Deuteronomio

Antiguo Testamento | 34 capítulos | 959 versículos

Dt

Capítulo 33

1 Esta es la bendición con la que Moisés, hombre de Dios, bendijo a los israelitas antes de morir.

2 Dijo: Ha venido Yahveh del Sinaí. Para ellos desde Seír se ha levantado, ha iluminado desde el monte Parán. Con él las miríadas de Cadés, Ley de fuego en su diestra para ellos.

3 Tú que amas a los antepasados, todos los santos están en tu mano. Y ellos, postrados a tus pies, cargados están de tus palabras.

4 Una Ley nos señaló Moisés herencia de la asamblea de Jacob.

5 Hubo un rey en Yesurún, cuando se congregaron los jefes del pueblo, todas juntas las tribus de Israel.

6 ¡Viva Rubén y nunca muera, aunque sean pocos sus nombres!

7 Para Judá dijo esto: Escucha, Yahveh, la voz de Judá y guíale hacia su pueblo. Sus manos le defenderán y tú serás su auxilio contra sus enemigos.

8 Para Levi dijo: Dale a Levi tus Urim y tus Tummim al hombre de tu agrado, a quien probaste en Massá, con quien querellaste en las aguas de Meribá,

9 el que dijo de su padre y de su madre: «No los he visto.» El que no reconoce a sus hermanos y a sus hijos ignora. Pues guardan tu palabra, y tu alianza observan.

10 Ellos enseñan tus normas a Jacob y tu Ley a Israel; ofrecen incienso ante tu rostro, y perfecto sacrificio en tu altar.

11 Bendice, Yahveh, su vigor, y acepta la obra de sus manos. Rompe los lomos a sus adversarios y a sus enemigos, que no se levanten.

12 Para Benjamín dijo: Querido de Yahveh, en seguro reposa junto a El, todos los días le protege, y entre sus hombros mora.

13 Para José dijo: Su tierra es bendita de Yahveh; para él lo mejor de los cielos: el rocío, y del abismo que reposa abajo;

14 lo mejor de los frutos del sol, de lo que brota a cada luna,

15 las primicias de los montes antiguos, lo mejor de los collados eternos,

16 lo mejor de la tierra y cuanto contiene, y el favor del que mora en la Zarza: ¡caiga sobre la cabeza de José, sobre la frente del elegido entre sus hermanos!

17 Primogénito del toro, a él la gloria, cuernos de búfalo sus cuernos; con ellos acornea a los pueblos todos juntos hasta los confines de la tierra. Tales son las miríadas de Efraím, tales los millares de Manasés.

18 Para Zabulón dijo: Recocíjate, Zabulón, en tus empresas, y tú, Isacar, en tus tiendas.

19 Convocarás a los pueblos en el monte, ofrecerán sacrificios de justicia, pues gustarán la abundancia de los mares, y los tesoros ocultos en la arena.

20 Para Gad dijo: ¡Bendito el que ensanchó a Gad! Echado está como leona; ha desgarrado un brazo, y hasta una cabeza;

21 se quedó con las primicias, pues allí la porción de jefe le estaba reservada, y ha venido a la cabeza del pueblo: ha cumplido la justicia de Yahveh, y sus juicios con Israel.

22 Para Dan dijo: Dan es un cachorro de león, que se lanza desde Basán.

23 Para Neftalí dijo: Neftalí, saciado de favor, colmado de la bendición de Yahveh, Oeste y Mediodía son su posesión.

24 Para Aser dijo: ¡Bendito Aser entre los hijos! Sea el favorito entre sus hermanos, y bañe su pie en aceite.

25 Sea tu cerrojo de hierro y de bronce, y tu fuerza tan larga como tus días.

26 Nadie como el Dios de Yesurún. que cabalga los cielos en tu auxilio, y las nubes, en su majestad.

27 El Dios de antaño es tu refugio, estás debajo de los brazos eternos. El expulsa ante ti al enemigo, y dice: ¡Destruye!

