Job
Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos
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Capítulo 6 de 42Capítulo 6
1 Job tomó la palabra y dijo:
2 ¡Ah, si pudiera pesarse mi aflicción, si mis males se pusieran en la balanza juntos!
3 Pesarían más que la arena de los mares: por eso mis razones se desmandan.
4 Pues las flechas de Sadday están en mí, mi espíritu bebe su veneno, y contra mí se alinean los terrores de Dios.
5 ¿Rozna el onagro junto a la hierba verde? ¿muge el buey junto al forraje?
6 ¿Se come acaso lo insípido sin sal? en la clara del huevo ¿hay algún gusto?
7 Lo que aun tocar me repugnaba eso es ahora mi comida de enfermo.
8 ¡Ojalá se realizara lo que pido, que Dios cumpliera mi esperanza,
9 que él consintiera en aplastarme, que soltara su mano y me segara!
10 Tendría siquiera este consuelo, exultaría de gozo en mis tormentos crueles, por no haber eludido los decretos del Santo.
11 ¿Cuál es mi fuerza para que aún espere, qué fin me espera para que aguante mi alma?
12 ¿Es mi fuerza la fuerza de la roca? ¿es mi carne de bronce?
13 ¿No está mi apoyo en una nada? ¿no se me ha ido lejos toda ayuda?
14 El que retira la compasión al prójimo abandona el temor de Sadday.
15 Me han defraudado mis hermanos lo mismo que un torrente, igual que el lecho de torrentes que pasan:
16 turbios van de aguas de hielo, sobre ellos se disuelve la nieve;
17 pero en tiempo de estiaje se evaporan, en cuanto hace calor se extinguen en su lecho.
18 Por ellos las caravanas se apartan de su ruta, en el desierto se adentran y se pierden.
19 Las caravanas de Temá los otean, en ellos esperan los convoyes de Sabá.
20 Pero se ve corrida su confianza; al llegar junto a ellos se quedan confundidos.
21 Así sois ahora vosotros para mí: veis algo horrible y os amedrentáis.
22 ¿He dicho acaso: «Dadme algo, haced regalos por mí de vuestros bienes;
23 arrancadme de la mano de un rival, de la mano de tiranos rescatadme?»
24 Instruidme, que yo me callaré; hacedme ver en qué me he equivocado.
25 ¡Qué dulces son las razones ecuánimes!, pero, ¿qué es lo que critican vuestras críticas?
26 ¿Intentáis criticar sólo palabras, dichos desesperados que se lleva el viento?
27 ¡Vosotros echáis a suerte al mismo huérfano, especuláis con vuestro propio amigo!
28 Y ahora, por favor, volveos a mí, que no he de mentiros a la cara.
29 ¡Tornad, pues, que no haya entuerto! ¡Tornad, que está en juego mi justicia!
30 ¿Hay entuerto en mis labios? ¿no distingue mi paladar las cosas malas?
Reflexión del capítulo 6
Job responde a Elifaz, y su primera preocupación no es defenderse, sino hacerse entender: si su angustia pudiera pesarse, sería más pesada que la arena del mar, y por eso sus palabras se desbordan. Siente dentro de sí las flechas del Todopoderoso, y dice que los terrores de Dios se han alineado contra él. Después se dirige a sus amigos con una queja que se ha vuelto imagen clásica: son como un torrente que se seca en verano y decepciona al viajero que confió en su agua. Esperaba lealtad y encontró reproche. Job no pide que le digan que es inocente de todo; pide que lo escuchen. Incluso les ruega que le enseñen si se ha equivocado, mostrando que no está cerrado a la corrección: solo se niega a ser condenado sin causa. El capítulo revela la necesidad más honda del que sufre: no explicaciones, sino comprensión. Job habla además con una franqueza estremecedora, pidiendo a Dios que lo aplaste y acabe con su vida, y aun en esa petición hay una extraña honestidad. Prefiere una verdad dura a una mentira blanda. E insiste en una cosa: sus palabras no son vacías, nacen de un tormento real que sus amigos se niegan a ver.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Quien sufre no necesita soluciones, sino sentirse comprendido. Hoy practica la escucha sin interrumpir ni aconsejar: deja que alguien te cuente su dolor y recíbelo sin minimizarlo. Y si eres tú quien sufre, permítete pedir la comprensión que necesitas en lugar de esconderla, porque pedir ser escuchado también es un acto de humildad. Escuchar de verdad es una de las formas más puras de caridad.
Oración
Señor, tú conoces el peso de mi angustia y no desprecias mis palabras honestas. Dame amigos que escuchen y hazme un amigo que escucha; enséñame a ser fiel con los que sufren como tú eres fiel conmigo. Amén.
Acerca del libro de Job
El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.
El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.
Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.
Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.
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