Job

Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos

Job

Capítulo 31

1 Había hecho yo un pacto con mis ojos, y no miraba a ninguna doncella.

2 Y ¿cuál es el reparto que hace Dios desde arriba, cuál la suerte que manda Sadday desde la altura?

3 ¿No es acaso desgracia para el inicuo, tribulación para los malhechores?

4 ¿No ve él mis caminos, no cuenta todos mis pasos?

5 ¿He caminado junto a la mentira? ¿he apretado mi paso hacia la falsedad?

6 ¡Péseme él en balanza de justicia, conozca Dios mi integridad!

7 Si mis pasos del camino se extraviaron, si tras mis ojos fue mi corazón, si a mis manos se adhiere alguna mancha,

8 ¡coma otro lo que yo sembré, y sean arrancados mis retoños!

9 Si mi corazón fue seducido por mujer, si he fisgado a la puerta de mi prójimo,

10 ¡muela para otro mi mujer, y otros se encorven sobre ella!

11 Pues sería ello una impudicia, un crimen a justicia sujeto;

12 sería fuego que devora hasta la Perdición y que consumiría toda mi hacienda.

13 Si he menospreciado el derecho de mi siervo o de mi sierva, en sus pleitos conmigo,

14 ¿qué podré hacer cuando Dios se levante? cuando él investigue, ¿qué responderé?

15 ¿No los hizo él, igual que a mí, en el vientre? ¿no nos formó en el seno uno mismo?

16 Me he negado al deseo de los débiles? ¿dejé desfallecer los ojos de la viuda?

17 ¿Comí solo mi pedazo de pan, sin compartirlo con el huérfano?

18 ¡Siendo así que desde mi infancia me crió él como un padre, me guió desde el seno materno!

19 ¿He visto a un miserable sin vestido, a algún pobre desnudo,

20 sin que en lo íntimo de su ser me bendijera, y del vellón de mis corderos se haya calentado?

21 Si he alzado mi mano contra un huérfano, por sentirme respaldado en la Puerta,

22 ¡mi espalda se separe de mi nuca, y mi brazo del hombro se desgaje!

23 Pues el terror de Dios caería sobre mí, y ante su majestad no podría tenerme.

24 ¿He hecho del oro mi confianza, o he dicho al oro fino: «Tú, mi seguridad»?

25 ¿Me he complacido en la abundancia de mis bienes, en que mi mano había ganado mucho?

26 ¿Acaso, al ver el sol cómo brillaba, y la luna que marchaba radiante,

27 mi corazón, en secreto, se dejó seducir para enviarles un beso con la mano?

28 También hubiera sido una falta criminal, por haber renegado del Dios de lo alto.

29 ¿Del infortunio de mi enemigo me alegré, me gocé de que el mal le alcanzara?

30 ¡Yo que no permitía a mi lengua pecar reclamando su vida con una maldición!

31 ¿No decían las gentes de mi tienda: «¿Hay alguien que no se haya hartado con su carne?»

32 El forastero no pernoctaba a la intemperie, tenía abierta mi puerta al caminante.

33 ¿He disimulado mis culpas a los hombres, ocultando en mi seno mi pecado,

34 porque temiera el rumor público, o el desprecio de las gentes me asustara, hasta quedar callado sin atreverme a salir mi puerta?

35 ¡Oh! ¿quién hará que se me escuche? Esta es mi última palabra: ¡respóndame Sadday! El libelo que haya escrito mi adversario

36 pienso llevarlo sobre mis espaldas, ceñírmelo igual que una diadema.

37 Del número de mis pasos voy a rendirle cuentas, como un príncipe me llegaré hasta él.

38 Si mi tierra grita contra mí, y sus surcos lloran con ella,

39 si he comido sus frutos sin pagarlos y he hecho expirar a sus dueños,

40 ¡en vez de trigo broten en ella espinas, y en lugar de cebada hierba hedionda! Fin de las palabras de Job.

Reflexión del capítulo 31

El capítulo 31 es el juramento final de Job, una declaración de inocencia en forma de autoimprecaciones condicionales: si he hecho esto, que me suceda aquello. Comienza con un pacto que hizo con sus ojos para no mirar con codicia a una doncella, y después repasa toda su vida: no ha caminado con la mentira, no ha sido injusto con sus siervos, ha dado pan al pobre y ropa al desnudo, no ha alzado la mano contra el huérfano, no ha confiado en el oro ni se ha alegrado de su riqueza, no se ha alegrado de la caída de su enemigo, no ha ocultado sus transgresiones, y no ha tomado los campos de otros sin pagarlos. Llega a pedir que la tierra clame contra él si le ha robado. La lista no es una pretensión de perfección sin pecado, sino un serio examen de conciencia ante Dios, y es notablemente concreta: mide la justicia por cómo se trata al débil, al pobre, al servidor y al extranjero. El capítulo termina con la apelación de Job: que el Todopoderoso le responda y que su adversario escriba su acusación, para poder llevarla sobre el hombro y presentarse ante él como un príncipe. Job quiere ser escuchado, y quiere serlo por Dios. Este es el clímax de su causa, y prepara el camino para la respuesta de Dios.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Un buen examen de conciencia es concreto. Hoy revisa tu vida no solo en términos de oraciones y ritos, sino de cómo has tratado a los pobres, a tus colaboradores, a tu familia y a tus enemigos. Pide al Señor que te muestre cualquier área donde tu vida no coincide con tu fe, y no te quedes en generalidades. La coherencia entre fe y vida es el mejor examen de conciencia.

Oración

Señor, escudríñame y conoce mi corazón. Muéstrame dónde he fallado en justicia y misericordia, y dame la honestidad de reconocerlo. Quiero que mi vida se mida por tu verdad y no por mi propia imagen. Amén.

Acerca del libro de Job

El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.

El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.

Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.

Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.

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