Deuteronomio

Antiguo Testamento | 34 capítulos | 959 versículos

Dt

Capítulo 21

1 Si en el suelo que Yahveh tu Dios te da en posesión se descubre un hombre muerto, tendido en el campo, sin que se sepa quién lo mató,

2 tus ancianos y tus escribas irán a medir la distancia entre la víctima y las ciudades de alrededor.

3 Los ancianos de la ciudad que resulte más próxima al muerto, tomarán una becerra a la que no se le haya hecho todavía trabajar ni llevar el yugo.

4 Los ancianos de esa ciudad bajarán la becerra a un torrente de agua perenne, donde no se haya arado ni se siembre, y allí, en el torrente, romperán la nuca de la becerra.

5 Se adelantarán entonces los sacerdotes hijos de Leví; porque a ellos ha eligido Yahveh tu Dios para estar a su servicio y para dar la bendición en el nombre de Yahveh, y a su decisión corresponde resolver toto litigio y toda causa de lesiones.

6 Todos los ancianos de la ciudad mas proxima al hombre muerto se lavarán las manos en el torrente, sobre la becerra desnucada.

7 Y pronunciarán estas palabras: «Nuestras manos no han derramado esa sangre y nuestros ojos no han visto nada.

8 Cubre a Israel tu pueblo, tú Yahveh que lo rescataste, y no dejes que se derrame sangre inocente en medio de tu pueblo Israel.» Así quedarán a cubierto de esa sangre,

9 y tú habrás quitado de en medio de ti la sangre inocente, haciendo lo que es justo a los ojos de Yahveh.

10 Cuando vayas a la guerra contra tus enemigos, y Yahveh tu Dios los entregue en tus manos y te lleves sus cautivos,

11 si ves entre ellos una mujer hermosa, te prendas de ella y quieres tomarla por mujer,

12 la llevarás a tu casa. Ella se rapará la cabeza y se hará las uñas,

13 se quitará su vestido de cautiva y quedará en tu casa llorando a su padre y a su madre un mes entero. Después de esto podrás llegarte a ella, y serás su marido y ella será tu mujer.

14 Si más tarde resulta que ya no la quieres, la dejarás marchar en libertad, y no podrás venderla por dinero, ni hacerla tu esclava, por cuanto la has humillado.

15 Si un hombre tiene dos mujeres a una de las cuales ama y a la otra no, y tanto la mujer amada como la otra le dan hijos, si resulta que el primogénito es de la mujer a quien no ama,

16 el día que reparta la herencia entre sus hijos no podrá dar el derecho de primogenitura al hijo de la mujer que ama, en perjuicio del hijo de la mujer que no ama, que es el primogénito.

17 Sino que reconocerá como primogénito al hijo de ésta, dándole una parte doble de todo lo que posee: porque este hijo, primicias de su vigor, tiene derecho de primogenitura.

18 Si un hombre tiene un hijo rebelde y díscolo, que no escucha la voz de su padre ni la voz de su madre, y que, castigado por ellos, no por eso les escucha,

19 su padre y su madre le agarrarán y le llevarán afuera donde los ancianos de su ciudad, a la puerta del lugar.

20 Dirán a los ancianos de su ciudad: «Este hijo nuestro es rebelde y díscolo, y no nos escucha, es un libertino y un borracho.»

21 Y todos los hombres de su ciudad le apedrearán hasta que muera. Así harás desaparecer el mal de en medio de ti, y todo Israel, al saberlo, temerá.

22 Si un hombre, reo de delito capital, ha sido ejecutado y le has colgado de un árbol,

23 no dejarás que su cadáver pase la noche en el árbol; lo enterrarás el mismo día, porque un colgado es una maldición de Dios. Así no harás impuro el suelo que Yahveh tu Dios te da en herencia.

Reflexión del capítulo 21

El capítulo 21 reúne leyes que revelan la sensibilidad de la Torá ante la vida y la dignidad humana. Comienza con el caso de un hombre hallado muerto en el campo sin que nadie sepa quién acabó con su vida. Los ancianos de la ciudad más cercana deben lavarse las manos sobre una novilla y declarar que sus manos no han derramado aquella sangre. El gesto no busca un culpable, sino recordar que la comunidad entera carga con la responsabilidad de la violencia que no supo prevenir. Nadie puede lavarse las manos con indiferencia.

Después aparecen normas sobre la mujer tomada cautiva, a la que se debe respetar y no tratar como simple botín; sobre los derechos del primogénito, que no pueden ser arrebatados por el favoritismo del padre; y sobre el hijo rebelde, caso extremo que muestra la gravedad de romper la convivencia familiar. El capítulo cierra con la orden de enterrar el mismo día al ajusticiado colgado de un árbol, porque quien cuelga de un madero queda bajo maldición. La dignidad del cadáver se protege, y la tierra no debe quedar contaminada.

La tradición cristiana leyó este último versículo a la luz de la cruz: Cristo, colgado del madero, cargó con esa maldición para redimirnos. La página más dura del capítulo se convierte así en anuncio de salvación.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy no te laves las manos ante una injusticia que ocurre cerca de ti: la violencia doméstica, el abuso, el abandono que conoces y callas. Da un paso, aunque sea pequeño, para que no sigas siendo cómplice por omisión. Y en tu familia, trata a cada hijo con igual amor, sin favoritismos que hieren. Cada hijo necesita saber que es amado por sí mismo.

Oración

Señor, tú no quieres que me lave las manos ante el sufrimiento ajeno. Dame valor para no ser indiferente y justicia para tratar a todos con igual dignidad. Que nunca pase de largo ante el dolor. Amén.

Acerca del libro de Deuteronomio

El Deuteronomio es el quinto libro de la Biblia y la conclusión de la Torá. Su nombre griego significa «segunda ley», pero el título hebreo, Debarim, es más exacto: «palabras». No contiene un código legal nuevo, sino la última voluntad de Moisés, pronunciada en las estepas de Moab, a la vista de la tierra prometida que él ya no pisará.

La obra se presenta como una serie de discursos de despedida. Los primeros capítulos (1-4) repasan la historia del pueblo desde el Horeb, con sus rebeliones y la fidelidad incansable de Dios. El cuerpo central (5-26) reúne el Decálogo, la profesión de fe del «Escucha, Israel» y un amplio conjunto de leyes sobre el culto, la justicia, la familia y el cuidado del pobre, del forastero, del huérfano y de la viuda. Los capítulos 27-30 renuevan la alianza con bendiciones y maldiciones y dejan al pueblo ante una elección radical: la vida o la muerte. El final narra el cántico de Moisés, la bendición de las tribus y su muerte en el monte Nebo.

La tradición atribuye el libro a Moisés, y la Iglesia reconoce en él la voz del gran legislador de Israel, sin negar la labor de quienes ordenaron y actualizaron estos textos siglos después, en el marco de la reforma religiosa de Judá. Sus grandes temas son la unicidad de Dios, la alianza, la memoria agradecida y la justicia social.

El Deuteronomio ocupa un lugar privilegiado en el Nuevo Testamento. Jesús responde al tentador citando tres veces este libro y de él toma el mandamiento más grande: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Leído desde la fe católica, anuncia al profeta definitivo y enseña que la obediencia a Dios no es esclavitud, sino camino de vida y de libertad.

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