevaricar contra Yahveh a los israelitas, siguiendo el consejo de Balaam, cuando lo de Peor; por eso azotó la plaga a la comunidad de Yahveh.
17 Matad, pues, a todos los niños varones. Y a toda mujer que haya conocido varón, que haya dormido con varón, matadla también.
18 Pero dejad con vida para vosotros a todas las muchachas que no hayan dormido con varón.
19 Y vosotros, todos los que hayáis matado a alguno y todos los que hayaís tocado a algún muerto, acampad fuera del campamento siete días. Purificaos vosotros y vuestros cautivos, el día tercero y el día séptimo.
20 Purificad también todos los vestidos, todos los objetos de cuero, todo tejido de pelo de cabra y todo objeto de madera.»
21 Dijo el sacerdote Eleazar a los hombres de la tropa que habían ido a la guerra: «Este es el precepto de la Ley que ordenó Yahveh a Moisés.
22 El oro, la plata, el bronce, el hierro, el estaño y el plomo,
23 todo lo que puede pasar por el fuego, lo pasaréis por el fuego y quedará puro. Pero será purificado con las aguas lustrales. Pero todo lo que no pueda pasar por el fuego lo pasaréis por las aguas.»
24 Lavaréis vuestros vestidos el día séptimo y quedaréis puros. Luego podréis entrar en el campamento.
25 Habló Yahveh a Moisés y le dijo:
26 «Sacad la cuenta, tú, el sacerdote Eleazar y los principales de las familias de la comunidad, del botín y de los cautivos, hombres y bestias.
27 Luego repartirás el botín, la mitad para los combatientes que fueron a la guerra y la otra mitad para toda la comunidad.
28 Reservarás para Yahveh, de la parte de los combatientes que fueron a la guerra, uno por cada quinientos, sean hombres, bueyes, asnos u ovejas.
29 Lo tomarás de la mitad que les corresponde y se lo darás al sacerdote Eleazar, como reserva para Yahveh.
30 Y de la mitad de los israelitas, uno por cada cincuenta, sean hombres, bueyes, asnos u ovejas, cualquier clase de bestias, y se lo darás a los levitas, que están encargados del ministerio de la Morada de Yahveh.
31 Moisés y el sacerdote Eleazar hicieron como había mandado Yahveh a Moisés.
32 Fue el botín, el remanente de lo que la gente de guerra había saqueado: 675.000 cabezas de ganado lanar,
33 72.000 de vacuno
34 y 61.000 de ganado asnal.
35 En cuanto a las personas, las mujeres que no habían dormido con varón eran, en total, 32.000.
36 La mitad correspondiente a los que fueron al combate: 337.500 cabezas de ganado lanar,
37 siendo la parte de Yahveh de ganado lanar, 675 cabezas;
38 36.000 de vacuno, siendo la parte de Yahveh 72,
39 30.500 de asnal, siendo la parte de Yahveh 61.
40 Las personas eran 16.000, correspondiendo a Yahveh, 32.
41 Moisés dio al sacerdote Eleazar la reserva de Yahveh, como había ordenado Yahveh a Moisés.
42 La mitad perteneciente a los israelitas, que había separado Moisés de la de los combatientes,
43 esta mitad correspondiente a la comunidad era de 337.500 cabezas de ganado lanar;
44 36.000 de vacuno;
45 30.500 de asnal,
46 y 16.000 personas.
47 Tomó Moisés de la mitad de los israelitas, a razón de uno por cincuenta, hombres y bestias, y se los dio a los levitas, que se encargan del ministerio de la Morada de Yahveh, como había ordenado Yahveh a Moisés.
48 Se presentaron ante Moisés los jefes de las tropas de Israel que habían ido a la guerra, jefes de millar y jefes de cien,
49 y dijeron a Moisés: «Tus siervos han sacado la cuenta de los combatientes que tenían a sus órdenes, y no falta ni uno.
50 Por eso traemos de ofrenda a Yahveh lo que cada uno de nosotros ha encontrado en objetos de oro, brazaletes, ajorcas, anillos, arracadas y collares, para hacer expiación por nosotros delante de Yahveh.»
51 Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron de ellos el oro y las joyas.
52 El total del oro de la reserva que reservaron para Yahveh, de parte de los jefes de millar y de cien, fue 16.750 siclos.
53 Los combatientes habían tomado cada uno su botín.
54 Pero Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron el oro de los jefes de millar y de cien y lo llevaron a la Tienda del Encuentro, para que sirviera ante Yahveh de memorial en favor de los israelitas.
Reflexión del capítulo 31
El capítulo narra la guerra contra Madián, en la que participan mil hombres por tribu. El episodio incluye la muerte de Balaam, el adivino que había aconsejado el culto a Baal Peor, y la purificación de los soldados y del botín antes de volver al campamento. Llama la atención que el texto se detenga en los detalles de la purificación y en el reparto del botín: una parte para los que fueron a la guerra, otra para la comunidad, y una ofrenda al Señor. La victoria no se celebra como un mérito propio, sino que se convierte en ocasión de ofrenda y de acción de gracias. También es notable que los jefes del ejército, al hacer recuento y comprobar que no faltaba ninguno de los suyos, presenten una ofrenda voluntaria en señal de gratitud. Hay un reconocimiento implícito de que la vida de los soldados no se debió a su fuerza, sino a la protección de Dios. Las páginas de guerra del Antiguo Testamento resultan hoy difíciles de leer, y la Iglesia nos invita a interpretarlas a la luz de Cristo, que vence al mal no con la espada, sino con el amor.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Cuando logres algo importante, no te atribuyas todo el mérito: agradece a Dios y reconoce en voz alta la parte de quienes te ayudaron. Comparte los frutos de tu trabajo con la comunidad y con quienes lo necesitan, no solo con los tuyos. Y revisa si en tu manera de vencer estás usando métodos que no podrías ofrecer a Dios. La acción de gracias desactiva la soberbia.
Oración
Señor, todo lo que tengo y todo lo que logro viene de tu mano. Líbrame de atribuirme tus dones y enséñame a repartir con generosidad lo que he recibido. Que mi gratitud se traduzca en ofrenda. Amén.
Acerca del libro de Números
El libro de los Números recibe su nombre del censo que abre sus páginas, pero su título hebreo, tomado de las primeras palabras, es mucho más expresivo: en el desierto. Estamos ante el cuarto libro del Pentateuco, y su escenario es el largo camino entre el Sinaí y las llanuras de Moab, a las puertas de la tierra prometida. Lo que podía haber sido un viaje de pocas semanas se convierte en cuarenta años de marcha circular, porque una generación entera queda marcada por la incredulidad y no llega a entrar. El libro combina materiales muy distintos: censos y listas de tribus, leyes sobre sacrificios, votos y pureza, relatos de rebelión y murmuración, y algunos episodios de enorme fuerza simbólica, como el agua que brota de la roca, la serpiente de bronce o el cetro de Aarón que florece. Su hilo conductor es la fidelidad de Dios frente a la infidelidad del pueblo: el Señor sigue guiando con la nube, alimentando con el maná y corrigiendo con paciencia a quienes se quejan una y otra vez. Es un libro incómodo y realista, porque describe la vida creyente como travesía, con cansancio, dudas, nostalgia del pasado y tentación de volver atrás. Para el católico, Números es una escuela de paciencia y de confianza: enseña que la promesa no se cumple por la fuerza de nuestras manos, sino por la fidelidad de quien la hizo, y que el desierto, con toda su aridez, es también el lugar donde Dios habla al corazón y prueba el amor de su pueblo.
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