Deuteronomio

Antiguo Testamento | 34 capítulos | 959 versículos

Dt

Capítulo 15

1 Cada siete años harás remisión.

2 En esto consiste la remisión. Todo acreedor que posea una prenda personal obtenida de su prójimo, le hará remisión; no apremiará a su prójimo ni a su hermano, si se invoca la remisión en honor de Yahveh.

3 Podrás apremiar al extranjero, pero a tu hermano le concederás la remisión de lo que te debe.

4 Cierto que no debería haber ningún pobre junto a ti, porque Yahveh te otorgará su bendición en la tierra que Yahveh tu Dios te da en herencia para que la poseas,

5 pero sólo si escuchas de verdad la voz de Yahveh tu Dios cuidando de poner en práctica todos estos mandamientos que yo te prescribo hoy.

6 Sí, Yahveh tu Dios te bendecirá como te ha dicho: prestarás a naciones numerosas, y tú no pedirás prestado, dominarás a naciones numerosas, y a ti no te dominarán.

7 Si hay junto a ti algún pobre de entre tus hermanos, en alguna de las ciudades de tu tierra que Yahveh tu Dios te da, no endurecerás tu corazón ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre,

8 sino que le abrirás tu mano y le prestarás lo que necesite para remediar su indigencia.

9 Cuida de no abrigar en tu corazón estos perversos pensamientos: «Ya pronto llega el año séptimo, el año de la remisión», para mirar con malos ojos a tu hermano pobre y no darle nada; él apelaría a Yahveh contra ti y te cargarías con un pecado.

10 Cuando le des algo, se lo has de dar de buena gana, que por esta acción te bendecirá Yahveh, tu Dios en todas tus obras y en todas tus empresas.

11 Pues no faltarán pobres en esta tierra; por eso te doy yo este mandamiento: debes abrir tu mano a tu hermano, a aquel de los tuyos que es indigente y pobre en tu tierra.

12 Si tu hermano hebreo, hombre o mujer, se vende a ti, te servirá durante seis años y al séptimo le dejarás libre.

13 Al dejarle libre, no le mandarás con las manos vacías;

14 le harás algún presente de tu ganado menor, de tu era y de tu lagar; le darás según como te haya bendecido Yahveh tu Dios.

15 Recordarás que tu fuiste esclavo en el país de Egipto y que Yahveh tu Dios te rescató: por eso te mando esto hoy.

16 Pero si él te dice: «No quiero marcharme de tu lado», porque te ama, a ti y a tu casa, porque le va bien contigo,

17 tomarás un punzón, le horadarás la oreja contra la puerta, y será tu siervo para siempre. Lo mismo harás con tu sierva.

18 No se te haga demasiado duro el dejarle en libertad, porque el haberte servido seis años vale por un doble salario de jornalero. Y Yahveh tu Dios te bendecirá en todo lo que hagas.

19 Todo primogénito que nazca en tu ganado mayor o menor, si es macho, lo consagraras a Yahveh tu Dios. No someterás al trabajo al primogénito de tu vaca ni esquilarás al primogénito de tu oveja.

20 Lo comerás, tú y tu casa, cada año, en presencia de Yahveh tu Dios, en el lugar elegido por Yahveh.

21 Si tiene alguna tara, si es cojo o ciego o con algún otro defecto grave, no lo sacrificarás a Yahveh tu Dios.

22 Lo comerás en tus ciudades, lo mismo el puro que el impuro, como si fuese gacela o ciervo;

23 sólo la sangre no la comerás; la derramarás en tierra como agua.

Reflexión del capítulo 15

El capítulo 15 establece el año de la remisión: cada siete años se perdonan las deudas. Es una ley asombrosa, porque rompe la lógica de la acumulación. En Israel, la pobreza no debe volverse permanente ni heredarse. El texto reconoce que siempre habrá pobres en la tierra, pero no lo dice para resignarse, sino para exhortar a la generosidad: «abrirás tu mano a tu hermano pobre y necesitado».

Moisés previene contra el cálculo mezquino: cuando se acerca el año de la remisión, alguien podría negar el préstamo al pobre pensando que no lo recuperará. Eso sería una bajeza. La generosidad no debe calcular el momento oportuno, y el corazón no debe entristecerse al dar. Dar con tristeza ya no es dar; es perder. La medida de la justicia bíblica es la necesidad del otro, no la conveniencia propia.

El capítulo regula también la liberación del esclavo hebreo: tras seis años de servicio, debe salir libre y no con las manos vacías, sino provisto generosamente, recordando que Israel fue esclavo en Egipto. Y añade una norma delicada: el primerizo del ganado se consagra a Dios, pero no se puede sacrificar un animal defectuoso. Todo lo que se ofrece al Señor debe ser lo mejor, no el descarte.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy revisa si tienes deudas que puedas perdonar o préstamos que estés reclamando con dureza. Si alguien depende de ti, sé generoso y no calcules el momento de dar. Y en tu trabajo o en casa, ofrece a Dios y a los demás lo mejor de ti, no los restos de tu tiempo y tu energía. Dar lo mejor es una forma sencilla de honrar a Dios.

Oración

Señor, tú perdonas mis deudas y me liberas sin pedir cuentas. Hazme generoso con quien me debe, y no dejes que el cálculo endurezca mi corazón. Que siempre dé con alegría y sin condiciones. Amén.

Acerca del libro de Deuteronomio

El Deuteronomio es el quinto libro de la Biblia y la conclusión de la Torá. Su nombre griego significa «segunda ley», pero el título hebreo, Debarim, es más exacto: «palabras». No contiene un código legal nuevo, sino la última voluntad de Moisés, pronunciada en las estepas de Moab, a la vista de la tierra prometida que él ya no pisará.

La obra se presenta como una serie de discursos de despedida. Los primeros capítulos (1-4) repasan la historia del pueblo desde el Horeb, con sus rebeliones y la fidelidad incansable de Dios. El cuerpo central (5-26) reúne el Decálogo, la profesión de fe del «Escucha, Israel» y un amplio conjunto de leyes sobre el culto, la justicia, la familia y el cuidado del pobre, del forastero, del huérfano y de la viuda. Los capítulos 27-30 renuevan la alianza con bendiciones y maldiciones y dejan al pueblo ante una elección radical: la vida o la muerte. El final narra el cántico de Moisés, la bendición de las tribus y su muerte en el monte Nebo.

La tradición atribuye el libro a Moisés, y la Iglesia reconoce en él la voz del gran legislador de Israel, sin negar la labor de quienes ordenaron y actualizaron estos textos siglos después, en el marco de la reforma religiosa de Judá. Sus grandes temas son la unicidad de Dios, la alianza, la memoria agradecida y la justicia social.

El Deuteronomio ocupa un lugar privilegiado en el Nuevo Testamento. Jesús responde al tentador citando tres veces este libro y de él toma el mandamiento más grande: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Leído desde la fe católica, anuncia al profeta definitivo y enseña que la obediencia a Dios no es esclavitud, sino camino de vida y de libertad.

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