Job

Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos

Job

Capítulo 15

1 Elifaz de Temán tomó la palabra y dijo:

2 ¿Responde un sabio con una ciencia de aire, hincha su vientre de solano,

3 replicando con palabras vacías, con discursos inútiles?

4 ¡Tú llegas incluso a destruir la piedad, a anular los piadosos coloquios ante Dios!

5 Ya que tu culpa inspira tus palabras, y eliges el hablar de los astutos,

6 tu propia boca te condena, que no yo, tus mismos labios atestiguan contra ti.

7 ¿Has nacido tú el primero de los hombres? ¿Se te dio a luz antes que a las colinas?

8 ¿Escuchas acaso los secretos de Dios? ¿acaparas la sabiduría?!

9 ¿Qué sabes tú, que nosotros no sepamos? ¿qué comprendes, que a nosotros se escape?

10 ¡También entre nosotros hay un cano, un anciano, más cargado de días que tu padre!

11 ¿Te parecen poco los consuelos divinos, y una palabra que con dulzura se te dice?

12 ¡Cómo te arrebata el corazón, qué aviesos son tus ojos,

13 cuando revuelves contra Dios tu furia y echas palabras por la boca!

14 ¿Cómo puede ser puro un hombre? ¿cómo ser justo el nacido de mujer?

15 Si ni en sus santos tiene Dios confianza, y ni los cielos son puros a sus ojos,

16 ¡cuánto menos un ser abominable y corrompido, el hombre, que bebe la iniquidad como agua!

17 Voy a instruirte, escúchame, voy a contarte lo que he visto,

18 lo que transmiten los sabios, sin pasar por alto nada de sus padres,

19 - a ellos solos les fue dada la tierra, sin que se mezclara extranjero entre ellos -:

20 «Todos sus días vive el malvado en tormento, contados están los años asignados al tirano.

21 Grito de espanto resuena en sus oídos, en plena paz el bandido le asalta.

22 No espera escapar a las tinieblas, y se ve destinado a la espada.

23 Asignado como pasto de los buitres, sabe que su ruina es inminente. La hora de las tinieblas

24 le espanta, la ansiedad y la angustia le invaden, como un rey pronto al asalto.

25 ¡Alzaba él su mano contra Dios, se atrevía a retar a Sadday!

26 Embestía contra él, el cuello tenso, tras las macizas gibas de su escudo;

27 porque tenía el rostro cubierto de grasa, en sus ijadas había echado sebo,

28 y habitaba ciudades destruidas, casas inhabitadas que amenazaban convertirse en ruinas.

29 No se enriquecerá, no será estable su fortuna, su sombra no cubrirá la tierra,

30 (ni escapará a las tinieblas). Agotará sus renuevos la llama, su flor será barrida por el viento.

31 No se fíe de su elevada talla, pues vanidad es su follaje.

32 Se amustiará antes de tiempo, y sus ramas no reverdecerán.

33 Sacudirá como la viña sus agraces, como el olivo dejará caer su flor.

34 Sí, es estéril la ralea del impío, devora el fuego la tienda del soborno.

35 Quien concibe dolor, desgracia engendra, su vientre incuba decepción»

Reflexión del capítulo 15

Elifaz habla de nuevo, y esta vez su tono es mucho más duro. Acusa a Job de responder con una ciencia vacía y de socavar la piedad, llegando a decir que su propia boca lo condena. Apela otra vez a la tradición de los sabios y describe con detalle el destino del malvado, que vive en angustia, es visitado por el terror y ve desvanecerse su riqueza. Elifaz ha pasado de la sugerencia amable al ataque abierto, convencido de que las palabras de Job son prueba de su culpa. El capítulo es un estudio de cómo un debate se encona cuando cada parte se afirma más en el error del otro. El error de Elifaz no es creer en el orden moral del mundo; es identificar ese orden con la voluntad de Dios en cada caso particular, sin dejar lugar a la libertad ni al misterio de Dios. Habla del malvado como si la descripción encajara evidentemente con Job, y al hacerlo añade insulto al daño. El libro muestra que una amistad puede arruinarse no solo por malicia, sino por la repetición confiada de una verdad parcial. E invita a considerar con qué facilidad también nosotros convertimos un principio verdadero en un veredicto sobre otra persona.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Una discusión se convierte en muro cuando cada parte insiste en tener razón. Hoy, en un desacuerdo que se ha vuelto áspero, da un paso atrás y pregúntate si defiendes la verdad o tu necesidad de ganar. Elige una palabra de paz en lugar de otra acusación, y deja que el otro tenga espacio para hablar. Defender la verdad sin amor acaba dejando de ser verdad y solo alimenta el orgullo.

Oración

Señor, guárdame de endurecer el corazón en una discusión. Enséñame a sostener tu verdad con humildad y a tratar con respeto a quienes no piensan como yo, recordando que solo tú conoces el corazón humano. Amén.

Acerca del libro de Job

El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.

El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.

Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.

Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.

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