Deuteronomio
Antiguo Testamento | 34 capítulos | 959 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 11 de 34Capítulo 11
1 Amarás a Yahveh tu Dios y guardarás siempre sus ritos, sus preceptos, normas y mandamientos.
2 Vosotros sabéis hoy - no vuestros hijos, que ni saben ni han visto la lección de Yahveh vuestro Dios, su grandeza, su mano fuerte y su tenso brazo -
3 las señales y hazañas que realizó él en medio de Egipto, contra Faraón rey de Egipto y todo su pueblo;
4 lo que hizo con el ejército de Egipto, con sus caballos y sus carros, precipitando sobre ellos las aguas del mar de Suf cuando os perseguían, y aniquilándolos Yahveh hasta el día de hoy;
5 lo que ha hecho por vosotros en el desierto hasta vuestra llegada a este lugar;
6 lo que hizo con Datán y Abirón, hijos de Eliab el rubenita, cuando la tierra abrió su boca y los tragó en medio de todo Israel, con sus familias, sus tiendas y todos los que les seguían.
7 Pues vuestros mismos ojos han visto toda esta gran obra que Yahveh ha realizado.
8 Guardaréis todos los mandamientos que yo os prescribo hoy, para que os hagaís fuertes y lleguéis a poseer la tierra a la que vais a pasar para tomarla en posesión,
9 y para que prolonguéis vuestros días en el suelo que Yahveh juró dar a vuestros padres y a su descendencia, tierra que mana leche y miel.
10 Porque la tierra a la que vas a entrar para tomarla en posesión no es como el país de Egipto del que habéis salido, donde después de sembrar había que regar con el pie, como se riega un huerto de hortalizas.
11 Sino que la tierra a la que vais a pasar para tomarla en posesión es una tierra de montes y valles, que bebe el agua de la lluvia del cielo.
12 De esta tierra se cuida Yahveh tu Dios; los ojos de Yahveh tu Dios están constantemente puestos en ella, desde que comienza el año hasta que termina.
13 Y si vosotros obedecéis puntualmente a los mandamientos que yo os prescribo hoy, amando a Yahveh vuestro Dios y sirviéndole con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma,
14 yo daré a vuestro país la lluvia a su tiempo, lluvia de otoño y lluvia de primavera, y tú podrás cosechar tu trigo, tu mosto y tu aceite;
15 yo daré a tu campo hierba para tu ganado, y comerás hasta hartarte.
16 Cuidad bien que no se pervierta vuestro corazón y os descarriéis a dar culto o otros dioses, y a postraros ante ellos;
17 pues la ira de Yahveh se encendería contra vosotros y cerraría los cielos, no habría más lluvia, el suelo no daría su fruto y vosotros pereceríais bien pronto en esa tierra buena que Yahveh os da.
18 Poned estas palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, atadlas a vuestra mano como una señal, y sean como una insignia entre vuestros ojos.
19 Enseñádselas a vuestros hijos, hablando de ellas tanto si estás en casa como si vas de viaje, así acostado como levantado.
20 Las escribirás en las jambas de tu casa y en tus puertas,
21 para que vuestros días y los días de vuestros hijos en la tierra que Yahveh juró dar a vuestros padres sean tan numerosos como los días del cielo sobre la tierra.
22 Porque, si de verdad guardáis todos estos mandamientos que yo os mando practicar, amando a Yahveh vuestro Dios, siguiendo todos sus caminos y viviendo unidos a él,
23 Yahveh desalojará delante de vosotros a todas esas naciones, y vosotros desalojaréis a naciones más numerosas y fuertes que vosotros.
24 Todo lugar que pise la planta de vuestro pie será vuestro; desde el Río, el río Eufrates, hasta el mar occidental, se extenderá vuestro territorio.
25 Nadie podrá resistiros; Yahveh vuestro Dios hará que se os tema y se os respete sobre la haz de toda la tierra que habéis de pisar, como él os ha dicho.
26 Mira: Yo pongo hoy ante vosotros bendición y maldición.
27 Bendición si escucháis los mandamientos de Yahveh vuestro Dios que yo os prescribo hoy,
28 maldición si desoís los mandamientos de Yahveh vuestro Dios, si os apartáis del camino que yo os prescribo hoy, para seguir a otros dioses que no conocéis.
