Deuteronomio

Antiguo Testamento | 34 capítulos | 959 versículos

Dt

Capítulo 31

1 Moisés acabó diciendo estas palabras a todo Israel:

2 «He cumplido 120 años. Ya no puedo salir ni entrar. Y Yahveh me ha dicho: Tú no pasarás este Jordán.

3 Yahveh tu Dios pasará delante de ti, él destruirá ante ti esas naciones y las desalojará. Será Josué quien pasará delante de ti, como ha dicho Yahveh.

4 Yahveh las tratará como trató a Sijón y a Og, reyes amorreos, y a su país, a los cuales destruyó.

5 Yahveh os los entregará, y vosotros los trataréis exactamente conforme a la orden que yo os he dado.

6 ¡Sed fuertes y valerosos!, no temáis ni os asustéis ante ellos, porque Yahveh tu Dios marcha contigo: no te dejará ni te abandonará.»

7 Después Moisés llamó a Josué y le dijo en presencia de todo Israel: «¡Se fuerte y valeroso!, tú entrarás con este pueblo en la tierra que Yahveh juró dar a sus padres, y tú se la darás en posesión.

8 Yahveh marchará delante de ti, él estará contigo; no te dejará ni te abandonará. No temas ni te asustes.»

9 Moisés puso esta Ley por escrito y se la dio a los sacerdotes, hijos de Leví, que llevaban el arca de la alianza de Yahveh, así como a todos los ancianos de Israel.

10 Y Moisés les dio esta orden: «Cada siete años, tiempo fijado para el año de la Remisión, en la fiesta de las Tiendas,

11 cuando todo Israel acuda, para ver el rostro de Yahveh tu Dios, al lugar elegido por él, leerás esta Ley a oídos de todo Israel.

12 Congrega al pueblo, hombres, mujeres y niños, y al forastero que vive en tus ciudades, para que oigan, aprendan a temer a Yahveh vuestro Dios, y cuiden de poner en práctica todas las palabras de esta Ley.

13 Y sus hijos, que todavía no la conocen, la oirán y aprenderán a temer a Yahveh vuestro Dios todos los días que viváis en el suelo que vais a tomar en posesión al pasar el Jordán.»

14 Yahveh dijo a Moisés: «Ya se acerca el día de tu muerte; llama a Josué y presentaos en la Tienda del Encuentro, para que yo le dé mis órdenes.» Fue, pues, Moisés con Josué a presentarse en la Tienda del Encuentro.

15 Y Yahveh se apareció en la Tienda, en una columna de nube; la columna de nube estaba parada a la entrada de la Tienda.

16 Yahveh dijo a Moisés: «He aquí que vas a acostarte con tus padres, y este pueblo se levantará para prostituirse yendo en pos de dioses extraños, los de la tierra en la que va a entrar. Me abandonará y romperá mi alianza, que yo he concluido con él.

17 Aquel día montaré en cólera contra él, los abandonaré y les ocultaré mi rostro. Será pasto y presa de un sinfin de males y adversidades, de suerte que dirá aquel día: «¿No me habrán llegado estos males porque mi Dios no está en medio de mí?»

18 Pero yo ocultaré mi rostro aquel día, a causa de todo el mal que habrá hecho, yéndose en pos de otros dioses.

19 «Y ahora escribid para vuestro uso el cántico siguiente; ensénaselo a los israelitas, ponlo en su boca para que este cántico me sirva de testimonio contra los israelitas,

20 cuando yo les lleve a la tierra que bajo juramento prometí a sus padres, tierra que mana leche y miel, y ellos, después de comer hasta hartarse y engordar bien, se vuelvan hacia otros dioses, les den culto, y a mí me desprecien y rompan mi alianza.

21 Y cuando les alcancen males y adversidades sin número, este cántico dará testimonio contra él, porque no caerá en olvido en la boca de su descendencia. Pues sé muy bien los planes que está tramando hoy, incluso antes de haberle introducido en la tierra que le tengo prometida bajo juramento.»

22 Y Moisés escribió aquel día este cántico y se lo enseño a los israelitas.

23 Luego dio esta orden a Josué, hijo de Nun: «¡Sé fuerte y valeroso!, porque tú llevarás a los israelitas a la tierra que yo les tengo prometida bajo juramento, y yo estaré contigo.»

24 Cuando terminó de escribir en un libro las palabras de esta Ley hasta el fin,

25 Moisés dio esta orden a los levitas que llevaban el arca de la alianza de Yahveh:

26 «Tomad el libro de esta Ley. Ponedlo al lado del arca de la alianza de Yahveh vuestro Dios. Ahí quedará como testimonio contra ti.

