Deuteronomio

Antiguo Testamento | 34 capítulos | 959 versículos

Dt

Capítulo 25

1 Cuando hay pleito entre dos hombres, se presentarán a juicio para que se pronuncie entre ellos: se dará la razón a quien la tenga y se condenará al culpable.

2 Si el culpable merece azotes, el juez le hará echarse en tierra en su presencia y hará que le azoten con un número de golpes proporcionado a su culpa.

3 Podrá infligirle cuarenta azotes, pero no más, no sea que al golpearle más sea excesivo el castigo, y tu hermano quede envilecido a tus ojos.

4 No pondrás bozal al buey que trilla.

5 Si unos hermanos viven juntos y uno de ellos muere sin tener hijos, la mujer del difunto no se casará fuera con un hombre de familia extraña. Su cuñado se llegará a ella, ejercerá su levirato tomándola por esposa,

6 y el primogénito que ella dé a luz llevará el nombre de su hermano difunto; así su nombre no se borrará de Israel.

7 Pero si el cuñado se niega a tomarla por mujer, subirá ella a la puerta donde los ancianos y dirá: «Mi cuñado se niega a perpetuar el nombre de su hermano en Israel, no quiere ejercer conmigo su levirato.»

8 Los ancianos de su ciudad llamarán a ese hombre y le hablarán. Cuando al comparecer diga: «No quiero tomarla»,

9 su cuñada se acercará a él en presencia de los ancianos, le quitará su sandalia del pie, le escupirá a la cara y pronunciará estas palabras: «Así se hace con el hombre que no edifica la casa de su hermano»;

10 y se le dará en Israel el nombre de «Casa del descalzado».

11 Si un hombre está peleándose con su hermano, y la mujer de uno de ellos se acerca y, para librar a su marido de los golpes del otro, alarga la mano y agarra a éste por sus partes,

12 tú le cortarás a ella la mano sin piedad.

13 No tendrás en tu bolsa pesa y pesa, una grande y otra pequeña.

14 No tendrás en tu casa medida y medida, una grande y otra pequeña.

15 Has de tener un peso cabal y exacto, e igualmente una medida cabal y exacta, para que se prolonguen tus días en el suelo que Yahveh tu Dios te da.

16 Porque todo el que hace estas cosas, todo el que comete fraude, es una abominación para Yahveh tu Dios.

17 Recuerda lo que te hizo Amalec cuando estabais de camino a vuestra salida de Egipto,

18 cómo vino a tu encuentro en el camino y atacó por la espalda a todos los que iban agotados en tu retaguardia, cuando tú estabas cansado y extenuado; ¡no tuvo temor de Dios!

19 Por eso, cuando Yahveh tu Dios te haya asentado al abrigo de todos tus enemigos de alrededor, en la tierra que Yahveh tu Dios te da en herencia para que la poseas, borrarás el recuerdo de Amalec de debajo de los cielos. ¡No lo olvides!

Reflexión del capítulo 25

El capítulo 25 reúne normas que protegen la dignidad incluso en el castigo y en el trabajo. Si un hombre debe ser azotado, la ley limita los golpes y prohíbe humillarlo más de la cuenta: «no sea que tu hermano quede envilecido a tus ojos». El castigo debe corregir, no destruir la dignidad del hermano. Y una norma sorprendente: «no pondrás bozal al buey que trilla». Al animal que trabaja hay que dejarlo comer del fruto de su esfuerzo. Pablo citará este versículo para recordar que quien anuncia el Evangelio tiene derecho a vivir de él.

El capítulo regula la ley del levirato: si un hombre muere sin hijos, su hermano debe dar descendencia a la viuda, para que el nombre del difunto no se borre de Israel. La negativa a cumplir este deber se marcaba con un gesto público de vergüenza, la «casa del descalzado». La familia y la continuidad del nombre eran responsabilidades sagradas, no asuntos privados.

Después aparece una exigencia de honradez comercial: no tener en la bolsa dos pesas distintas, una grande y otra pequeña, según convenga. El comercio justo es una cuestión de fe, porque el Dios de Israel detesta el fraude. El capítulo termina con la orden de recordar lo que hizo Amalek, que atacó por la espalda a los más débiles. La memoria de la injusticia sostiene la vigilancia de la justicia.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy revisa tus «pesas dobles»: las medidas que usas según con quién tratas, el precio que cambias según el cliente, la verdad que ajustas según la conveniencia. Sé el mismo en público y en privado. Y no explotes a quien trabaja para ti: págale y trátalo con la dignidad de un hermano. La integridad no se negocia ni se ajusta según el cliente.

Oración

Señor, tú no quieres dos pesos en mi bolsa ni dos caras en mi vida. Hazme íntegro en lo grande y en lo pequeño. Que nunca me aproveche de la debilidad de nadie y que trate con justicia a quien trabaja conmigo. Amén.

Acerca del libro de Deuteronomio

El Deuteronomio es el quinto libro de la Biblia y la conclusión de la Torá. Su nombre griego significa «segunda ley», pero el título hebreo, Debarim, es más exacto: «palabras». No contiene un código legal nuevo, sino la última voluntad de Moisés, pronunciada en las estepas de Moab, a la vista de la tierra prometida que él ya no pisará.

La obra se presenta como una serie de discursos de despedida. Los primeros capítulos (1-4) repasan la historia del pueblo desde el Horeb, con sus rebeliones y la fidelidad incansable de Dios. El cuerpo central (5-26) reúne el Decálogo, la profesión de fe del «Escucha, Israel» y un amplio conjunto de leyes sobre el culto, la justicia, la familia y el cuidado del pobre, del forastero, del huérfano y de la viuda. Los capítulos 27-30 renuevan la alianza con bendiciones y maldiciones y dejan al pueblo ante una elección radical: la vida o la muerte. El final narra el cántico de Moisés, la bendición de las tribus y su muerte en el monte Nebo.

La tradición atribuye el libro a Moisés, y la Iglesia reconoce en él la voz del gran legislador de Israel, sin negar la labor de quienes ordenaron y actualizaron estos textos siglos después, en el marco de la reforma religiosa de Judá. Sus grandes temas son la unicidad de Dios, la alianza, la memoria agradecida y la justicia social.

El Deuteronomio ocupa un lugar privilegiado en el Nuevo Testamento. Jesús responde al tentador citando tres veces este libro y de él toma el mandamiento más grande: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Leído desde la fe católica, anuncia al profeta definitivo y enseña que la obediencia a Dios no es esclavitud, sino camino de vida y de libertad.

Compartir

Enlace copiado