Job
Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos
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Capítulo 10 de 42Capítulo 10
1 Asco tiene mi alma de mi vida: derramaré mis quejas sobre mí, hablaré en la amargura de mi alma.
2 Diré a Dios: ¡No me condenes, hazme saber por qué me enjuicias!
3 ¿Acaso te está bien mostrarte duro, menospreciar la obra de tus manos, y el plan de los malvados avalar?
4 ¿Tienes tú ojos de carne? ¿Como ve un mortal, ves tú?
5 ¿Son tus días como los de un mortal? ¿tus años como los días de un hombre?,
6 ¡para que andes rebuscando mi falta, inquiriendo mi pecado,
7 aunque sabes muy bien que yo no soy culpable, y que nadie puede de tus manos librar!
8 Tus manos me formaron, me plasmaron, ¡y luego, en arrebato, quieres destruirme!
9 Recuerda que me hiciste como se amasa el barro, y que al polvo has de devolverme.
10 ¿No me vertiste como leche y me cuajaste como queso?
11 De piel y de carne me vestiste y me tejiste de huesos y de nervios.
12 Luego con la vida me agraciaste y tu solicitud cuidó mi aliento.
13 Y algo más todavía guardabas en tu corazón, sé lo que aún en tu mente quedaba:
14 el vigilarme por si peco. y no verme inocente de mi culpa.
15 Si soy culpable, ¡desgraciado de mí! y si soy inocente, no levanto la cabeza, ¡yo saturado de ignominia, borracho de aflicción!
16 Y si la levanto, como un león me das caza, y repites tus proezas a mi costa.
17 Contra mí tu hostilidad renuevas, redoblas tu saña contra mí; sin tregua me asaltan tus tropas de relevo.
18 ¿Para qué me sacaste del seno? Habría muerto sin que me viera ningún ojo;
19 sería como si no hubiera existido, del vientre se me habría llevado hasta la tumba.
20 ¿No son bien poco los días de mi existencia? Apártate de mí para gozar de un poco de consuelo,
21 antes que me vaya, para ya no volver, a la tierra de tinieblas y de sombra,
22 tierra de oscuridad y de desorden, donde la misma claridad es como la calígine.
Reflexión del capítulo 10
Job prosigue su diálogo con Dios, y el tono es de profundo cansancio: su alma está hastiada de su vida y va a derramar su queja. Pide a Dios que no lo condene, sino que le muestre por qué litiga con él, y luego plantea una serie de preguntas que tocan el corazón del misterio: acaso le agrada a Dios ser duro con la obra de sus propias manos? Ve Dios con ojos humanos, o si sus días se cuentan como los de cualquier hombre, para que ande buscando su falta? Después aparece una de las imágenes más tiernas y audaces del libro: Job recuerda que las manos de Dios lo formaron, que fue derramado como leche y cuajado como queso, y pregunta por qué ahora destruiría lo que hizo con tanto cuidado. Incluso desea haber muerto antes de que nadie lo viera, y pregunta por qué fue sacado del vientre. Es un lamento crudo, pero arraigado en la memoria de haber sido creado con esmero. El argumento de Job no es que Dios esté ausente, sino que Dios es quien lo hizo y ahora parece estar en su contra. El capítulo muestra que el sufrimiento puede sentirse como una contradicción en el mismo centro de la relación con Dios, y que nos está permitido nombrar esa contradicción en voz alta.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Cuando la vida parece no tener sentido, recordar que fuiste creado con amor puede ser una cuerda de salvamento. Hoy, si te sientes desbordado, no huyas de Dios, sino háblale de la contradicción que sientes. Deja que la memoria de su cuidado por ti, desde el inicio de tu vida, te sostenga y devuelva a tu historia su dignidad. Deja que la gratitud por tu existencia sea más fuerte que el sinsentido momentáneo.
Oración
Señor, tus manos me formaron y me dieron la vida. Cuando todo parece contradecir tu amor, sostenme en el recuerdo de tu cuidado. No permitas que mi cansancio se vuelva desesperación, sino mantenme cerca de ti. Amén.
Acerca del libro de Job
El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.
El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.
Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.
Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.
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