Job
Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 14 de 42Capítulo 14
1 el hombre, nacido de mujer, corto de días y harto de tormentos.
2 Como la flor, brota y se marchita, y huye como la sombra sin pararse.
3 ¡Y sobre un ser tal abres tú los ojos, le citas a juicio frente a ti!
4 Mas ¿quién podrá sacar lo puro de lo impuro? ¡Ninguno!
5 Si es que están contados ya sus días, si te es sabida la cuenta de sus meses, si un límite le has fijado que no franqueará,
6 aparta de él tus ojos, déjale, hasta que acabe, como un jornalero, su jornada.
7 Una esperanza guarda el árbol: si es cortado, aún puede retoñar, y no dejará de echar renuevos.
8 Incluso con raíces en tierra envejecidas, con un tronco que se muere en el polvo,
9 en cuanto siente el agua, reflorece y echa ramaje como una planta joven.
10 Pero el hombre que muere queda inerte, cuando un hunamo expira, ¿dónde está?
11 Podrán agotarse las aguas del mar, sumirse los ríos y secarse,
12 que el hombre que yace no se levantará, se gastarán los cielos antes que se despierte, antes que surja de su sueño.
13 ¡Ojalá en el seol tú me guardaras, me escondieras allí mientras pasa tu cólera, y una tregua me dieras, para acordarte de mí luego
14 - pues, muerto el hombre, ¿puede revivir? - todos los días de mi milicia esperaría, hasta que llegara mi relevo!
15 Me llamarías y te repondería; reclamarías la obra de tus manos.
16 En lugar de contar mi pasos, como ahora, no te cuidarías más de mis pecados;
17 dentro de un saco se sellaría mi delito, y blanquearías mi falta.
18 Ay, como el monte acabará por derrumbarse, la roca cambiará de sitio,
19 las aguas desgastarán las piedras, inundará una llena los terrenos, así aniquilas tú la esperanza del hombre.
20 Le aplastas para siempre, y se va, desfiguras su rostro y le despides.
21 Que sean honrados sus hijos, no lo sabe; que sean despreciados, no se entera.
22 Tan solo por él sufre su carne, sólo por él se lamenta su alma.
Reflexión del capítulo 14
En este capítulo Job reflexiona sobre la fragilidad de la vida humana. El hombre, nacido de mujer, tiene pocos días y está lleno de tormentos; brota como una flor y se marchita, huye como una sombra y no se detiene. Job pregunta a Dios por qué fija sus ojos en una criatura tan frágil y la trae a juicio, si nadie puede extraer pureza de lo manchado. Después recurre a una comparación llamativa: incluso un árbol cortado tiene esperanza, porque su tronco puede retoñar al olor del agua; pero cuando un hombre muere, se acuesta y no se levanta hasta que los cielos dejen de existir. Y precisamente ahí, en medio de ese cuadro sombrío, Job formula la pregunta que atraviesa los siglos: si el hombre muere, volverá a vivir? Anhela el día en que Dios lo llame y él responda, cuando Dios cubra su pecado y lo arroje tras sus espaldas. Es una semilla de esperanza en medio de la desesperación, la intuición de que la muerte no puede ser la última palabra en una relación con el Dios vivo. El capítulo muestra que, aun cuando Job no ve salida alguna, algo en él se extiende más allá de la tumba hacia un reencuentro con el Dios que parece estar en su contra.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
La conciencia de nuestra mortalidad puede aclarar lo que de verdad importa. Hoy piensa en la brevedad de la vida y pide al Señor que te ayude a vivir con la esperanza de la resurrección, no como teoría, sino como confianza real. Deja que el deseo de ver a Dios cara a cara oriente tus decisiones de este día. Vivir con la mirada puesta en la resurrección cambia la forma de atravesar la muerte.
Oración
Señor, mis días son pocos y llenos de fatiga, pero tú eres el Dios de la vida. Si me llamas, responderé; mantén viva en mí la esperanza de que la muerte no es el final y de que un día te veré cara a cara. Amén.
Acerca del libro de Job
El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.
El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.
Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.
Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.
Compartir
Enlace copiado