27 Porque conozco tu rebeldía y tu dura cerviz. Si hoy, que vivo todavía entre vosotros, sois rebeldes a Yahveh, ¡cuánto más lo seréis después de mi muerte!»

28 «Congregad junto a mí a todos los ancianos de vuestras tribus y a vuestros escribas, que voy a pronunciar a sus oídos estas palabras, poniendo por testigos contra ellos al cielo y a la tierra.

29 Porque sé que después de mi muerte no dejaréis de pervertiros; os apartaréis del camino que os he prescrito; y la desgracia vendrá sobre vosotros en el futuro, por haber hecho lo que es malo a los ojos de Yahveh, irritándole con vuestras obras.»

30 Luego, a oídos de toda la asamblea de Israel, Moisés pronunció hasta el fin las palabras de este cantico:

Reflexión del capítulo 31

El capítulo 31 narra la despedida de Moisés. Consciente de que no entrará en la tierra y de que sus días están contados, reúne al pueblo y le dice: «Ya no puedo salir ni entrar contigo». Lejos de aferrarse al poder, Moisés prepara la sucesión. Presenta a Josué ante todo Israel, le impone las manos y le transmite el encargo, y lo anima con las palabras que atravesarán los siglos: «Sed fuertes y valientes; no temáis, porque Yahveh tu Dios va contigo; no te dejará ni te abandonará».

Moisés entrega también la Ley por escrito a los sacerdotes y a los ancianos, y ordena que se lea cada siete años, en la fiesta de las Tiendas, ante todo el pueblo reunido, incluidos los niños y el forastero, para que aprendan a temer al Señor. La palabra de Dios no se posee: se transmite. Quien la retiene la pierde; quien la entrega la conserva viva.

El capítulo tiene un tono agridulce: Dios anuncia a Moisés que el pueblo se levantará y se prostituirá tras otros dioses, y que le sobrevendrán males. Aun así, le manda escribir un cántico que sirva de testigo contra ellos. La fidelidad de Moisés no depende del éxito ni de la respuesta del pueblo. Sirve hasta el final, incluso sabiendo que será traicionado.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy piensa en la herencia que estás dejando: no solo bienes, sino fe, ejemplo y enseñanzas. Dedica tiempo a formar a alguien que continuará lo que tú haces. Y si sabes que tu esfuerzo no verá frutos inmediatos, no te desanimes: siembra igual. La fidelidad vale más que los resultados visibles. Siembra con paciencia y deja a Dios el tiempo de la cosecha.

Oración

Señor, tú vas conmigo y no me dejas ni me abandonas. Dame la fuerza de Moisés para servir hasta el final y la humildad de preparar a otros. Que transmita tu palabra y no la retenga para mí. Amén.

Acerca del libro de Deuteronomio

El Deuteronomio es el quinto libro de la Biblia y la conclusión de la Torá. Su nombre griego significa «segunda ley», pero el título hebreo, Debarim, es más exacto: «palabras». No contiene un código legal nuevo, sino la última voluntad de Moisés, pronunciada en las estepas de Moab, a la vista de la tierra prometida que él ya no pisará.

La obra se presenta como una serie de discursos de despedida. Los primeros capítulos (1-4) repasan la historia del pueblo desde el Horeb, con sus rebeliones y la fidelidad incansable de Dios. El cuerpo central (5-26) reúne el Decálogo, la profesión de fe del «Escucha, Israel» y un amplio conjunto de leyes sobre el culto, la justicia, la familia y el cuidado del pobre, del forastero, del huérfano y de la viuda. Los capítulos 27-30 renuevan la alianza con bendiciones y maldiciones y dejan al pueblo ante una elección radical: la vida o la muerte. El final narra el cántico de Moisés, la bendición de las tribus y su muerte en el monte Nebo.

La tradición atribuye el libro a Moisés, y la Iglesia reconoce en él la voz del gran legislador de Israel, sin negar la labor de quienes ordenaron y actualizaron estos textos siglos después, en el marco de la reforma religiosa de Judá. Sus grandes temas son la unicidad de Dios, la alianza, la memoria agradecida y la justicia social.

El Deuteronomio ocupa un lugar privilegiado en el Nuevo Testamento. Jesús responde al tentador citando tres veces este libro y de él toma el mandamiento más grande: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Leído desde la fe católica, anuncia al profeta definitivo y enseña que la obediencia a Dios no es esclavitud, sino camino de vida y de libertad.

Compartir

Enlace copiado