29 Cuando Yahveh tu Dios te haya introducido en la tierra a la que vas a entrar para tomarla en posesión, pondrás la bendición sobre el monte Garizim y la maldición sobre el monte Ebal.
30 (Estos montes están, como sabéis, al otro lado del Jordán, detrás del camino del poniente, en el país de los cananeos que habitan en la Arabá, frente a Guilgal, cerca de la Encina de Moré.)
31 Ya que vais a pasar el Jordán para ir a tomar posesión de la tierra que Yahveh vuestro Dios os da, cuando la poseáis y habitéis en ella,
32 cuidaréis de poner en práctica todos los preceptos y normas que yo os expongo hoy.
Reflexión del capítulo 11
El capítulo 11 es una llamada apremiante al amor y a la obediencia. Moisés pide al pueblo que ame a Yahveh y guarde siempre sus preceptos, y les recuerda que sus hijos no han visto con sus propios ojos las maravillas de Egipto ni la mano poderosa de Dios en el desierto: por eso ellos, los adultos, deben transmitir lo que han vivido. La fe de una generación es el puente que sostiene la fe de la siguiente.
El texto presenta la tierra prometida como un lugar distinto de Egipto. Allí se regaba con el pie, con canales y esfuerzo humano; aquí, en cambio, la tierra se riega con el agua que baja del cielo y está cuidada por los ojos de Dios. Es una imagen de la vida de fe: no depende solo de nuestras obras, sino de la gracia que desciende de lo alto. Pero esa gracia exige respuesta: si el pueblo sirve a otros dioses, la lluvia se cerrará y la tierra se volverá estéril.
El capítulo termina con un gesto pedagógico: poner la bendición en el monte Garizim y la maldición en el Ebal. Israel debe elegir, y la elección tiene consecuencias visibles. La libertad humana y la fidelidad de Dios se entrelazan: el Señor da la lluvia, pero el pueblo decide qué hacer con el don.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy piensa en quién te transmitió la fe y agradéceselo, quizá con una llamada o una visita. Si tienes hijos o ahijados, no delegues su educación religiosa solo en otros: habla con ellos de Dios con naturalidad. Y examina si en tu vida esperas todo de tu esfuerzo o dejas espacio a la gracia, a la lluvia que solo Dios puede enviar. Trabaja como si todo dependiera de ti y confía como si todo dependiera de él.
Oración
Padre, tú riegas la tierra con tu lluvia y mi vida con tu gracia. Enséñame a amar y a obedecer, no por miedo sino por confianza. Ayúdame a transmitir la fe a los que vienen detrás de mí. Amén.
Acerca del libro de Deuteronomio
El Deuteronomio es el quinto libro de la Biblia y la conclusión de la Torá. Su nombre griego significa «segunda ley», pero el título hebreo, Debarim, es más exacto: «palabras». No contiene un código legal nuevo, sino la última voluntad de Moisés, pronunciada en las estepas de Moab, a la vista de la tierra prometida que él ya no pisará.
La obra se presenta como una serie de discursos de despedida. Los primeros capítulos (1-4) repasan la historia del pueblo desde el Horeb, con sus rebeliones y la fidelidad incansable de Dios. El cuerpo central (5-26) reúne el Decálogo, la profesión de fe del «Escucha, Israel» y un amplio conjunto de leyes sobre el culto, la justicia, la familia y el cuidado del pobre, del forastero, del huérfano y de la viuda. Los capítulos 27-30 renuevan la alianza con bendiciones y maldiciones y dejan al pueblo ante una elección radical: la vida o la muerte. El final narra el cántico de Moisés, la bendición de las tribus y su muerte en el monte Nebo.
La tradición atribuye el libro a Moisés, y la Iglesia reconoce en él la voz del gran legislador de Israel, sin negar la labor de quienes ordenaron y actualizaron estos textos siglos después, en el marco de la reforma religiosa de Judá. Sus grandes temas son la unicidad de Dios, la alianza, la memoria agradecida y la justicia social.
El Deuteronomio ocupa un lugar privilegiado en el Nuevo Testamento. Jesús responde al tentador citando tres veces este libro y de él toma el mandamiento más grande: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Leído desde la fe católica, anuncia al profeta definitivo y enseña que la obediencia a Dios no es esclavitud, sino camino de vida y de libertad.
Compartir
Enlace copiado