Job
Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos
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Capítulo 25 de 42Capítulo 25
1 Bildad de Súaj tomó la palabra y dijo:
2 Es soberano de temible fuerza el que hace reinar la paz en sus alturas.
3 ¿Puede contar alguien sus tropas? ¿Contra quién no se alza su luz?
4 ¿Cómo un hombre será justo ante Dios? ¿cómo puro el nacido de mujer?
5 Si ni la luna misma tiene brillo, ni las estrellas son puras a sus ojos,
6 ¡cuánto menos un hombre, esa gusanera, un hijo de hombre, ese gusano!
Reflexión del capítulo 25
El tercer discurso de Bildad es muy breve, y eso indica que los amigos se han quedado sin argumentos. Afirma el dominio de Dios y el temor que se le debe, diciendo que Dios hace la paz en sus alturas y que nadie puede contar sus ejércitos. Después repite la pregunta conocida: cómo puede un hombre ser justo ante Dios, o uno nacido de mujer ser puro? Concluye con una imagen dura: si ni la luna ni los astros brillan limpios ante su mirada, cuánto menos un hombre, que es un gusano. La afirmación sobre la fragilidad humana contiene una verdad que la Escritura repite, pero Bildad la usa para aplastar a Job en lugar de humillarse él mismo. Quiere cerrar la discusión reduciendo a la humanidad a la nada, y en especial a Job. El capítulo marca el derrumbe del caso de los amigos: ya no tienen nada más que decir, y su última palabra es un insulto en lugar de un consuelo. Es un recordatorio de que una teología que termina despreciando a la persona humana no es teología bíblica. La Biblia insiste a la vez en la grandeza de Dios y en la dignidad del ser humano hecho a su imagen. Bildad subraya solo lo primero, y así lo distorsiona.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
La humildad ante la grandeza de Dios nunca debe llevarte a despreciarte a ti mismo ni a los demás. Hoy, si tiendes a rebajarte o a mirar por encima del hombro, recuerda que estás hecho a imagen de Dios. Pide una humildad que honre a la vez a Dios y a la persona humana, sin rebajarla ni divinizarla. Reconocer tu dignidad y la ajena es honrar al Creador de ambos.
Oración
Señor, tú eres grande y tu sabiduría me supera, pero me has hecho a tu imagen. Dame una humildad que no desprecie la dignidad que me has dado ni la de ningún ser humano. Amén.
Acerca del libro de Job
El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.
El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.
Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.
Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.
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