Deuteronomio

Antiguo Testamento | 34 capítulos | 959 versículos

Dt

Capítulo 5

1 Moisés convocó a todo Israel y les dijo: Escucha, Israel, los preceptos y las normas que yo pronuncio hoy a tus oídos. Apréndelos y cuida de ponerlos en práctica.

2 Yahveh nuestro Dios ha concluido con nosotros una alianza en el Horeb.

3 No con nuestros padres concluyó Yahveh esta alianza, sino con nosotros, con nosotros que estamos hoy aquí, todos vivos.

4 Cara a cara os habló Yahveh en la montaña, de en medio del fuego;

5 yo estaba entre Yahveh y vosotros para comunicaros la palabra de Yahveh, ya que vosotros teníais miedo del fuego y no subisteis a la montaña. Dijo:

6 «Yo soy Yahveh tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre.

7 «No habrá para ti otros dioses delante de mi.

8 «No te harás escultura ni imagen alguna, ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra.

9 No te postrarás ante ellas ni les darás culto. Porque yo, Yahveh tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian,

10 y tengo misericordia por mil generaciones con los que me aman y guardan mis mandamientos.

11 «No tomarás en falso el nombre de Yahveh tu Dios, porque Yahveh no dejará sin castigo a quien toma su nombre en falso.

12 «Guardarás el día del sábado para santificarlo, como te lo ha mandado Yahveh tu Dios.

13 Seis días trabajarás y harás todas tus tareas,

14 pero el día séptimo es día de descanso para Yahveh tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguna de tus bestias, ni el forastero que vive en tus ciudades; de modo que puedan descansar, como tú, tu siervo, y tu sierva.

15 Recuerda que fuiste esclavo en el país de Egipto y que Yahveh tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso Yahveh tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso Yahveh tu Dios te ha mandado guardar el día del sábado.

16 Honra a tu padre y a tu madre, como te lo ha mandado Yahveh tu Dios, para que se prolonguen tus días y seas feliz en el suelo que Yahveh tu Dios te da.

17 «No matarás.

18 «No cometerás adulterio.

19 «No robarás.

20 «No darás testimonio falso contra tu prójimo.

21 «No desearás la mujer de tu prójimo, no codiciarás su casa, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo.»

22 Estas palabras dijo Yahveh a toda vuestra asamblea, en la montaña, de en medio del fuego, la nube y la densa niebla, con voz potente, y nada más añadió. Luego las escribió en dos tablas de piedra y me las entregó a mí.

23 Cuando vosotros oísteis la voz que salía de las tinieblas, mientras la montaña ardía en fuego, os acercasteis a mí todos vosotros, jefes de tribu y ancianos,

24 y dijisteis: «Mira, Yahveh nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza y hemos óido su voz de en medio del fuego. Hemos visto en este día que puede Dios hablar al hombre y seguir éste con vida.

25 Pero ahora, ¿por qué hemos de morir? - porque este fuego nos va a devorar -; si seguimos oyendo la voz de Yahveh nuestro Dios, moriremos.

26 Pues, ¿qué hombre ha oído como nosotros la voz del Dios vivo hablando de en medio del fuego, y ha sobrevivido?

27 Acércate tú a oír todo lo que diga Yahveh nuestro Dios, y luego nos dirás todo lo que Yahveh nuestro Dios te haya dicho; nosotros lo escucharemos y lo pondremos en práctica.»

28 Yahveh oyó vuestras palabras y me dijo: «He oído las palabras de este pueblo, lo que te han dicho; está bien todo lo que han dicho.

29 ¡Ojalá fuera siempre así su corazón para temerme y guadar todos mis mandamientos, y de esta forma ser eternamente felices, ellos y sus hijos!

30 Ve a decirles: "Volved a vuestras tiendas."

31 Y tú quédate aquí junto a mí; yo te diré a ti todos los mandamientos, preceptos y normas que has de enseñarles para que los pongan en práctica en la tierra que yo les doy en posesión.»

