Deuteronomio
Antiguo Testamento | 34 capítulos | 959 versículos
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Capítulo 6 de 34Capítulo 6
1 Estos son los mandamientos, preceptos y normas que Yahveh vuestro Dios ha mandado enseñaros para que los pongáis en práctica en la tierra a la que vais a pasar para tomarla en posesión,
2 a fin de que temas a Yahveh tu Dios, guardando todos los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, tú, tu hijo y tu nieto, todos los días de tu vida, y así se prolonguen tus días.
3 Escucha, Israel; cuida de practicar lo que te hará feliz y por lo que te multiplicarás, como te ha dicho Yahveh, el Dios de tus padres, en la tierra que mana leche y miel.
4 Escucha, Israel: Yahveh nuestro Dios es el único Yahveh.
5 Amarás a Yahveh tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza.
6 Queden en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy.
7 Se la repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa como si vas de viaje, así acostado como levantado;
8 las atarás a tu mano como una señal, y serán como una insignia entre tus ojos;
9 las escribirás en las jambas de tu casa y en tus puertas.
10 Cuando Yahveh tu Dios te haya introducido en la tierra que a tus padres Abraham, Isaac y Jacob juró que te daría: ciudades grandes y prósperas que tú no edificaste,
11 casas llenas de toda clase de bienes, que tú no llenaste, cisternas excavadas que tú no excavaste, viñedos y olivares que tú no plantaste, cuando hayas comido y te hayas saciado,
12 cuida de no olvidarte de Yahveh que te sacó del país de Egipto, de la casa de servidumbre.
13 A Yahveh tu Dios temerás, a él le servirás, por su nombre jurarás.
14 No vayáis en pos de otros dioses, de los dioses de los pueblos que os rodean,
15 porque un Dios celoso es Yahveh tu Dios que está en medio de ti. La ira de Yahveh tu Dios se encendería contra ti y te haría desaparecer de la haz de la tierra.
16 No tentaréis a Yahveh vuestro Dios, como le habéis tentado en Massá.
17 Guardaréis puntualmente los mandamientos de Yahveh vuestro Dios, los estatutos y preceptos que te ha prescrito,
18 harás lo que es justo y bueno a los ojos de Yahveh para que seas feliz y llegues a tomar posesión de esa tierra buena de la que Yahveh juró a tus padres
19 que arrojaría a todos tus enemigos ante ti, como te ha dicho Yahveh.
20 Cuando el día de mañana te pregunte tu hijo: «¿Qué son estos estatutos, estos preceptos y estas normas que Yahveh nuestro Dios os ha prescrito?»,
21 dirás a tu hijo: «Eramos esclavos de Faraón en Egipto, y Yahveh nos sacó de Egipto con mano fuerte.
22 Yahveh realizó a nuestros propios ojos señales y prodigios grandes y terribles en Egipto, contre Faraón y toda su casa.
23 Y a nosotros nos sacó de allí para conducirnos y entregarnos la tierra que había prometido bajo juramento a nuestros padres.
24 Y Yahveh nos mandó que pusiéramos en práctica todos estos preceptos, temiendo a Yahveh nuestro Dios, para que fuéramos felices siempre y nos permitiera vivir como el día de hoy.
25 Tal será nuestra justicia: cuidar de poner en práctica todos estos mandamientos ante Yahveh nuestro Dios, como él nos ha prescrito.»
Reflexión del capítulo 6
El capítulo 6 contiene la oración más querida de Israel, el «Escucha, Israel»: Yahveh es nuestro Dios, Yahveh es uno. Y de esa confesión brota el mandamiento que Jesús llamará el primero de todos: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas. El amor no es un sentimiento vago, sino una entrega total que abarca la inteligencia, la voluntad y la vida entera.
Moisés insiste en que estas palabras no pueden quedarse en el templo ni en los momentos solemnes: deben grabarse en el corazón, repetirse a los hijos, hablarse al caminar y al acostarse, atarse a la mano y escribirse en las puertas. La fe se transmite en la vida cotidiana, en el ritmo de la casa, no solo en fórmulas aprendidas de memoria. El hogar es el primer lugar donde se enseña a amar a Dios.
El capítulo previene contra el olvido en la abundancia: cuando el pueblo habite casas que no construyó, beba de pozos que no cavó y coma de viñas que no plantó, correrá el riesgo de atribuirse lo recibido. Por eso añade el mandamiento de temer a Dios y no seguir a otros dioses. La memoria agradecida es el antídoto contra la autosuficiencia. Amar a Dios es recordar de quién viene todo bien.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy toma el mandamiento del amor como examen del día: ¿a quién he amado con todo el corazón y a quién he dejado a medias? Elige un gesto concreto de amor hacia Dios —tiempo de oración sin prisas— y otro hacia una persona concreta. Si tienes hijos o sobrinos, cuéntales hoy algo de Dios con palabras sencillas y naturales. No necesitas grandes discursos: basta tu testimonio.
Oración
Señor, uno eres tú, y uno debe ser mi corazón contigo. Enséñame a amarte con todo lo que soy y a amar al prójimo como a mí mismo. Que no te olvide en la abundancia ni te busque solo en la necesidad. Amén.
Acerca del libro de Deuteronomio
El Deuteronomio es el quinto libro de la Biblia y la conclusión de la Torá. Su nombre griego significa «segunda ley», pero el título hebreo, Debarim, es más exacto: «palabras». No contiene un código legal nuevo, sino la última voluntad de Moisés, pronunciada en las estepas de Moab, a la vista de la tierra prometida que él ya no pisará.
La obra se presenta como una serie de discursos de despedida. Los primeros capítulos (1-4) repasan la historia del pueblo desde el Horeb, con sus rebeliones y la fidelidad incansable de Dios. El cuerpo central (5-26) reúne el Decálogo, la profesión de fe del «Escucha, Israel» y un amplio conjunto de leyes sobre el culto, la justicia, la familia y el cuidado del pobre, del forastero, del huérfano y de la viuda. Los capítulos 27-30 renuevan la alianza con bendiciones y maldiciones y dejan al pueblo ante una elección radical: la vida o la muerte. El final narra el cántico de Moisés, la bendición de las tribus y su muerte en el monte Nebo.
La tradición atribuye el libro a Moisés, y la Iglesia reconoce en él la voz del gran legislador de Israel, sin negar la labor de quienes ordenaron y actualizaron estos textos siglos después, en el marco de la reforma religiosa de Judá. Sus grandes temas son la unicidad de Dios, la alianza, la memoria agradecida y la justicia social.
El Deuteronomio ocupa un lugar privilegiado en el Nuevo Testamento. Jesús responde al tentador citando tres veces este libro y de él toma el mandamiento más grande: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Leído desde la fe católica, anuncia al profeta definitivo y enseña que la obediencia a Dios no es esclavitud, sino camino de vida y de libertad.
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