Deuteronomio
Antiguo Testamento | 34 capítulos | 959 versículos
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Capítulo 19 de 34Capítulo 19
1 Cuando Yahveh tu Dios haya exterminado a las naciones cuya tierra te va a dar Yahveh tu Dios, cuando las hayas desalojado y habites en sus ciudades y sus casas,
2 te reservarás tres ciudades en medio de la tierra que Yahveh tu Dios te da en posesión.
3 Tendrás franco el camino de acceso a ellas, y dividirás en tres partes el territorio del país que Yahveh tu Dios te da en posesión: esto para que todo homicida pueda huir allá.
4 Este es el caso del homicida que puede salvar su vida huyendo allá. El que mate a su prójimo sin querer, sin haberle odiado antes
5 (por ejemplo, si va al bosque con su prójimo a cortar leña y, al blandir su mano el hacha para tirar el árbol, se sale el hierro del mango y va a herir mortalmente a su prójimo), éste puede huir a una de esas ciudades y salvar su vida:
6 no sea que el vengador de sangre, cuando su corazón arde de ira, persiga al asesino, le dé alcance por ser largo el camino, y le hiera de muerte, siendo así que éste no es reo de muerte, puesto que no odiaba anteriormente al otro.
7 Por eso te doy yo esta orden: «Te reservarás tres ciudades»;
8 y si Yahveh tu Dios dilata tu territorio, como juró a tus padres, y te da toda la tierra que prometió dar a tus padres. -
9 a condición de que guardes y practiques todos los mandamientos que yo te prescribo hoy, amando a Yahveh tu Dios y siguiendo siempre sus caminos -, a estas tres ciudades añadirás otras tres.
10 Así no se derramará sangre inocente en medio de la tierra que Yahveh tu Dios te da en herencia, y no habrá sangre sobre ti.
11 Pero si un hombre odia a su prójimo y le tiende una emboscada, se lanza sobre él, le hiere mortalmente y aquél muere, y luego huye a una de estas ciudades,
12 los ancianos de su ciudad mandarán a prenderle allí, y le entregarán en manos del vengador de sangre, para que muera.
13 No tendrá tu ojo piedad de él. Harás desaparecer de Israel todo derramamiento de sangre inocente, y así te irá bien.
14 No desplazarás los mojones de tu prójimo, puestos por los antepasados, en la heredad recibida en la tierra que Yahveh tu Dios te da en posesión.
15 Un solo testigo no es suficiente para convencer a un hombre de cualquier culpa o delito; sea cual fuere el delito que haya cometido, sólo por delaración de dos o tres testigos será firme la causa.
16 Si un testigo injusto se levanta contra un hombre para acusarle de transgresión,
17 los dos hombres que por ello tienen pleito comparecerán en presencia de Yahveh, ante los sacerdotes y los jueces que estén entonces en funciones.
18 Los jueces indagarán minuciosamente, y si resulta que el testigo es un testigo falso, que ha acusado falsamente a su hermano,
19 haréis con él lo que él pretendía hacer con su hermano. Así harás desaparecer el mal de en medio de ti.
20 Los demás, al saberlo, temerán y no volverán a cometer una maldad semejante en medio de ti.
21 No tendrá piedad tu ojo. Vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.
Reflexión del capítulo 19
El capítulo 19 organiza la justicia en torno a la protección de la vida. Cuando alguien mata a otro sin querer, debe poder huir a una de las ciudades de refugio y encontrar allí asilo, lejos del vengador de la sangre. El homicidio involuntario no se castiga como el asesinato premeditado. La ley distingue la intención, y esa distinción es un signo de humanidad: no toda muerte merece la misma respuesta.
Moisés ordena también respetar los linderos antiguos, esos mojones que separan las propiedades. Moverlos es robar en secreto, y Dios defiende al dueño legítimo incluso en los detalles que nadie vigila. La honradez se prueba en lo escondido, cuando no hay testigos.
El capítulo regula después el testimonio: hacen falta dos o tres testigos para condenar a alguien, y quien se presenta como testigo falso debe recibir el mismo mal que pretendía causar. Así se protege al inocente de la calumnia y se disuade al mentiroso. El texto termina con la fórmula conocida como ley del talión —vida por vida, ojo por ojo—, que en su contexto no es una invitación a la venganza, sino un límite: no se puede exigir más de lo que se ha perdido. La justicia debe ser proporcionada y poner freno al rencor sin fin.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy sé cuidadoso con lo que dices de los demás: no repitas un rumor ni acuses sin pruebas, porque una palabra puede destruir una reputación. Si has dañado a alguien, repara en la medida de lo posible. Y ante un conflicto, busca la proporción y el perdón, no la revancha que multiplica el mal. Renunciar a la venganza es un acto de libertad y de fe.
Oración
Señor, tú proteges al inocente y al que yerra sin malicia. Pon freno a mi lengua y a mi rencor, y enséñame a juzgar con verdad y misericordia. Que nunca busque vengarme, sino sanar lo que está roto. Amén.
Acerca del libro de Deuteronomio
El Deuteronomio es el quinto libro de la Biblia y la conclusión de la Torá. Su nombre griego significa «segunda ley», pero el título hebreo, Debarim, es más exacto: «palabras». No contiene un código legal nuevo, sino la última voluntad de Moisés, pronunciada en las estepas de Moab, a la vista de la tierra prometida que él ya no pisará.
La obra se presenta como una serie de discursos de despedida. Los primeros capítulos (1-4) repasan la historia del pueblo desde el Horeb, con sus rebeliones y la fidelidad incansable de Dios. El cuerpo central (5-26) reúne el Decálogo, la profesión de fe del «Escucha, Israel» y un amplio conjunto de leyes sobre el culto, la justicia, la familia y el cuidado del pobre, del forastero, del huérfano y de la viuda. Los capítulos 27-30 renuevan la alianza con bendiciones y maldiciones y dejan al pueblo ante una elección radical: la vida o la muerte. El final narra el cántico de Moisés, la bendición de las tribus y su muerte en el monte Nebo.
La tradición atribuye el libro a Moisés, y la Iglesia reconoce en él la voz del gran legislador de Israel, sin negar la labor de quienes ordenaron y actualizaron estos textos siglos después, en el marco de la reforma religiosa de Judá. Sus grandes temas son la unicidad de Dios, la alianza, la memoria agradecida y la justicia social.
El Deuteronomio ocupa un lugar privilegiado en el Nuevo Testamento. Jesús responde al tentador citando tres veces este libro y de él toma el mandamiento más grande: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Leído desde la fe católica, anuncia al profeta definitivo y enseña que la obediencia a Dios no es esclavitud, sino camino de vida y de libertad.
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