Job
Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos
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Capítulo 12 de 42Capítulo 12
1 Job tomó la palabra y dijo:
2 En verdad, vosotros sois el pueblo, con vosotros la Sabiduría morirá.
3 Yo también sé pensar como vosotros, no os cedo en nada: ¿a quién se le ocultan esas cosas?
4 La irrisión de su amigo, eso soy yo, cuando grito hacia Dios para obtener repuesta. ¡Irrisión es el justo perfecto!
5 «¡Al infortunio, el desprecio! - opinan los dichosos -; ¡un golpe más a quien vacila!»
6 Mientras viven en paz las tiendas de los salteadores, en plena seguridad los que irritan a Dios, los que meten a Dios en su puño!
7 Pero interroga a las bestias, que te instruyan, a las aves del cielo, que te informen.
8 Te instruirán los reptiles de la tierra, te enseñarán los peces del mar.
9 Pues entre todos ellos, ¿quién ignora que la mano de Dios ha hecho esto?
10 El, que tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre.
11 ¿No es el oído el que aprecia los discursos, como el paladar saborea los manjares?
12 ¿No está entre los ancianos el saber, en los muchos años la inteligencia?
13 Pero con él sabiduría y poder, de él la inteligencia y el consejo.
14 Si él destruye, no se puede edificar; si a alguno encierra, no se puede abrir.
15 Si retiene las aguas, sobreviene sequía, si las suelta, avasallan la tierra.
16 Con él la fuerza y la agudeza; suyos son seducido y seductor.
17 A los consejeros hace él andar descalzos, y entontece a los jueces.
18 Desata la banda de los reyes y les pasa una soga por los lomos.
19 Hace andar descalzos a los sacerdotes y derriba a los que están más firmes.
20 Quita el habla a los más hábiles y a los ancianos arrebata el juicio.
21 Sobre los nobles vierte el menosprecio y suelta la correa de los fuertes.
22 Revela la profundidad de las tinieblas, y saca a la luz la sombra.
23 Levanta a las naciones y luego las destruye, ensancha a los pueblos y luego los suprime.
24 Quitá el ánimo a los jefes del país, los hace vagar por desierto sin camino;
25 y andan a tientas en tinieblas, sin luz, se tambalean como un ebrio.
Reflexión del capítulo 12
Job responde con ironía: sin duda vosotros sois el pueblo, y con vosotros morirá la sabiduría. Protesta que no es inferior a ellos en entendimiento, y que estas cosas no le están ocultas solo a él. Después formula una queja que recorre todo el libro: se ha convertido en burla para sus amigos, él, un hombre justo e íntegro, mientras las tiendas de los ladrones prosperan y los que provocan a Dios viven seguros. Job despliega entonces un himno magnífico a la soberanía de Dios: Dios derriba y nadie reconstruye, encierra a un hombre y nadie lo abre; hace que los consejeros se alejen despojados, vuelve necios a los jueces, quita el habla a los que merecían confianza y priva de discernimiento a los ancianos. Nada escapa a su mano. Hay aquí una lección dura: Job está descubriendo que la libertad de Dios no se deja capturar por las fórmulas ordenadas de sus amigos. A veces los malvados prosperan y los sabios son humillados, y eso no significa que Dios haya perdido el control. De hecho, el himno de Job afirma que Dios es más soberano, no menos, de lo que sus amigos imaginan. El capítulo revela también la soledad del que sufre cuando se convierte en objeto de burla, y el valor de quien se niega a abandonar su integridad aunque todos lo malinterpreten.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Duele ser malinterpretado cuando haces lo correcto. Hoy, si te sientes burlado o juzgado injustamente, encomienda tu reputación a Dios, que ve la verdad. Y examina si alguna vez te has reído de alguien cuyo sufrimiento no entendías; si es así, pide perdón y ofrece una palabra que repare. Encomendar la propia fama a Dios libera el corazón de la tiranía de la apariencia y devuelve la paz.
Oración
Señor, tú eres soberano sobre todo y ningún plan humano escapa a tu mano. Cuando me malinterpreten o se burlen de mí, enséñame a encomendarme a ti, y guárdame de reírme alguna vez del dolor de otro. Amén.
Acerca del libro de Job
El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.
El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.
Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.
Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.
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