Deuteronomio

Antiguo Testamento | 34 capítulos | 959 versículos

Dt

Capítulo 12

1 Estos son los preceptos y normas que cuidaréis de poner en práctica en la tierra que Yahveh el Dios de tus padres te ha dado en posesión, todos los días que viváis en su suelo.

2 Suprimiréis todos los lugares donde los pueblos que vais a desalojar han dado culto a sus dioses, en lo alto de los montes, en las colinas, y bajo todo árbol frondoso;

3 demoleréis su altares, romperéis sus estelas, quemaréis sus cipos, derribaréis las esculturas de sus dioses y suprimiréis su nombre de este lugar.

4 No procederéis así respecto de Yahveh vuestro Dios,

5 sino que sólo vendréis a buscarle al lugar elegido por Yahveh vuestro Dios, de entre todas las tribus, para poner en él la morada de su nombre.

6 Allí llevaréis vuestros holocaustos y vuestros sacrificios, vuestros diezmos y las ofrendas reservadas de vuestras manos, vuestras ofrendas votivas y vuestras ofrendas voluntarias, los primogénitos de vuestro ganado mayor y menor,

7 allí comeréis en presencia de Yahveh vuestro Dios y os regocijaréis, vosotros y vuestras casas, de todas las empresas en que Yahveh tu Dios te haya bendecido.

8 No haréis lo que nosotros hacemos aquí hoy, cada cual lo que le parece bien,

9 porque todavía no habéis llegado al lugar de descanso y a la heredad que Yahveh tu Dios te da.

10 Pero cuando paséis el Jordán y habitéis en la tierra que Yahveh vuestro Dios os da en herencia, cuando él os haya puesto al abrijgo de todos vuestros enemigos de alrededor, y viváis con tranquilidad,

11 llevaréis al lugar elegido por Yahveh vuestro Dios para morada de su nombre todo lo que yo os prescribo: vuestros holocaustos y vuestros sacrificios, vuestros diezmos y las ofrendas reservadas de vuestras manos, lo más selecto de vuestras ofrendas que hayáis prometido con voto a Yahveh;

12 y os rogocijaréis en presencia de Yahveh, vosotros, vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros siervos y vuestras siervas, así como el levita que vive en vuestras ciudades, ya que no tiene parte ni heredad con vosotros.

13 Guárdate de ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar sagrado que veas;

14 sólo en el lugar elegido por Yahveh en una de tus tribus podrás ofrecer tus holocaustos y sólo allí pondrás en práctica todo lo que yo te mando.

15 Podrás, sin embargo, siempre que lo desees, sacrificar y comer la carne, como bendición que te ha dado Yahveh tu Dios, en todas tus ciudades. Tanto el puro como el impuro podrán comerla, como si fuese gacela o ciervo.

16 Sólo la sangre no la comeréis; la derramarás en tierra como agua.

17 No podrás comer en tus ciudades el diezmo de tu trigo, de tu mosto o de tu aceite, ni los primogénitos de tu ganado mayor o menor, ninguna de tus ofrendas votivas o de tus ofrendas voluntarias, ni las ofrendas reservadas de tus manos.

18 Sino que lo comerás en presencia de Yahveh tu Dios, en el lugar elegido por Yahveh tu Dios y solamente allí, tú, tu hijo y tu hija, tu siervo y tu sierva, y el levita que vive en tus ciudades. Y te regocijarás en presencia de Yahveh tu Dios por todas tus empresas.

19 Guárdate de dejar abandonado al levita mientras vivas en tu suelo.

20 Cuando Yahveh tu Dios haya ensanchado tu territorio, como te ha prometido, y digas: «Querría comer carne», si deseas comer carne, podrás hacerlo siempre que quieras.

21 Si el lugar elegido por Yahveh tu Dios para morada de su nombre está demasiado lejos de ti, podrás sacrificar del ganado mayor y menor que Yahveh te haya concedido, del modo que yo te he prescrito; lo podrás comer en tus ciudades a la medida de tus deseos;

22 y lo coméras como se come la gacela o el ciervo; podrán comerlo tanto el puro como el impuro.

23 Guárdate sólo de comer la sangre, porque la sangre es la vida, y no debes comer la vida con la carne.

24 No la comerás, la derramarás en tierra como agua.

25 No la comerás, para que seas feliz, tú y tu hijo después de ti, por haber hecho lo que es justo a los ojos de Yahveh.

26 Pero las cosas sagradas que te correspondan y las que hayas prometido con voto, irás a llevarlas a aquel lugar elegido por Yahveh.

