Deuteronomio

Antiguo Testamento | 34 capítulos | 959 versículos

Dt

Capítulo 17

1 No sacrificarás a Yahveh tu Dios ganado mayor o menor que tenga cualquier tara o defecto, porque es una abominación para Yahveh tu Dios.

2 Si hay en medio de ti, en alguna de las ciudades que Yahveh tu Dios te da, un hombre o una mujer que haga lo que es malo a los ojos de Yahveh tu Dios, violando su alianza,

3 que vaya a servir a otros dioses y se postre ante ellos, o ante el sol, la luna, o todo el ejército de los cielos, cosa que yo no he mandado,

4 y es denunciado a ti; si, después de escucharle y haber hecho una indagación minuciosa, se verifica el hecho y se comprueba que en Israel se ha cometido tal abominación,

5 sacarás a las puertas de tu ciudad a ese hombre o mujer, culpables de esta mala acción, y los apedrearás, al hombre o a la mujer, hasta que mueran.

6 No se podrá ejecutar al reo de muerte más que por declaración de dos o tres testigos; no se le hará morir por declaración de un solo testigo.

7 La primera mano que se pondrá sobre él para darle muerte será la de los testigos, y luego la mano de todo el pueblo. Así harás desaparecer el mal de en medio de ti.

8 Si tienes que juzgar un caso demasiado difícil para ti, una causa de sangre, de colisión de derechos, o de lesiones, un litigio cualquiera en tus ciudades, te levantarás, subirás al lugar elegido por Yahveh tu Dios,

9 y acudirás a los sacerdotes levitas y al juez que entonces esté en funciones. Ellos harán una investigación y te indicarán el fallo de la causa.

10 Te ajustarás al fallo que te hayan indicado en este lugar elegido por Yahveh, y cuidarás de actuar conforme a cuanto te hayan enseñado.

11 Te ajustarás a las instrucciones que te hayan dado y a la sentencia que te dicten, sin desviarte a derecha ni a izquierda del fallo que te señalen.

12 Si alguno procede insolentemente, no escuchando ni al sacerdote que se encuentra allí al servicio de Yahveh tu Dios, ni al juez, ese hombre morirá. Harás desaparecer el mal de Israel.

13 Así todo el pueblo, al saberlo, temerá y no actuará más con insolencia.

14 Si cuando llegues a la tierra que Yahveh tu Dios te da, la tomes en posesión y habites en ella, dices: «Querría poner un rey sobre mí como todas las naciones de alrededor».

15 deberás poner sobre ti un rey elegido por Yahveh, y a uno de entre tus hermanos pondrás sobre ti como rey; no podrás darte por rey a un extranjero que no sea hermano tuyo.

16 Pero no ha de tener muchos caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto para aumentar su caballería, porque Yahveh os ha dicho: «No volveréis a ir jamás por ese camino.»

17 No ha de tener muchas mujeres, cosa que podría descarriar su corazón. Tampoco deberá tener demasiada plata y oro.

18 Cuando suba al trono real, deberá escribir esta Ley para su uso, copiándola del libro de los sacerdotes levitas.

19 La llevará consigo; la leerá todos los días de su vida para aprender a temer a Yahveh su Dios, guardando todas las palabras de esta Ley y estos preceptos, para ponerlos en práctica.

20 Así su corazón no se engreirá sobre sus hermanos y no se apartará de estos mandamientos ni a derecha ni a izquierda. Y así prolongará los días de su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.

Reflexión del capítulo 17

El capítulo 17 comienza con una exigencia de integridad en el culto: no ofrecer a Dios un animal con tara o defecto, porque eso sería darle lo que ya no sirve. A Dios se le entrega lo mejor, no el descarte. Después pasa a la justicia: quien adore a otros dioses debe ser denunciado y juzgado con pruebas serias, nunca por el testimonio de una sola persona. La acusación exige verificación; la sospecha no basta para condenar.

El capítulo regula también los casos difíciles, los que superan la competencia de los jueces locales. Estos deben llevarse a los sacerdotes levitas y al juez en funciones, cuya sentencia hay que acatar sin desviarse a derecha ni a izquierda. La desobediencia a ese tribunal es tratada con gravedad, porque la paz del pueblo depende de que exista una autoridad que resuelva con rectitud.

El pasaje más significativo es la ley del rey. Cuando Israel pida un rey, este no debe multiplicar caballos, ni esposas, ni plata y oro, ni volver al pueblo a Egipto. Debe escribir para sí un ejemplar de la Ley y leerlo todos los días de su vida, para que su corazón no se engría sobre sus hermanos. El poder queda así sometido a la palabra de Dios. El rey no está por encima de la ley; es su primer servidor.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy examina cómo ejerces la autoridad que tienes —como padre, jefe, docente o responsable— y si tu poder está sometido a la verdad o se sirve de ella. Corrige una injusticia que estés tolerando por comodidad. Y cuando juzgues a alguien, no te fíes de un solo testimonio ni de un rumor: busca los hechos. La justicia empieza por informarse antes de juzgar.

Oración

Señor, tú eres el único rey justo. Enséñame a usar con humildad la autoridad que me has confiado y a no engreírme sobre los demás. Que tu palabra gobierne mis decisiones y mi trato con los demás. Amén.

Acerca del libro de Deuteronomio

El Deuteronomio es el quinto libro de la Biblia y la conclusión de la Torá. Su nombre griego significa «segunda ley», pero el título hebreo, Debarim, es más exacto: «palabras». No contiene un código legal nuevo, sino la última voluntad de Moisés, pronunciada en las estepas de Moab, a la vista de la tierra prometida que él ya no pisará.

La obra se presenta como una serie de discursos de despedida. Los primeros capítulos (1-4) repasan la historia del pueblo desde el Horeb, con sus rebeliones y la fidelidad incansable de Dios. El cuerpo central (5-26) reúne el Decálogo, la profesión de fe del «Escucha, Israel» y un amplio conjunto de leyes sobre el culto, la justicia, la familia y el cuidado del pobre, del forastero, del huérfano y de la viuda. Los capítulos 27-30 renuevan la alianza con bendiciones y maldiciones y dejan al pueblo ante una elección radical: la vida o la muerte. El final narra el cántico de Moisés, la bendición de las tribus y su muerte en el monte Nebo.

La tradición atribuye el libro a Moisés, y la Iglesia reconoce en él la voz del gran legislador de Israel, sin negar la labor de quienes ordenaron y actualizaron estos textos siglos después, en el marco de la reforma religiosa de Judá. Sus grandes temas son la unicidad de Dios, la alianza, la memoria agradecida y la justicia social.

El Deuteronomio ocupa un lugar privilegiado en el Nuevo Testamento. Jesús responde al tentador citando tres veces este libro y de él toma el mandamiento más grande: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Leído desde la fe católica, anuncia al profeta definitivo y enseña que la obediencia a Dios no es esclavitud, sino camino de vida y de libertad.

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