28 Israel mora en seguro; la fuente de Jacob aparte brota para un país de trigo y vino; hasta sus cielos el rocío destilan.

29 Dichoso tú, Israel, ¿quién como tú, pueblo salvado por Yahveh, cuyo escudo es tu auxilio, cuya espada es tu esplendor? Tus enemigos tratarán de engañarte, pero tú hollarás sus espaldas.

Reflexión del capítulo 33

El capítulo 33 recoge la bendición con la que Moisés, poco antes de morir, bendijo a las tribus de Israel. Es la última palabra de un padre sobre sus hijos, y tiene la solemnidad de un testamento. Moisés comienza recordando que Yahveh vino del Sinaí y se levantó sobre Seír, y que de su mano derecha salía fuego: el Dios que se acerca a su pueblo es también el Dios santo que lo protege.

Cada tribu recibe una palabra particular. A Judá, que sea su ayuda y lo devuelva a su pueblo. A Leví, que enseñe los preceptos a Jacob y guarde la alianza, que ofrezca el incienso y el holocausto. A Benjamín, que habite seguro bajo la protección de Dios. A José, las bendiciones de la tierra: lo mejor del cielo, el rocío, las cosechas, la gracia del que habitó en la zarza. A Zabulón e Isacar, la alegría de sus salidas y la abundancia del mar. A Gad, la valentía. A Dan, la fuerza del cachorro. A Neftalí, la plenitud del favor. A Aser, el más bendecido entre los hermanos, con el hierro y el bronce de sus cerrojos y la seguridad de sus días.

El capítulo cierra con una alabanza a la grandeza del pueblo: Israel es presentado como pueblo dichoso y sin igual, salvado por su Dios. Su escudo y su espada son su Dios. La bendición reconoce que la fuerza del pueblo está en él.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy bendice en voz alta a las personas que Dios ha puesto a tu cuidado: hijos, nietos, hermanos, amigos. Una palabra de bendición sostiene más de lo que imaginas. Reconoce también los dones concretos que cada uno tiene, sin compararlos, y dile a alguien el bien que ves en él. Y confía en que el escudo de tu vida no son tus fuerzas, sino el Señor.

Oración

Señor, tú eres el escudo que me salva y la espada de mi victoria. Enséñame a bendecir a los demás y a reconocer el bien que hay en ellos. Que mis palabras construyan y no destruyan. Amén.

Acerca del libro de Deuteronomio

El Deuteronomio es el quinto libro de la Biblia y la conclusión de la Torá. Su nombre griego significa «segunda ley», pero el título hebreo, Debarim, es más exacto: «palabras». No contiene un código legal nuevo, sino la última voluntad de Moisés, pronunciada en las estepas de Moab, a la vista de la tierra prometida que él ya no pisará.

La obra se presenta como una serie de discursos de despedida. Los primeros capítulos (1-4) repasan la historia del pueblo desde el Horeb, con sus rebeliones y la fidelidad incansable de Dios. El cuerpo central (5-26) reúne el Decálogo, la profesión de fe del «Escucha, Israel» y un amplio conjunto de leyes sobre el culto, la justicia, la familia y el cuidado del pobre, del forastero, del huérfano y de la viuda. Los capítulos 27-30 renuevan la alianza con bendiciones y maldiciones y dejan al pueblo ante una elección radical: la vida o la muerte. El final narra el cántico de Moisés, la bendición de las tribus y su muerte en el monte Nebo.

La tradición atribuye el libro a Moisés, y la Iglesia reconoce en él la voz del gran legislador de Israel, sin negar la labor de quienes ordenaron y actualizaron estos textos siglos después, en el marco de la reforma religiosa de Judá. Sus grandes temas son la unicidad de Dios, la alianza, la memoria agradecida y la justicia social.

El Deuteronomio ocupa un lugar privilegiado en el Nuevo Testamento. Jesús responde al tentador citando tres veces este libro y de él toma el mandamiento más grande: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Leído desde la fe católica, anuncia al profeta definitivo y enseña que la obediencia a Dios no es esclavitud, sino camino de vida y de libertad.

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