Job

Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos

Job

Capítulo 38

1 Yahveh repondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:

2 ¿Quién es éste que empaña el Consejo con razones sin sentido?

3 Ciñe tus lomos como un bravo: voy a interrogarte, y tú me instruirás.

4 Dónde estabas tú cuando fundaba yo la tierra? Indícalo, si sabes la verdad.

5 ¿Quién fijó sus medidas? ¿lo sabrías? ¿quién tiró el cordel sobre ella?

6 ¿Sobre qué se afirmaron sus bases? ¿quién asentó su piedra angular,

7 entre el clamor a coro de las estrellas del alba y las aclamaciones de todos los Hijos de Dios?

8 ¿Quién encerró el mar con doble puerta, cuando del seno materno salía borbotando;

9 cuando le puse una nube por vestido y del nubarrón hice sus pañales;

10 cuando le tracé sus linderos y coloqué puertas y cerrojos?

11 «¡Llegarás hasta aquí, no más allá - le dije -, aquí se romperá el orgullo de tus olas!»

12 ¿Has mandado, una vez en tu vida, a la mañana, has asignado a la aurora su lugar,

13 para que agarre a la tierra por los bordes y de ella sacuda a los malvados?

14 Ella se trueca en arcilla de sello, se tiñe lo mismo que un vestido.

15 Se quita entonces su luz a los malvados, y queda roto el brazo que se alzaba.

16 ¿Has penetrado hasta las fuentes del mar? ¿has circulado por el fondo del Abismo?

17 ¿Se te han mostrado las puertas de la Muerte? ¿has visto las puertas del país de la Sombra?

18 ¿Has calculado las anchuras de la tierra? Cuenta, si es que sabes, todo esto.

19 ¿Por dónde se va a la morada de la luz? y las tinieblas, ¿dónde tienen su sitio?,

20 para que puedas llevarlas a su término, guiarlas por los senderos de su casa.

21 Si lo sabes, ¡es que ya habías nacido entonces, y bien larga es la cuenta de tus días!

22 ¿Has llegado a los depósitos de nieve? ¿Has visto las reservas de granizo,

23 que yo guardo para el tiempo de angustia, para el día de batalla y de combate?

24 ¿Por qué camino se reparte la luz, o se despliega el solano por la tierra?

25 ¿Quién abre un canal al aguacero, a los giros de los truenos un camino,

26 para llover sobre tierra sin hombre, sobre el desierto donde no hay un alma,

27 para abrevar a las soledades desoladas y hacer brotar en la estepa hierba verde?

28 ¿Tiene padre la lluvia? ¿quién engendra las gotas de rocío?

29 ¿De qué seno sale el hielo? ¿quién da a luz la escarcha del cielo,

30 cuando las aguas se aglutinan como piedra y se congela la superficie del abismo?

31 ¿Puedes tú anudar los lazos de las Pléyades o desatar las cuerdas de Orión?

32 ¿Haces salir la Corona a su tiempo? ¿conduces a la Osa con sus crías?

33 ¿Conoces las leyes de los Cielos? ¿aplicas su fuero en la tierra?

34 ¿Levantas tu voz hasta las nubes?, la masa de las aguas, ¿te obedece?

35 A tu orden, ¿los relámpagos parten, diciéndote: «Aquí estamos»?

36 ¿Quién puso en el ibis la sabiduría? ¿quién dio al gallo inteligencia?

37 ¿Quién tiene pericia para contar las nubes? ¿quién inclina los odres de los cielos,

38 cuando se aglutina el polvo en una masa y los terrones se pegan entre sí?

39 ¿Cazas tú acaso la presa a la leona? ¿calmas el hambre de los leoncillos,

40 cuando en sus guaridas están acurrucados, o en los matorrales al acecho?

41 ¿Quién prepara su provisión al cuervo, cuando sus crías gritan hacia Dios, cuando se estiran faltos de comida?

Reflexión del capítulo 38

Después de todos los discursos humanos, Dios responde por fin a Job, y lo hace desde el torbellino. No explica la razón de su sufrimiento ni lo acusa de un pecado concreto. En su lugar, le hace una serie de preguntas que lo desbordan con la inmensidad de la creación: dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Quién fijó sus medidas, quién tendió la cuerda sobre ella, quién asentó su piedra angular, cuando cantaban juntas las estrellas de la mañana y aclamaban todos los hijos de Dios? Dios recorre después el mar con sus puertas, la aurora que se apodera de los confines de la tierra, los depósitos de nieve y granizo, la lluvia sobre el desierto, las constelaciones del cielo, el león que caza su presa y el cuervo que clama a Dios por alimento. El efecto es situar la pregunta de Job dentro de un marco mucho más amplio. Job quería discutir su causa; Dios le muestra un mundo que supera infinitamente su comprensión, lleno de maravillas que nada tienen que ver con su drama personal. No es una reprensión a la honestidad de Job, sino una revelación de la majestad de Dios. La respuesta al misterio del sufrimiento no es una fórmula, sino una Persona, y esa Persona es el Creador que cuida incluso de los polluelos del cuervo. El capítulo enseña humildad ante el gobierno de Dios, más amplio de lo que vemos.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

A menudo reducimos a Dios al tamaño de nuestros problemas. Hoy sal a contemplar la creación, el cielo, el mar, un árbol, un animal, y deja que su inmensidad te recuerde quién es Dios. Lleva tu problema a esa perspectiva más amplia y confíalo al Creador, que sostiene todo con su palabra. Contemplar la creación devuelve a cada problema su tamaño real.

Oración

Señor, dónde estabas tú cuando se fundaban los cimientos de la tierra? Eres más grande que todas mis preguntas y más sabio que todos mis planes. Dame la humildad de confiar en ti y la paz de saber que sostienes el mundo entero en tus manos. Amén.

Acerca del libro de Job

El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.

El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.

Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.

Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.

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