Deuteronomio
Antiguo Testamento | 34 capítulos | 959 versículos
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Capítulo 20 de 34Capítulo 20
1 Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, y veas caballos, carros y un pueblo más numeroso que tú, no les tengas miedo; porque está contigo Yahveh tu Dios, el que te sacó del país de Egipto.
2 Cuando estéis para entablar combate, el sacerdote se adelantará y hablará al pueblo.
3 Les dirá: «Escucha, Israel; hoy vais a entablar combate con vuestros enemigos; no desmaye vuestro corazón, no tengáis miedo ni os turbéis, ni tembléis ante ellos,
4 porque Yahveh vuestro Dios marcha con vosotros para pelear en favor vuestro contra vuestros enemigos y salvaros.»
5 Luego los escribas hablarán al pueblo y dirán: «¿Quién ha edificado una casa nueva y no la ha estrenado todavía? Váyase y vuelva a su casa, no sea que muera en el combate y la estrene otro hombre.
6 «¿Quién ha plantado una viña y todavía no la ha disfrutado? Váyase y vuelva a su casa, no sea que muera en el combate y la disfrute otro.
7 «¿Quién se ha desposado con una mujer y no se ha casado aún con ella? Váyase y vuelva a su casa, no sea que muera en el combate y se case con ella otro hombre.»
8 Los escribas dirán además al pueblo: «¿Quién tiene miedo y siente enflaquecer su ánimo? Váyase y vuelva a su casa, para que no desanime el corazón de sus hermanos como lo está el suyo.»
9 En cuanto los escribas hayan acabado de hablar al pueblo, se pondrán al frente de él jefes de tropa.
10 Cuando te acerques a una ciudad para combatir contra ella, le propondrás la paz.
11 Si ella te responde con la paz y te abre sus puertas, todo el pueblo que se encuentre en ella te deberá tributo y te servirá.
12 Pero si no hace la paz contigo y te declara la guerra, la sitiarás.
13 Yahveh tu Dios la entregará en tus manos, y pasarás a filo de espada a todos sus varones;
14 las mujeres, los niños, el ganado, todo lo que haya en la ciudad, todos sus despojos, lo tomarás como botín. Comerás los despojos de los enemigos que Yahveh tu Dios te haya entregado.
15 Así has de tratar a las ciudades muy alejadas de ti, que no forman parte de estas naciones.
16 En cuanto a las ciudades de estos pueblos que Yahveh tu Dios te da en herencia, no dejarás nada con vida,
17 sino que las consagrarás al anatema: a hititas, amorreos, cananeos, perizitas, jivitas, y jebuseos, como te ha mandado Yahveh tu Dios,
18 para que no os enseñen a imitar todas esas abominaciones que ellos hacían en honor de sus dioses: ¡pecaríais contra Yahveh vuestro Dios!
19 Si, al atacar una ciudad, tienes que sitiarla mucho tiempo para tomarla, no destruirás su arbolado metiendo en él el hacha; te alimentarás de él sin talarlo. ¿Son acaso hombres los árboles del campo para que los trates como a sitiados?
20 Sin embargo podrás destruir y cortar los árboles que sabes que no son frutales, y hacer con ellos obras de asedio contra esa ciudad que está en guerra contigo, hasta que caiga.
Reflexión del capítulo 20
El capítulo 20 regula la guerra con un criterio que sorprende por su humanidad. Antes de la batalla, el sacerdote se dirige al pueblo y le dice: «No temáis, porque Yahveh vuestro Dios marcha con vosotros». Y los oficiales permiten retirarse a quien acaba de construir una casa sin estrenarla, a quien ha plantado una viña sin disfrutarla, a quien se ha comprometido con una mujer sin casarse, y a quien tiene miedo. La vida familiar y la paz del corazón valen más que una victoria militar. Israel no debe ganar a costa de destruir a sus propias familias.
Al asediar una ciudad lejana, primero debe ofrecerse la paz; solo si la rechazan se emprende el combate. La guerra no es el primer recurso, sino el último. Y en el asedio hay un mandato ecológico notable: no se pueden talar los árboles frutales para construir máquinas de guerra, «porque el árbol del campo no es un hombre al que puedas sitiar». La creación merece respeto incluso en tiempos de conflicto.
Leído desde el Evangelio, el capítulo invita a algo más radical: no responder al mal con el mal, buscar siempre la paz antes del enfrentamiento y custodiar lo que da vida, incluso en medio del combate. El Dios que marcha con su pueblo es también el Dios que ama todo lo que ha creado.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy, antes de entrar en conflicto con alguien, ofrece primero la paz: una palabra serena, una conversación, un gesto. No conviertas cualquier desacuerdo en guerra. Y revisa si estás sacrificando tu familia o tu descanso por una victoria que no vale la pena. Cuida también lo que da vida a tu alrededor. Construir la paz es más valioso que ganar cualquier disputa.
Oración
Señor, tú marchas conmigo y no quieres que venza destruyendo. Enséñame a buscar la paz antes de la disputa y a no sacrificar lo esencial por un triunfo pasajero. Que sea constructor de reconciliación. Amén.
Acerca del libro de Deuteronomio
El Deuteronomio es el quinto libro de la Biblia y la conclusión de la Torá. Su nombre griego significa «segunda ley», pero el título hebreo, Debarim, es más exacto: «palabras». No contiene un código legal nuevo, sino la última voluntad de Moisés, pronunciada en las estepas de Moab, a la vista de la tierra prometida que él ya no pisará.
La obra se presenta como una serie de discursos de despedida. Los primeros capítulos (1-4) repasan la historia del pueblo desde el Horeb, con sus rebeliones y la fidelidad incansable de Dios. El cuerpo central (5-26) reúne el Decálogo, la profesión de fe del «Escucha, Israel» y un amplio conjunto de leyes sobre el culto, la justicia, la familia y el cuidado del pobre, del forastero, del huérfano y de la viuda. Los capítulos 27-30 renuevan la alianza con bendiciones y maldiciones y dejan al pueblo ante una elección radical: la vida o la muerte. El final narra el cántico de Moisés, la bendición de las tribus y su muerte en el monte Nebo.
La tradición atribuye el libro a Moisés, y la Iglesia reconoce en él la voz del gran legislador de Israel, sin negar la labor de quienes ordenaron y actualizaron estos textos siglos después, en el marco de la reforma religiosa de Judá. Sus grandes temas son la unicidad de Dios, la alianza, la memoria agradecida y la justicia social.
El Deuteronomio ocupa un lugar privilegiado en el Nuevo Testamento. Jesús responde al tentador citando tres veces este libro y de él toma el mandamiento más grande: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Leído desde la fe católica, anuncia al profeta definitivo y enseña que la obediencia a Dios no es esclavitud, sino camino de vida y de libertad.
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