Job

Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos

Job

Capítulo 13

1 ¡Oh!, mis ojos han visto todo esto, mis orejas lo han oído y entendido.

2 Sí, yo lo sé tan bien como vosotros, no os cedo en nada.

3 Pero es a Sadday a quien yo hablo, a Dios quiero hacer mis réplicas.

4 Vosotros no sois más que charlatanes, curanderos todos de quimeras.

5 ¡Oh, si os callarais la boca! sería eso vuestra sabiduría.

6 Oíd mis descargos, os lo ruego, atended a la defensa de mis labios.

7 ¿En defensa de Dios decís falsía, y por su causa razones mentirosas?

8 ¿Así lucháis en su favor y de Dios os hacéis abogados?

9 ¿No convendría que él os sondease? ¿Jugaréis con él como se juega con un hombre?

10 El os dará una severa corrección, si en secreto hacéis favor a alguno.

11 ¿Su majestad no os sobrecoge, no os impone su terror?

12 Máximas de ceniza son vuestras sentencias, vuestras réplicas son réplicas de arcilla.

13 ¡Dejad de hablarme, porque voy a hablar yo, venga lo que viniere!

14 Tomo mi carne entre mis dientes, pongo mi alma entre mis manos.

15 El me puede matar: no tengo otra esperanza que defender mi conducta ante su faz.

16 Y esto mismo será mi salvación, pues un impío no comparece en su presencia.

17 Escuchad, escuchad mis palabras, prestad oído a mis declaraciones.

18 Mirad: un proceso he preparado, consciente de que tengo razón.

19 ¿Quién es el que quiere litigar conmigo? ¡Pues desde ahora acepto callar y perecer!

20 Sólo dos cosas te pido que me ahorres, y no me esconderé de tu presencia:

21 que retires tu mano que pesa sobre mí, y no me espante tu terror.

22 Arguye tú y yo responderé; o bien yo hablaré y tú contestarás.

23 ¿Cuántas son mis faltas y pecados? ¡Mi delito, mi pecado, házmelos saber!

24 ¿Por qué tu rostro ocultas y me tienes por enemigo tuyo?

25 ¿Quieres asustar a una hoja que se lleva el viento, perseguir una paja seca?

26 Pues escribes contra mí amargos fallos, me imputas las faltas de mi juventud;

27 pones mis pies en cepos, vigilas mis pasos todos y mides la huella de mis pies.

28 Y él se deshace cual leño carcomido, como vestido que roe la polilla,

Reflexión del capítulo 13

Job declara que él también ha visto y oído todo esto, y que no es inferior a sus amigos. Entonces toma una decisión: hablará con el Todopoderoso y expondrá su causa ante Dios, porque sus amigos son médicos inútiles que solo han aumentado su dolor. En este capítulo aparece una frase extraordinaria, que ha alimentado a los creyentes durante siglos: aunque Dios me mate, en él esperaré; defenderé mis caminos ante su rostro. No es resignación, sino una confianza audaz. Job decide que el lugar más seguro para llevar su queja es Dios mismo, y no los jueces humanos. Pide dos cosas: que Dios retire su mano de él y que no lo aterrorice con su terror, para poder hablar con libertad. Después repasa su vida y pide a Dios que le muestre sus faltas, insistiendo en que no ha sido hipócrita. El capítulo es un punto de inflexión en la postura de Job: deja de defenderse ante sus amigos y se vuelve directamente a Dios como único que puede juzgar su causa. Enseña que la confrontación honesta con Dios no es falta de fe, sino una forma de fe, y que podemos llevar incluso nuestra acusación ante aquel en quien confiamos.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

A veces lo más sano es dejar de discutir con quienes no te entienden y llevar tu causa directamente a Dios. Hoy lleva a la oración una queja o un malentendido, y dile al Señor que confías en él aunque no lo entiendas, pidiéndole que te dé libertad para hablarle con verdad y valor para no fingir ante él. Hablar con Dios con verdad es más fecundo que ganar cualquier discusión.

Oración

Señor, aunque me mates, en ti esperaré. Enséñame a presentar mi causa ante ti con honestidad y confianza, a hablarte cara a cara y a descansar en tu juicio más que en la aprobación de los demás. Amén.

Acerca del libro de Job

El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.

El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.

Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.

Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.

Compartir

Enlace copiado