Job

Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos

Job

Capítulo 1

1 Había una vez en el país de Us un hombre llamado Job: hombre cabal, recto, que temía a Dios y se apartaba del mal.

2 Le habían nacido siete hijos y tres hijas.

3 Tenía también 7.000 ovejas, 3.000 camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y una servidumbre muy numerosa. Este hombre era, pues, el más grande de todos los hijos de Oriente.

4 Solían sus hijos celebrar banquetes en casa de cada uno de ellos, por turno, e invitaban también a sus tres hermanas a comer y beber con ellos.

5 Al terminar los días de estos convites, Job les mandaba a llamar para purificarlos; luego se levantaba de madrugada y ofrecía holocaustos por cada uno de ellos. Porque se decía: «Acaso mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en su corazón.» Así hacía Job siempre.

6 El día que los Hijos de Dios venían a presentarse ante Yahveh, vino también entre ellos el Satán.

7 Yahveh dijo al Satán: «¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella.»

8 Y Yahveh dijo al Satán: «¿No te has fijado en mi siervo Job? ¡No hay nadie como él en la tierra; es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal!»

9 Respondió el Satán a Yahveh: «Es que Job teme a Dios de balde?

10 ¿No has levantado tú una valla en torno a él, a su casa y a todas sus posesiones? Has bendecido la obra de sus manos y sus rebaños hormiguean por el país.

11 Pero extiende tu mano y toca todos sus bienes; ¡verás si no te maldice a la cara!»

12 Dijo Yahveh al Satán: «Ahí tienes todos sus bienes en tus manos. Cuida sólo de no poner tu mano en él.» Y el Satán salió de la presencia de Yahveh.

13 El día en que sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa del hermano mayor,

14 vino un mensajero donde Job y le dijo: «Tus bueyes estaban arando y las asnas pastando cerca de ellos;

15 de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

16 Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Cayó del cielo el fuego de Dios, que quemó las ovejas y pastores hasta consumirlos. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

17 Aún estaba hablando éste, cuando llegó otro que dijo: «Los caldeos, divididos en tres cuadrillas, se lanzaron sobre los camellos, se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

18 Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor.

19 De pronto sopló un fuerte viento del lado del desierto y sacudió las cuatro esquinas de la casa; y ésta se desplomó sobre los jóvenes, que perecieron. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

20 Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rapó la cabeza, y postrado en tierra,

21 dijo: «Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornaré. Yahveh dio, Yahveh quitó: ¡Sea bendito el nombre de Yahveh!»

22 En todo esto no pecó Job, ni profirió la menor insensatez contra Dios.

Reflexión del capítulo 1

El libro se abre con el retrato de un hombre justo y con una escena que Job nunca verá. Job es presentado como íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal; tiene riqueza, hijos y una piedad que llega al detalle de ofrecer sacrificios por si sus hijos han pecado. Después el narrador descorre el velo del cielo: en la asamblea de los hijos de Dios, el adversario desafía la sinceridad de esa fe, insinuando que Job sirve a Dios solo por lo que recibe. Dios permite la prueba, pero le pone límites. En un solo día Job pierde el ganado, los siervos y los hijos. Su reacción es el corazón del capítulo: se rasga las vestiduras, se postra en tierra y bendice el nombre del Señor, reconociendo que lo que recibió también puede serle quitado. El narrador anota que en todo esto no pecó. El capítulo no responde por qué sufren los inocentes; sitúa la pregunta dentro de una relación de confianza. Y enseña algo esencial: que el amor a Dios puede ser desinteresado, que una persona puede seguir unida a él cuando todo le es arrebatado. Job aún no conoce el diálogo celestial, y ahí está precisamente la clave: confía en la oscuridad.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Gran parte de nuestra fe se pone a prueba cuando perdemos lo que queremos. Hoy pregúntate con sinceridad si amas a Dios por él mismo o por sus dones, y ofrécele algo que sostienes con fuerza, diciéndole que quieres confiar en él aunque no entiendas lo que hace. Si te cuesta soltarlo, no te condenes: nombra esa resistencia delante de Dios y pídele que ensanche tu corazón.

Oración

Señor, tú das y tú quitas; bendito sea tu nombre. Enséñame a amarte no solo por tus dones, sino por ti mismo, y a confiar en ti en la oscuridad, cuando no alcanzo a comprender tus caminos. Amén.

Acerca del libro de Job

El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.

El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.

Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.

Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.

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