Deuteronomio
Antiguo Testamento | 34 capítulos | 959 versículos
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Capítulo 14 de 34Capítulo 14
1 Hijos sois de Yahveh vuestro Dios. No os haréis incisión ni tonsura entre los ojos por un muerto.
2 Porque tú eres un pueblo consagrado a Yahveh tu Dios, y Yahveh te ha escogido para que seas el pueblo de su propiedad personal entre todos los pueblos que hay sobre la haz de la tierra.
3 No comerás nada que sea abominable.
4 Estos son los animales que podréis comer: buey, carnero, cabra,
5 ciervo, gacela, gamo, cabra montés, antílope, búfalo, gamuza.
6 Y todo animal de pezuña partida, hendida en dos mitades, y que rumia, lo podéis comer.
7 Sin embargo, entre los que rumian y entre los animales de pezuña partida y hendida no podréis comer los siguientes: el camello, la liebre y el damán, que rumian pero no tienen la pezuña hendida; los tendréis por impuros.
8 Tampoco el cerdo, que tiene la pezuña partida y hendida, pero no rumia; lo tendréis por impuro. No comeréis su carne ni tocaréis su cadáver.
9 De entre todo lo que vive en el agua, podéis comer lo siguiente: todo lo que tiene aletas y escamas lo podéis comer.
10 Pero no comeréis lo que no tiene aletas y escamas: lo tendréis por impuro.
11 Podéis comer toda ave pura,
12 pero las siguientes no las podéis comer: el águila, el quebrantahuesos, el águila marina,
13 el buitre, las diferentes especies de halcón,
14 todas las especies de cuervo,
15 el avestruz, la lechuza, la gaviota y las diferentes especies de gavilanes,
16 el búho, el ibis, el cisne,
17 el pelícano, el calamón, el somormujo,
18 la cigüeña, las diferentes especies de garza real, la abubilla y el murciélago.
19 Tendréis por impuro todo bicho alado, no lo comeréis.
20 Podéis comer todo volátil puro.
21 No comeréis ninguna bestia muerta. Se la darás al forastero que vive en tus ciudades para que él la coma, o bien véndesela a un extranjero. Porque tú eres un pueblo consagrado a Yahveh tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.
22 Cada año deberás apartar el diezmo de todo lo que tus sementeras hayan producido en tus campos,
23 y, en presencia de Yahveh tu Dios, en el lugar que él haya elegido para morada de su nombre, comerás el diezmo de tu trigo, de tu mosto y de tu aceite, así como los primogénitos de tu ganado mayor y menor; a fin de que aprendas a temer siempre a Yahveh tu Dios.
24 Si el camino es demasiado largo para ti, si no puedes transportarlo porque el lugar elegido por Yahveh para morada de su nombre te cae demasiado lejos, cuando Yahveh tu Dios te haya bendecido,
25 lo cambiarás por dinero, llevarás el dinero en tu mano e irás al lugar elegido por Yahveh tu Dios;
26 allí emplearás este dinero en todo lo que desees, ganado mayor o menor, vino o bebida fermentada, todo lo que tu alma apetezca. Comerás allí en presencia de Yahveh tu Dios y te regocijarás, tú y tu casa.
27 Y no abandonarás al levita que vive en tus ciudades, ya que él no tiene parte ni heredad contigo.
28 Cada tres años apartarás todos los diezmos de tus cosechas de ese año y los depositarás a tus puertas.
29 Vendrán así el levita - ya que él no tiene parte ni heredad contigo - el forastero, el huérfano y la viuda que viven en tus ciudades, y comerán hasta hartarse. Y Yahveh tu Dios te bendecirá en todas las obras que emprendas.
Reflexión del capítulo 14
El capítulo 14 comienza recordando la identidad del pueblo: es hijo del Señor su Dios. De esa dignidad se derivan costumbres concretas: no imitar los ritos de duelo de los pueblos vecinos, no raparse ni hacerse incisiones por los muertos. Israel no es un pueblo cualquiera; su manera de vivir debe reflejar a quién pertenece. La fe se expresa también en el cuerpo, en la comida y en los gestos cotidianos.
La larga lista de animales puros e impuros y las normas sobre la alimentación tienen un sentido más profundo que la simple higiene: enseñar la distinción entre lo sagrado y lo profano, educar la elección, recordar que no todo lo que existe puede ser consumido sin más. El creyente aprende a decir «no» a ciertas cosas para decir «sí» a la alianza. La libertad no es hacer lo que apetece, sino elegir el bien.
La parte más hermosa del capítulo es la ley del diezmo. Cada tres años, el diezmo no se lleva al santuario, sino que se deja en las ciudades para el levita, el emigrante, el huérfano y la viuda, para que coman y se sacien. La religión de Israel tiene una dimensión social ineludible: compartir el pan con quien no lo tiene es parte del culto. El diezmo es un acto de confianza y de justicia.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy revisa tu relación con el consumo: ¿comes y compras sin pensar, o tus elecciones expresan tu fe? Elige una renuncia pequeña y consciente por amor a Dios. Y destina una parte real de tus ingresos o de tu tiempo a quien lo necesita: no lo que sobra, sino lo pensado y ofrecido. Así tu fe se vuelve concreta y tu mesa se vuelve bendición.
Oración
Señor, soy hijo tuyo, y quiero vivir como tal. Enséñame a elegir con libertad y a compartir con generosidad lo que me has dado. Que mi mesa tenga siempre un lugar para el pobre. Amén.
Acerca del libro de Deuteronomio
El Deuteronomio es el quinto libro de la Biblia y la conclusión de la Torá. Su nombre griego significa «segunda ley», pero el título hebreo, Debarim, es más exacto: «palabras». No contiene un código legal nuevo, sino la última voluntad de Moisés, pronunciada en las estepas de Moab, a la vista de la tierra prometida que él ya no pisará.
La obra se presenta como una serie de discursos de despedida. Los primeros capítulos (1-4) repasan la historia del pueblo desde el Horeb, con sus rebeliones y la fidelidad incansable de Dios. El cuerpo central (5-26) reúne el Decálogo, la profesión de fe del «Escucha, Israel» y un amplio conjunto de leyes sobre el culto, la justicia, la familia y el cuidado del pobre, del forastero, del huérfano y de la viuda. Los capítulos 27-30 renuevan la alianza con bendiciones y maldiciones y dejan al pueblo ante una elección radical: la vida o la muerte. El final narra el cántico de Moisés, la bendición de las tribus y su muerte en el monte Nebo.
La tradición atribuye el libro a Moisés, y la Iglesia reconoce en él la voz del gran legislador de Israel, sin negar la labor de quienes ordenaron y actualizaron estos textos siglos después, en el marco de la reforma religiosa de Judá. Sus grandes temas son la unicidad de Dios, la alianza, la memoria agradecida y la justicia social.
El Deuteronomio ocupa un lugar privilegiado en el Nuevo Testamento. Jesús responde al tentador citando tres veces este libro y de él toma el mandamiento más grande: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Leído desde la fe católica, anuncia al profeta definitivo y enseña que la obediencia a Dios no es esclavitud, sino camino de vida y de libertad.
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