Deuteronomio

Antiguo Testamento | 34 capítulos | 959 versículos

Dt

Capítulo 27

1 Moisés y los ancianos de Israel dieron al pueblo esta orden: «Guardad todos los mandamientos que yo os prescribo hoy.

2 Cuando paséis el Jordán para ir a la tierra que Yahveh tu Dios te da, erigirás grandes piedras, las blanquearás con cal,

3 y escribirás en ellas todas las palabras de esta Ley, en el momento en que pases para entrar en la tierra que Yahveh tu Dios te da, tierra que mana leche y miel, como te ha dicho Yahveh el Dios de tus padres.

4 Y cuando hayáis pasado el Jordán, erigiréis estas piedras en el monte Ebal, como os lo mando hoy, y las blanquearéis con cal.

5 Levantarás allí en honor de Yahveh tu Dios un altar de piedras, sin labrarlas con el hierro.

6 Con piedras sin labrar harás el altar de Yahveh tu Dios, y sobre este altar ofrecerás holocaustos a Yahveh tu Dios.

7 Allí también inmolarás sacrificios de comunión, los comerás y te regocijarás en presencia de Yahveh tu Dios.

8 Escribirás en esas piedras todas las palabras de esta Ley. Grábalas bien.»

9 Después Moisés y los sacerdotes levitas hablaron así a todo Israel: «Calla y escucha, Israel. Hoy te has convertido en el pueblo de Yahveh tu Dios.

10 Escucharás la voz de Yahveh tu Dios y pondrás en práctica los mandamientos y preceptos que yo te prescribo hoy.»

11 Y Moisés ordenó aquel día al pueblo:

12 Estos son los que se situarán en el monte Garizim para dar la bendición al pueblo, cuando hayáis pasado el Jordán: Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín;

13 y estos otros los que se situarán, para la maldición, en el monte Ebal: Rubén, Gad, Aser, Zabulón, Dan y Neftalí.

14 Los levitas tomarán la palabra y dirán en voz alta a todos los israelitas:

15 Maldito el hombre que haga un ídolo esculpido o fundido, abominación de Yahveh, obra de manos de artífice, y lo coloque en un lugar secreto. - Y todo el pueblo dirá: Amén.

16 Maldito quien desprecie a su padre o a su madre. - Y todo el pueblo dirá: Amén.

17 Maldito quien desplace el mojón de su prójimo. - Y todo el pueblo dirá: Amén.

18 Maldito quien desvíe a un ciego en el camino. - Y todo el pueblo dirá: Amén.

19 Maldito quien tuerza el derecho del forastero, el huérfano o la viuda. - Y todo el pueblo dirá: Amén.

20 Maldito quien se acueste con la mujer de su padre, porque descubre el borde del manto de su padre. - Y todo el pueblo dirá: Amén.

21 Maldito quien se acueste con cualquier bestia. - Y todo el pueblo dirá: Amén.

22 Maldito quien se acueste con su hermana, hija de su padre o hija de su madre. - Y todo el pueblo dirá: Amén.

23 Maldito quien se acueste con su suegra. - Y todo el pueblo dirá: Amén.

24 Maldito quien mate a traición a su prójimo. - Y todo el pueblo dirá: Amén.

25 Maldito quien acepte soborno para quitar la vida a un inocente. - Y todo el pueblo dirá: Amén.

26 Maldito quien no mantenga las palabras de esta Ley, poniéndolas en práctica. - Y todo el pueblo dirá: Amén.

Reflexión del capítulo 27

El capítulo 27 marca el momento de ratificar la alianza al entrar en la tierra. Moisés y los ancianos ordenan levantar piedras grandes, recubrirlas de cal y escribir en ellas toda la Ley, y construir un altar de piedras sin labrar. La palabra de Dios debe quedar fijada a la vista de todos, al alcance de cualquiera. No es un saber de especialistas, sino una verdad pública que el pueblo entero debe poder leer.

El altar se levanta en el monte Ebal, y allí se ofrecen holocaustos y sacrificios de comunión, y el pueblo come y se alegra ante el Señor. La alianza no se sella solo con leyes y amenazas, sino con una comida compartida en la presencia de Dios. La solemnidad y la fiesta van juntas: el pacto es también una celebración de pertenencia.

La parte más conocida del capítulo es la lista de doce maldiciones, pronunciadas por los levitas y respondidas por el pueblo con un «Amén» unánime. Maldito quien deshonra a sus padres, quien mueve los linderos, quien extravía al ciego, quien tuerce el derecho del forastero, del huérfano y de la viuda, quien acepta soborno. Detrás de cada maldición hay una víctima concreta. La alianza se rompe no solo con idolatría, sino con injusticia. Y el «Amén» del pueblo significa: acepto que esto es verdad y me comprometo.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy pronuncia tu propio «Amén» ante una injusticia concreta: no basta con no cometerla, hay que no consentirla. Revisa si has movido algún lindero —económico, laboral, familiar— en perjuicio de alguien, y corrígelo. Y da gracias en comunidad: la fe vivida en solitario se debilita; celebrada con otros, se sostiene. Y tu compromiso público sostiene la fe de los demás.

Oración

Señor, tú has escrito tu ley a la vista de todos, y yo quiero leerla y vivirla. Que mi «Amén» no sea solo de palabra, sino un compromiso con la justicia. Enséñame a no ser cómplice de lo que te ofende. Amén.

Acerca del libro de Deuteronomio

El Deuteronomio es el quinto libro de la Biblia y la conclusión de la Torá. Su nombre griego significa «segunda ley», pero el título hebreo, Debarim, es más exacto: «palabras». No contiene un código legal nuevo, sino la última voluntad de Moisés, pronunciada en las estepas de Moab, a la vista de la tierra prometida que él ya no pisará.

La obra se presenta como una serie de discursos de despedida. Los primeros capítulos (1-4) repasan la historia del pueblo desde el Horeb, con sus rebeliones y la fidelidad incansable de Dios. El cuerpo central (5-26) reúne el Decálogo, la profesión de fe del «Escucha, Israel» y un amplio conjunto de leyes sobre el culto, la justicia, la familia y el cuidado del pobre, del forastero, del huérfano y de la viuda. Los capítulos 27-30 renuevan la alianza con bendiciones y maldiciones y dejan al pueblo ante una elección radical: la vida o la muerte. El final narra el cántico de Moisés, la bendición de las tribus y su muerte en el monte Nebo.

La tradición atribuye el libro a Moisés, y la Iglesia reconoce en él la voz del gran legislador de Israel, sin negar la labor de quienes ordenaron y actualizaron estos textos siglos después, en el marco de la reforma religiosa de Judá. Sus grandes temas son la unicidad de Dios, la alianza, la memoria agradecida y la justicia social.

El Deuteronomio ocupa un lugar privilegiado en el Nuevo Testamento. Jesús responde al tentador citando tres veces este libro y de él toma el mandamiento más grande: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Leído desde la fe católica, anuncia al profeta definitivo y enseña que la obediencia a Dios no es esclavitud, sino camino de vida y de libertad.

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