Job

Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos

Job

Capítulo 41

1 ¡Sería vana tu esperanza porque su vista sola aterra!

2 No hay audaz que lo despierte, ¿y quién podrá resistir ante él?

3 ¿Quién le hizo frente y quedó salvo? ¡Ninguno bajo la capa de los cielos!

4 Mencionaré también sus miembros, hablaré de su fuerza incomparable.

5 ¿Quién rasgó la delantera de su túnica y penetró en su coraza doble?

6 ¿Quién abrió las hojas de sus fauces? ¡Reina el terror entre sus dientes!

7 Su dorso son hileras de escudos, que cierra un sello de piedra.

8 Están apretados uno a otro, y ni un soplo puede pasar entre ellos.

9 Están pegados entre sí y quedan unidos sin fisura.

10 Echa luz su estornudo, sus ojos son como los párpados de la aurora.

11 Salen antorchas de sus fauces, chispas de fuego saltan.

12 De sus narices sale humo, como de un caldero que hierve junto al fuego.

13 Su soplo enciende carbones, una llama sale de su boca.

14 En su cuello se asienta la fuerza, y ante él cunde el espanto.

15 Son compactas las papadas de su carne: están pegadas a ella, inseparables.

16 Su corazón es duro como roca, resistente como piedra de molino.

17 Cuando se yergue, se amedrentan las olas, y las ondas del mar se retiran.

18 Le alcanza la espada sin clavarse, lo mismo la lanza, jabalina o dardo.

19 Para él e hierro es sólo paja, el bronce, madera carcomida.

20 No le ahuyentan los disparos del arco, cual polvillo le llegan las piedras de la honda.

21 Una paja le parece la maza, se ríe del venablo que silba.

22 Debajo de él tejas puntiagudas: un trillo que va pasando por el lodo.

23 Hace del abismo una olla borbotante, cambia el mar en pebetero.

24 Deja tras sí una estela luminosa, el abismo diríase una melena blanca.

25 No hay en la tierra semejante a él, que ha sido hecho intrépido.

26 Mira a la cara a los más altos, es rey de todos los hijos del orgullo.

Reflexión del capítulo 41

Dios continúa con la descripción de Leviatán, una criatura de poder aterrador que ningún ser humano puede dominar. Pregunta si Job podrá sacarlo con un anzuelo, ponerle una cuerda en la nariz o hacer un pacto con él; si lo tomará como un juguete o lo entregará a los comerciantes. La descripción se vuelve cada vez más abrumadora: sus dientes son terribles, su espalda está hecha de escudos, su aliento enciende carbones y el abismo hierve como una olla. No hay en la tierra criatura semejante a él, hecha sin miedo; es rey sobre todos los hijos del orgullo. La imaginería proviene de los antiguos relatos sobre el monstruo marino, y el punto es inconfundible: si Job no puede dominar a Leviatán, cómo va a pretender comprender o controlar al Dios que lo hizo? Leviatán representa todo lo que en la creación es salvaje, indomable y terrible, y Dios declara que es su criatura. Esta es una clave para el problema del mal: el mundo contiene fuerzas que superan el control humano, y sin embargo Dios es soberano sobre todas ellas. Job no recibe una teoría que explique el sufrimiento; recibe una visión de un Dios mayor que el caos, que gobierna incluso lo indomable. Y si Dios es rey sobre el soberbio Leviatán, Job puede confiar en que ningún poder, por temible que sea, escapa a su autoridad.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hay fuerzas en la vida que no puedes controlar: la enfermedad, la pérdida, la incertidumbre. Hoy, en lugar de intentar dominarlo todo, ponlo en las manos del Dios que gobierna incluso sobre Leviatán. Confía en que él es soberano sobre lo que tú no puedes controlar y entrégale tu necesidad de control. Entregar el control es un acto de humildad y de confianza en Dios.

Oración

Señor, tú eres rey sobre todos los hijos del orgullo, y ninguna fuerza de la creación escapa a tu mano. Pongo en tus manos lo que no puedo controlar; dame la paz de confiar en quien gobierna sobre todo poder. Amén.

Acerca del libro de Job

El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.

El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.

Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.

Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.

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