Deuteronomio

Antiguo Testamento | 34 capítulos | 959 versículos

Dt

Capítulo 34

1 Moisés subió de las Estepas de Moab al monte Nebo, cumbre del Pisgá, frente a Jericó, y Yahveh le mostró la tierra entera: Galaad hasta Dan,

2 todo Neftalí, la tierra de Efraím y de Manasés, toda la tierra de Judá, hasta el mar Occidental,

3 el Négueb, la vega del valle de Jericó, ciudad de las palmeras, hasta Soar.

4 Y Yahveh le dijo: «Esta es la tierra que bajo juramento prometí a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia se la daré. Te dejo verla con tus ojos, pero no pasarás a ella.»

5 Allí murió Moisés, servidor de Yahveh, en el país de Moab, como había dispuesto Yahveh.

6 Le enterró en el Valle, en el País de Moab, frente a Bet Peor. Nadie hasta hoy ha conocido su tumba.

7 Tenía Moisés 120 años cuando murió; y no se había apagado su ojo ni se había perdido su vigor.

8 Los israelitas lloraron a Moisés treinta días en las Estepas de Moab; cumplieron así los días de llanto por el duelo de Moisés.

9 Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés le había impuesto las manos. A él obedecieron los israelitas, cumpliendo la orden que Yahveh había dado a Moisés.

10 No ha vuelto a surgir en Israel un profeta como Moisés, a quien Yahveh trabata cara a cara,

11 nadie como él en todas las señales y prodigios que Yahveh le envió a realizar en el país de Egipto, contra Faraón, todos sus siervos y todo su país,

12 y en la mano tan fuerte y el gran terror que Moisés puso por obra a los ojos de todo Israel.

Reflexión del capítulo 34

El capítulo 34 narra la muerte de Moisés y cierra el Deuteronomio, y con él toda la Torá. Moisés sube desde las estepas de Moab al monte Nebo y Yahveh le muestra la tierra entera: Galaad, Neftalí, Efraín, Judá, el Négueb, hasta el mar occidental. La ve con sus ojos, pero se le dice: «No entrarás en ella». Muere allí, a los ciento veinte años, con la vista intacta y el vigor sin apagarse. Nadie conoce el lugar de su sepultura, para que su tumba no se convierta en objeto de culto.

El texto deja un silencio cargado de emoción: Israel guarda luto por Moisés durante treinta días en las estepas de Moab. Y luego, con una sencillez conmovedora, se dice que Josué, hijo de Nun, había recibido el espíritu de sabiduría cuando Moisés le impuso las manos, y el pueblo le obedeció. La misión continúa; el siervo cambia, la obra permanece.

El libro termina con el elogio más alto posible: en Israel no ha vuelto a surgir un profeta semejante a Moisés, a quien el Señor trataba cara a cara. Y sin embargo, la promesa de un profeta semejante a él queda abierta. La tradición cristiana ve en esas palabras una espera que solo Cristo colma: el mediador definitivo, el que conoce al Padre cara a cara y nos abre la tierra prometida del cielo. Moisés muere a la vista de la meta; nosotros somos invitados a entrar.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy acepta que no verás terminado todo lo que empiezas, y que eso no le quita valor a tu vida. Trabaja con fidelidad aunque la meta la alcancen otros. Honra la memoria de quienes te precedieron en la fe y no dejes que su esfuerzo se pierda: tú eres parte de su cosecha. Y camina hacia la promesa con la mirada puesta en el cielo.

Oración

Señor, tú conocías a Moisés cara a cara y sostienes a tu pueblo de generación en generación. Enséñame a servir sin exigir ver el fruto y a confiar en tu promesa. Que mi vida prepare el camino de los que vendrán. Amén.

Acerca del libro de Deuteronomio

El Deuteronomio es el quinto libro de la Biblia y la conclusión de la Torá. Su nombre griego significa «segunda ley», pero el título hebreo, Debarim, es más exacto: «palabras». No contiene un código legal nuevo, sino la última voluntad de Moisés, pronunciada en las estepas de Moab, a la vista de la tierra prometida que él ya no pisará.

La obra se presenta como una serie de discursos de despedida. Los primeros capítulos (1-4) repasan la historia del pueblo desde el Horeb, con sus rebeliones y la fidelidad incansable de Dios. El cuerpo central (5-26) reúne el Decálogo, la profesión de fe del «Escucha, Israel» y un amplio conjunto de leyes sobre el culto, la justicia, la familia y el cuidado del pobre, del forastero, del huérfano y de la viuda. Los capítulos 27-30 renuevan la alianza con bendiciones y maldiciones y dejan al pueblo ante una elección radical: la vida o la muerte. El final narra el cántico de Moisés, la bendición de las tribus y su muerte en el monte Nebo.

La tradición atribuye el libro a Moisés, y la Iglesia reconoce en él la voz del gran legislador de Israel, sin negar la labor de quienes ordenaron y actualizaron estos textos siglos después, en el marco de la reforma religiosa de Judá. Sus grandes temas son la unicidad de Dios, la alianza, la memoria agradecida y la justicia social.

El Deuteronomio ocupa un lugar privilegiado en el Nuevo Testamento. Jesús responde al tentador citando tres veces este libro y de él toma el mandamiento más grande: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Leído desde la fe católica, anuncia al profeta definitivo y enseña que la obediencia a Dios no es esclavitud, sino camino de vida y de libertad.

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