Job

Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos

Job

Capítulo 20

1 Sofar de Naamat tomó la palabra y dijo:

2 Por esto mis pensamientos a replicar me incitan: por la impaciencia que me urge.

3 Una lección que me ultraja he escuchado, mas el soplo de mi inteligencia me incita a responder.

4 ¿No sabes tú que desde siempre, desde que el hombre en la tierra fue puesto,

5 es breve la alegría del malvado, y de un instante el gozo del impío?

6 Aunque su talla se alzara hasta los cielos y las nubes tocara su cabeza,

7 como un fantasma desaparece para siempre, los que le veían dicen: «¿Dónde está?»

8 Se vuela como un sueño inaprensible, se le ahuyenta igual que a una visión nocturna.

9 El ojo que le observaba ya no le ve más, ni le divisa el lugar donde estaba.

10 A los pobres tendrán que indemnizar sus hijos, sus niños habrán de devolver sus bienes.

11 Sus huesos rebosaban de vigor juvenil: mas ya con él postrado está en el polvo.

12 Si el mal era dulce a su boca, si bajo su lengua lo albergaba,

13 si allí lo guardaba tenazmente y en medio del paladar lo retenía,

14 su alimento en sus entrañas se corrompe, en su interior se le hace hiel de áspid.

15 Vomita las riquezas que engulló, Dios se las arranca de su vientre.

16 Veneno de áspides chupaba: lengua de víbora le mata.

17 Ya no verá los arroyos de aceite, los torrentes de miel y de cuajada.

18 Devuelve su ganancia sin tragarla, no saborea el fruto de su negocio.

19 Porque estrujó las chozas de los pobres, robó casas en vez de construirlas;

20 porque su vientre se mostró insaciable, sus tesoros no le salvarán;

21 porque a su voracidad nada escapaba, por eso no dura su prosperidad.

22 En plena abundancia la estrechez le sorprende, la desgracia, en tromba, cae sobre él.

23 En el momento de llenar su vientre, suelta Dios contra él el ardor de su cólera y lanza sobre su carne una lluvia de saetas.

24 Si del arma de hierro logra huir, el arco de bronce le traspasa.

25 Sale una flecha por su espalda, una hoja fulgurante de su hígado. Los terrores se abalanzan sobre él,

26 total tiniebla aguarda a sus tesoros. Un fuego que nadie atiza le devora, y consume lo que en su tienda aún queda,

27 Los cielos ponen su culpa al descubierto, y la tierra se alza contra él.

28 La hacienda de su casa se derrama, como torrentes, en el día de la cólera.

29 Tal es la suerte que al malvado Dios reserva, la herencia de Dios para el maldito.

Reflexión del capítulo 20

Sofar habla otra vez, impulsado, como él dice, por su impaciencia por responder. Sostiene que el triunfo del malvado es breve y el gozo del impío un instante, que aunque su altura llegue a los cielos perecerá para siempre. Las imágenes son vivas y violentas: el malvado devora riquezas y tiene que vomitarlas, no puede disfrutar lo que adquirió, su alimento se vuelve amargo en su estómago, y los cielos revelarán su iniquidad. Sofar repite la misma tesis con más intensidad todavía, y sus palabras tienen el efecto de una maldición lanzada sobre Job. El capítulo ilustra cómo una idea fija puede endurecerse hasta volverse crueldad. Sofar no considera ni una sola vez que su esquema pueda ser inadecuado; simplemente lo aplica con más fuerza. Y sin embargo, sepultada en su discurso, hay una advertencia que es verdadera para todos: la prosperidad de los injustos es frágil, y la riqueza obtenida con opresión no trae paz. La tragedia es que dirige esa verdad a la persona equivocada. El libro sigue construyendo el argumento de que la sabiduría humana, incluso cuando repite temas bíblicos, no puede por sí sola interpretar el misterio de una vida concreta. Solo Dios puede revelar lo que está oculto.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Es fácil volverse más contundente cuando no nos escuchan. Hoy, observa si estás repitiendo un argumento con intensidad creciente. Da un paso atrás, pide al Señor paciencia y elige escuchar la experiencia del otro en lugar de reiterar tu posición. A veces callar a tiempo es la forma más elocuente de amar. La paciencia en el desacuerdo es una forma concreta de respetar al otro.

Oración

Señor, guárdame de la dureza de los que creen saberlo todo. Dame paciencia y humildad, y enséñame a confiar en que tú revelarás lo oculto en tu tiempo y a tu manera, sin que yo pretenda adelantarme a tu juicio. Amén.

Acerca del libro de Job

El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.

El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.

Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.

Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.

Compartir

Enlace copiado