Job

Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos

Job

Capítulo 36

1 Prosiguió Elihú y dijo:

2 Espera un poco, y yo te instruiré, pues todavía hay palabras en favor de Dios.

3 Voy a llevar muy lejos mi saber, y daré la razón a mi Hacedor.

4 En verdad, no son mentira mis palabras, un maestro en saber está contigo.

5 Dios no rechaza al hombre íntegro,

6 ni deja vivir al malvado en plena fuerza. Hace justicia a los pobres,

7 y no quita al justo su derecho. El puso a los reyes en el trono, para siempre los asienta, mas se engríen,

8 y él los amarra con cadenas, y quedan presos en los lazos de la angustia.

9 Entonces les pone su obra al descubierto y sus culpas nacidas del orgullo.

10 A sus oídos pronuncia una advertencia, y manda que se vuelvan de la iniquidad.

11 Si escuchan y son dóciles, acaban sus días en ventura y en delicias sus años.

12 Si no escuchan, pasan el Canal, y expiran por falta de cordura.

13 Y los obstinados que imponen la cólera y no piden auxilio cuando él los encadena,

14 mueren en plena juventud, y su vida en la edad juvenil.

15 El salva al pobre por su misma pobreza, por la miseria el oído le abre.

16 También a ti te arrancará de las fauces de la angustia. Antes gozabas de abudancia sin límites, la grasa desbordaba de tu mesa.

17 Mas no hacías justicia de los malos, defraudabas el derecho del huérfano.

18 Procura, pues, que no te seduzca la abundancia, ni el copioso soborno te extravíe.

19 Haz comparecer al rico como al que nada tiene, al débil como al poderoso.

20 No aplastes a aquellos que te son extraños, para encumbrar en su puesto a tus parientes.

21 Guárdate de inclinarte hacia la iniquidad, que por eso te ha probado la aflicción.

22 Mira, Dios es sublime por su fuerza, ¿quién es maestro como él?

23 ¿Quién le señaló el camino a seguir? ¿quién le diría: «Has hecho mal»?

24 Acuérdate más bien de ensalzar su obra, que han cantado los hombres.

25 Todo hombre la contempla, el hombre la mira desde lejos.

26 Sí, Dios es grande y no le comprendemos, el número de sus años es incalculable.

27 El atrae las gotas de agua, pulveriza la lluvia en su vapor,

28 que luego derraman las nubes, la destilan sobre la turba humana.

29 ¿Quién además comprenderá el despliegue de la nube, los fragores de su tienda?

30 Ved que despliega su niebla por encima cubre las cimas de los montes.

31 Pues por ellas sustenta él a los pueblos, les da alimento en abundancia.

32 En sus manos el rayo levanta y le ordena que alcance su destino.

33 Su trueno le anuncia, la ira se inflama contra la iniquidad.

Reflexión del capítulo 36

Elihú pide a Job que lo soporte un poco más, porque todavía tiene palabras en favor de Dios. Declara que Dios es poderoso y no desprecia a nadie, y que no mantiene con vida al malvado pero hace justicia a los pobres. Desarrolla la idea de que Dios usa el sufrimiento como instrucción: abre el oído de los afligidos y les advierte que se aparten de la iniquidad; si escuchan y sirven, acabarán sus días en prosperidad, pero si no, perecerán. Insiste en que Dios libra al afligido por medio de su aflicción y le abre el oído en la adversidad. Después, en la última parte del capítulo, Elihú se vuelve hacia la grandeza de Dios en la naturaleza: el trueno de su voz, la lluvia, las nubes, el relámpago, las maravillas de la tormenta que no alcanzamos a comprender. Está preparando el terreno para los discursos de Dios desde el torbellino. La aportación de Elihú es combinar una lectura moral del sufrimiento con el sentido de la majestad de Dios, y sugerir que el sufrimiento puede ser una enseñanza que abre el oído. El capítulo es un puente entre el debate humano y la respuesta divina, y recuerda que los caminos de Dios son a la vez justos y muy superiores a nuestra comprensión.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

El sufrimiento puede ser maestro si dejamos que nos abra el oído. Hoy pregúntale al Señor qué puede estar diciéndote a través de una dificultad, y disponte a cambiar. Al mismo tiempo, deja que la grandeza de Dios en la creación te llene de asombro y no de angustia, y confía en su gobierno. Aprender de la adversidad es una gracia que se pide con humildad.

Oración

Señor, tú eres poderoso y justo, y abres mi oído en la adversidad. Enséñame lo que quieres que aprenda y dame un corazón que escuche. Lléname de asombro ante tu grandeza, y que ese asombro sea mi paz. Amén.

Acerca del libro de Job

El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.

El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.

Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.

Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.

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