Job
Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos
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Capítulo 8 de 42Capítulo 8
1 Bildad de Súaj tomó la palabra y dijo:
2 ¿Hasta cuándo estarás hablando de ese modo, y un gran viento serán las razones de tu boca?
3 ¿Acaso Dios tuerce el derecho, Sadday pervierte la justicia?
4 Si tus hijos pecaron contra él, ya los dejó a merced de sus delitos.
5 Mas si tú a Dios recurres e imploras a Sadday,
6 si eres irreprochable y recto, desde ahora él velará sobre ti y restaurará tu morada de justicia.
7 Tu pasado parecerá insignificante el lado de tu espléndido futuro.
8 Pregunta, si no, a la generación pasada, medita en la experiencia de sus padres.
9 Nosotros de ayer somos y no sabemos nada, como una sombra nuestros días en la tierra.
10 Pero ellos te instruirán y te hablarán, y de su corazón sacarán estas máximas:
11 «¿Brota acaso el papiro sin marismas? ¿Crece sin agua el junco?
12 Aún en su verdor, sin ser cortado, antes que toda otra hierba se marchita.
13 Tal es el fin de los que a Dios olvidan, así fenece la esperanza del impío.
14 Su confianza es un hilo solamente, su seguridad una tela de araña.
15 Se apoya en su morada, y no le aguanta, se agarra a ella y no resiste.
16 Bien regado ante la faz del sol, por encima de su huerto salían sus renuevos.
17 Sobre un majano entrelazadas sus raíces, vivía en una casa de piedra.
18 Mas cuando se le arranca de su sitio, éste le niega: "¡No te he visto jamás!"
19 Y vedle ya cómo se pudre en el camino, mientras que del suelo brotan otros.»
20 No, Dios no rechaza al íntegro, ni da la mano a los malvados.
21 La risa ha de llenar aún tu boca y tus labios el clamor de júbilo.
22 Tus enemigos serán cubiertos de vergüenza, y desaparecerá la tienda de los malos.
Reflexión del capítulo 8
Bildad toma la palabra con aún menos tacto que Elifaz. Acusa a las palabras de Job de ser un viento impetuoso y le pregunta cuánto seguirá hablando así, para afirmar después con rotundidad que Dios no tuerce el derecho. De ese principio extrae una conclusión cruel: si los hijos de Job murieron, fue porque pecaron. Le pide que busque a Dios y sea puro, prometiéndole que entonces Dios restauraría su morada y llenaría su boca de risa. El método de Bildad es la apelación a la tradición: pregunta a las generaciones pasadas, porque nosotros somos de ayer y nada sabemos. Hay sabiduría real en consultar la experiencia de los mayores, y el libro alabará más adelante la sabiduría de los antiguos. Pero Bildad usa la tradición como un sistema cerrado que no deja lugar al misterio ni al justo que sufre. Reduce todo el orden moral a una ecuación simple de obra y consecuencia, y al hacerlo añade al dolor de Job la carga de ser incomprendido. El capítulo muestra cómo un principio verdadero, aplicado sin amor y sin humildad, se vuelve falso en la práctica. Expone también una tentación común a toda época: defender a Dios explicando el sufrimiento, en lugar de confiar en él dentro del sufrimiento.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
La tradición y la experiencia valen, pero pueden convertirse en un muro que impide escuchar. Hoy, en una conversación en la que no estés de acuerdo, trata de comprender el dolor del otro antes de defender tu posición. Pide al Señor un corazón abierto al misterio y la paciencia de no tener siempre la última palabra. La paciencia con quien sufre es también paciencia con el Dios que actúa en secreto.
Oración
Señor, tú eres justo y tus caminos superan mi entendimiento. Guárdame de usar tu justicia para aplastar a los que sufren, y enséñame a escuchar con humildad a quienes no puedo explicar, confiando en que tú ves lo que yo no alcanzo. Amén.
Acerca del libro de Job
El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.
El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.
Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.
Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.
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