27 Harás el holocausto de la carne y de la sangre sobre el altar de Yahveh tu Dios; la sangre de tus sacrificios será derramada sobre el altar de Yahveh tu Dios, y tu podrás comer la carne.

28 Observa y escucha todas estas cosas que yo te mando, para que seas feliz siempre, tú y tu hijo después de ti, por haber hecho lo que es bueno y justo a los ojos de Yahveh tu Dios.

29 Cuando Yahveh tu Dios haya exterminado las naciones que tú vas a desalojar ante ti, cuando las hayas desalojado y habites en su tierra,

30 guárdate de dejarte prender en el lazo siguiendo su ejemplo después de haber sido ellos exterminados ante ti, y de buscar sus dioses, diciendo; «¿Cómo servían estas naciones a sus dioses? Así haré yo también,»

31 No procederás así con Yahveh tu Dios. Porque todo lo que es una abominación para Yahveh, lo que detesta, lo hacen ellos en honor de sus dioses: llegan incluso a quemar al fuego a sus hijos e hijas en honor de sus dioses.

Reflexión del capítulo 12

El capítulo 12 inaugura el código legal propiamente dicho con una exigencia central: un solo lugar de culto. Israel no debe adorar a Dios en cualquier parte, imitando los santuarios de los pueblos vecinos, sino donde el Señor elija para que allí habite su nombre. Esta unidad del culto protege la unidad de la fe: un solo Dios, una sola alianza, un solo pueblo reunido.

Moisés ordena destruir los lugares altos, las estelas y los cipos donde los cananeos daban culto a sus dioses, y prohíbe imitar sus ritos. No se trata de un simple cambio de lugar, sino de un cambio de mentalidad: Israel no puede servir a Dios con las formas de los ídolos, buscando manipularlo mediante magia o sacrificios calculados. El culto verdadero es respuesta agradecida, no técnica de poder.

El capítulo contiene también normas de gran humanidad: la sangre, símbolo de la vida, no debe comerse, sino derramarse en tierra; y el levita, el emigrante, el huérfano y la viuda deben ser acogidos en las comidas de fiesta. La alegría religiosa no es individualista: se celebra en la presencia del Señor y junto a los que no tienen nada. El culto agrada a Dios cuando incluye al pobre.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy revisa si tu forma de rezar busca de verdad a Dios o solo manipularlo para obtener lo que quieres. Pide la gracia de un culto más agradecido y menos interesado. Y en tu próxima celebración familiar o parroquial, incluye a alguien que normalmente queda fuera: un enfermo, un solo, un recién llegado. Y hazlo con alegría, no por obligación.

Oración

Señor, tú quieres un solo pueblo reunido en tu presencia. Purifica mi culto de toda superstición y de todo interés egoísta. Enséñame a celebrar tu bondad junto a los que no tienen nada. Que mi oración sea sincera y generosa. Amén.

Acerca del libro de Deuteronomio

El Deuteronomio es el quinto libro de la Biblia y la conclusión de la Torá. Su nombre griego significa «segunda ley», pero el título hebreo, Debarim, es más exacto: «palabras». No contiene un código legal nuevo, sino la última voluntad de Moisés, pronunciada en las estepas de Moab, a la vista de la tierra prometida que él ya no pisará.

La obra se presenta como una serie de discursos de despedida. Los primeros capítulos (1-4) repasan la historia del pueblo desde el Horeb, con sus rebeliones y la fidelidad incansable de Dios. El cuerpo central (5-26) reúne el Decálogo, la profesión de fe del «Escucha, Israel» y un amplio conjunto de leyes sobre el culto, la justicia, la familia y el cuidado del pobre, del forastero, del huérfano y de la viuda. Los capítulos 27-30 renuevan la alianza con bendiciones y maldiciones y dejan al pueblo ante una elección radical: la vida o la muerte. El final narra el cántico de Moisés, la bendición de las tribus y su muerte en el monte Nebo.

La tradición atribuye el libro a Moisés, y la Iglesia reconoce en él la voz del gran legislador de Israel, sin negar la labor de quienes ordenaron y actualizaron estos textos siglos después, en el marco de la reforma religiosa de Judá. Sus grandes temas son la unicidad de Dios, la alianza, la memoria agradecida y la justicia social.

El Deuteronomio ocupa un lugar privilegiado en el Nuevo Testamento. Jesús responde al tentador citando tres veces este libro y de él toma el mandamiento más grande: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Leído desde la fe católica, anuncia al profeta definitivo y enseña que la obediencia a Dios no es esclavitud, sino camino de vida y de libertad.

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