Deuteronomio
Antiguo Testamento | 34 capítulos | 959 versículos
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Capítulo 13 de 34Capítulo 13
1 Todo esto que yo os mando, cuidaréis de ponerlo por obra, sin añadir ni quitar nada.
2 Si surge en medio de ti un profeta o vidente en sueños, que te propone una señal o un prodigio,
3 y llega a realizarse la señal o el prodigio que te ha anunciado, y te dice: «Vamos en pos de otros dioses (que tú no conoces) a servirles»,
4 no escucharás las palabras de ese profeta o de ese vidente en sueños. Es que Yahveh vuestro Dios os pone a prueba para saber si verdaderamente amáis a Yahveh vuestro Dios con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma.
5 A Yahveh vuestro Dios seguiréis y a él temeréis, guardaréis sus mandamientos y escucharéis su voz, a él serviréis y viviréis unidos a él.
6 Ese profeta o vidente en sueños deberá morir por haber predicado la rebelión contra Yahveh tu Dios - que te sacó del país de Egipto y te rescató de la casa de servidumbre - para apartarte del camino que Yahveh tu Dios te ha mandado seguir. Así harás desaparecer el mal de en medio de ti.
7 Si tu hermano, hijo de tu padre o hijo de tu madre, tu hijo o tu hija, la esposa que reposa en tu seno o el amigo que es tu otro yo, trata de seducirte en secreto diciéndote: «Vamos a servir a otros dioses», desconocidos de ti y de tus padres,
8 de entre los dioses de los pueblos próximos o lejanos que os rodean de un extremo a otro de la tierra,
9 no accederás ni le escucharás, tu ojo no tendrá piedad de él, no le perdonarás ni le encubrirás,
10 sino que le harás morir; tu mano caerá la primera sobre él para darle muerte, y después la mano de todo el pueblo.
11 Le apedrearás hasta que muera, porque trató de apartarte de Yahveh tu Dios, el que te sacó del país de Egipto, de la casa de servidumbre.
12 Y todo Israel, cuando lo sepa, tendrá miedo y dejará de cometer este mal en medio de ti.
13 Si oyes decir que en una de las ciudades que Yahveh tu Dios te da para habitar en ella
14 algunos hombres, malvados, salidos de tu propio seno, han seducido a sus conciudadanos diciendo: «Vamos a dar culto a otros dioses», desconocidos de vosotros,
15 consultarás, indagarás y preguntarás minuciosamente. Si es verdad, si se comprueba que en medio de ti se ha cometido tal abominación,
16 deberás pasar a filo de espada a los habitantes de esa ciudad; la consagrarás al anatema con todo lo que haya dentro de ella;
17 amontonarás todos sus despojos en medio de la plaza pública y prenderás fuego a la ciudad con todos sus despojos, todo ello en honor de Yahveh tu Dios. Quedará para siempre convertida en un montón de ruinas, y no volverá a ser edificada.
18 De este anatema no se te quedará nada en la mano, para que Yahveh aplaque el ardor de su ira y sea misericordioso contigo, tenga piedad de ti y te multiplique como prometió bajo juramento a tus padres,
19 a condición de que escuches la voz de Yahveh tu Dios guardando todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy y haciendo lo que es justo a los ojos de Yahveh tu Dios.
Reflexión del capítulo 13
El capítulo 13 aborda un peligro sutil: la seducción que viene de dentro. Moisés advierte contra el profeta o el soñador que anuncia señales y prodigios que se cumplen, pero luego invita a seguir a otros dioses. Ni siquiera el milagro es criterio suficiente: la verdad se mide por la fidelidad al Dios que liberó a Israel, no por el espectáculo. El Señor mismo permite esa prueba para saber si el pueblo lo ama con todo el corazón.
La advertencia se extiende a los vínculos más íntimos: si un hermano, un hijo, una esposa o un amigo querido susurra «vamos a servir a otros dioses», el pueblo no debe ceder. Y llega incluso a las ciudades que se corrompen colectivamente. Estas páginas, duras para el lector moderno, expresan la radicalidad de la alianza: nada, ni siquiera el afecto más tierno, puede ocupar el lugar de Dios.
Leído desde la fe cristiana, el capítulo no autoriza la violencia contra las personas, sino que revela cuánto se juega en la fidelidad a Dios. Jesús retomará esta lógica cuando pida amar a Dios por encima del padre y de la madre, y cuando advierta que los falsos profetas vendrán disfrazados. El discernimiento es una tarea permanente del creyente.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy examina qué voces, incluso cercanas y bienintencionadas, te alejan poco a poco de Dios: ciertas amistades, ciertos contenidos, ciertas costumbres que se han vuelto normales. No se trata de romper vínculos, sino de no ceder en lo esencial. Pide discernimiento y no midas la verdad por los resultados llamativos, sino por la fidelidad al Evangelio. Discernir es un arte que se aprende con oración y con tiempo.
Oración
Señor, dame un corazón firme y un discernimiento despierto ante las voces que me apartan de ti. Que no me deje seducir por lo espectacular ni por lo cómodo. Guarda mi fidelidad en lo grande y en lo pequeño. Amén.
Acerca del libro de Deuteronomio
El Deuteronomio es el quinto libro de la Biblia y la conclusión de la Torá. Su nombre griego significa «segunda ley», pero el título hebreo, Debarim, es más exacto: «palabras». No contiene un código legal nuevo, sino la última voluntad de Moisés, pronunciada en las estepas de Moab, a la vista de la tierra prometida que él ya no pisará.
La obra se presenta como una serie de discursos de despedida. Los primeros capítulos (1-4) repasan la historia del pueblo desde el Horeb, con sus rebeliones y la fidelidad incansable de Dios. El cuerpo central (5-26) reúne el Decálogo, la profesión de fe del «Escucha, Israel» y un amplio conjunto de leyes sobre el culto, la justicia, la familia y el cuidado del pobre, del forastero, del huérfano y de la viuda. Los capítulos 27-30 renuevan la alianza con bendiciones y maldiciones y dejan al pueblo ante una elección radical: la vida o la muerte. El final narra el cántico de Moisés, la bendición de las tribus y su muerte en el monte Nebo.
La tradición atribuye el libro a Moisés, y la Iglesia reconoce en él la voz del gran legislador de Israel, sin negar la labor de quienes ordenaron y actualizaron estos textos siglos después, en el marco de la reforma religiosa de Judá. Sus grandes temas son la unicidad de Dios, la alianza, la memoria agradecida y la justicia social.
El Deuteronomio ocupa un lugar privilegiado en el Nuevo Testamento. Jesús responde al tentador citando tres veces este libro y de él toma el mandamiento más grande: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Leído desde la fe católica, anuncia al profeta definitivo y enseña que la obediencia a Dios no es esclavitud, sino camino de vida y de libertad.
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