Job
Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos
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Capítulo 35 de 42Capítulo 35
1 Elihú reanudó su discurso y dijo:
2 ¿Crees que eso es juicioso, piensas ser más justo que Dios,
3 cuando dices: «¿Qué te importa a ti, o de qué me sirve a mí no haber pecado»?
4 Yo te daré respuesta, y contigo a tus amigos.
5 ¡Mira a los cielos y ve, observa cómo las nubes son mas altas que tú!
6 Si pecas, ¿qué le causas?, si se multiplican tus ofensas, ¿qué le haces?
7 ¿Qué le das, si eres justo, o qué recibe él de tu mano?
8 A un hombre igual que tú afecta tu maldad, a un hijo de hombre tu justicia.
9 Bajo la carga de la opresión se gime, se grita bajo el brazo de los grandes,
10 mas nadie dice: «¿Dónde está Dios, mi hacedor, el que hace resonar los cantares en la noche,
11 el que nos hace más hábiles que las bestias de la tierra, más sabios que los pájaros del cielo?»
12 Entonces se grita, sin que responda él, a causa del orgullo de los malos.
13 Seguro, la falsedad Dios no la escucha, Sadday no le presta atención.
14 Mucho menos, el decir que no le adviertes, que un proceso está ante él y que le esperas;
15 o también que su cólera no castiga nada, y que ignora la rebelión del hombre.
16 Job, pues, abre en vano su boca, multiplica a lo tonto las palabras.
Reflexión del capítulo 35
Elihú prosigue, preguntando a Job si piensa que es justo decir que es más recto que Dios. Argumenta que si una persona peca, no daña a Dios, y si es justa, no lo beneficia como si él necesitara algo. El bien y el mal humanos afectan a otras personas, no al ser mismo de Dios. Reflexiona después sobre la oración: la gente clama bajo la opresión, pero no dice: dónde está el Dios que los hizo, el que inspira cantos en la noche? Observa que el orgullo impide buscar a Dios, y que Dios no escucha los gritos vacíos; son los arrogantes quienes claman y no son atendidos. El punto de Elihú es que el sufrimiento debería llevar a la persona a buscar a Dios en lugar de acusarlo, y que Dios escucha al humilde, no al presuntuoso. Hay sabiduría aquí: Dios no se empobrece con nuestros pecados ni se enriquece con nuestras virtudes, y la oración debe ser humilde y no exigente. Pero Elihú vuelve a aplicarlo mal a Job, acusándolo de multiplicar palabras sin conocimiento. El capítulo invita a examinar la calidad de nuestra propia oración: es un clamor humilde al Dios que da canciones en la noche, o una exigencia de que Dios nos explique?
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
La oración no es una negociación, sino una relación. Hoy examina el tono de tu oración: exiges respuestas o buscas al Dios que da canciones en la noche? Pídele un corazón humilde que clame hacia él y no contra él, y comprueba si en tu vida queda espacio para escuchar lo que él quiera decirte. Una oración humilde abre el corazón más que mil exigencias.
Oración
Señor, no necesitas mis obras, pero deseas mi corazón. Enséñame a buscarte con humildad, a clamarte como mi Hacedor y a confiar en que escuchas la oración del humilde y no las exigencias del soberbio. Amén.
Acerca del libro de Job
El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.
El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.
Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.
Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.
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