32 Ciudad, pues, de proceder como Yahveh vuestro Dios os ha mandado. No os desviéis ni a derecha ni a izquierda.

33 Seguid en todo el camino que Yahveh vuestro Dios os ha trazado: así viviréis, seréis felices y prolongaréis vuestros días en la tierra que vais a tomar en posesión.

Reflexión del capítulo 5

El capítulo 5 vuelve a poner el Decálogo en el centro. Moisés convoca a todo Israel y les recuerda que no se trata de leyes antiguas dadas a los padres, sino de una alianza que Dios establece con la generación presente, la que está viva hoy. Cada generación debe oír el anuncio de que él es el Dios que sacó al pueblo de la esclavitud de Egipto como dirigido a sí misma. Antes de cualquier mandamiento está la liberación: Dios no pide obediencia a un pueblo esclavo, sino a un pueblo ya liberado.

Los mandamientos comienzan ordenando el amor a Dios por encima de todo y el respeto a su nombre y al día de reposo, y continúan protegiendo la vida, la familia, la verdad y los bienes del prójimo. El texto insiste en que el pueblo, lleno de temor ante el fuego, pidió no oír directamente la voz divina, y Moisés se convirtió en mediador. Esa reverencia no debe degenerar en distancia: Dios quiere que su pueblo camine por el camino que le ha trazado, para que viva y sea feliz.

El capítulo muestra también una pedagogía: el sábado no es una carga, sino la memoria semanal de la creación y de la liberación de Egipto. Guardar el descanso es reconocer que no somos máquinas ni dueños absolutos del tiempo, sino criaturas amadas que dependen de Dios.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy elige uno de los mandamientos y examina tu vida con sinceridad ante Dios, sin dramatismos ni excusas. ¿Dónde se ha resquebrajado tu fidelidad? Da un paso concreto de reparación: una restitución, una reconciliación, una verdad dicha a tiempo. Y reserva de verdad un tiempo de descanso que honre al Señor, no solo un hueco vacío. El descanso también es obediencia y confianza.

Oración

Señor, tú me sacaste de la esclavitud y me llamas a vivir libre. Escribe tu ley en mi corazón y no en una piedra fría. Que tu descanso me enseñe a confiar y que mi obediencia sea respuesta de amor. Amén.

Acerca del libro de Deuteronomio

El Deuteronomio es el quinto libro de la Biblia y la conclusión de la Torá. Su nombre griego significa «segunda ley», pero el título hebreo, Debarim, es más exacto: «palabras». No contiene un código legal nuevo, sino la última voluntad de Moisés, pronunciada en las estepas de Moab, a la vista de la tierra prometida que él ya no pisará.

La obra se presenta como una serie de discursos de despedida. Los primeros capítulos (1-4) repasan la historia del pueblo desde el Horeb, con sus rebeliones y la fidelidad incansable de Dios. El cuerpo central (5-26) reúne el Decálogo, la profesión de fe del «Escucha, Israel» y un amplio conjunto de leyes sobre el culto, la justicia, la familia y el cuidado del pobre, del forastero, del huérfano y de la viuda. Los capítulos 27-30 renuevan la alianza con bendiciones y maldiciones y dejan al pueblo ante una elección radical: la vida o la muerte. El final narra el cántico de Moisés, la bendición de las tribus y su muerte en el monte Nebo.

La tradición atribuye el libro a Moisés, y la Iglesia reconoce en él la voz del gran legislador de Israel, sin negar la labor de quienes ordenaron y actualizaron estos textos siglos después, en el marco de la reforma religiosa de Judá. Sus grandes temas son la unicidad de Dios, la alianza, la memoria agradecida y la justicia social.

El Deuteronomio ocupa un lugar privilegiado en el Nuevo Testamento. Jesús responde al tentador citando tres veces este libro y de él toma el mandamiento más grande: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Leído desde la fe católica, anuncia al profeta definitivo y enseña que la obediencia a Dios no es esclavitud, sino camino de vida y de libertad.

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