Job

Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos

Job

Capítulo 16

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 ¡He oído muchas cosas como ésas! ¡Consoladores funestos sois todos vosotros!

3 «¿No acabarán esas palabras de aire?» O: «¿qué es lo que te pica para responder?»

4 También yo podría hablar como vosotros, si estuvierais en mi lugar; contra vosotros ordenaría discursos, meneando por vosotros mi cabeza;

5 os confortaría con mi boca, y no dejaría de mover los labios.

6 Mas si hablo, no cede mi dolor, y si callo, ¿acaso me perdona?

7 Ahora me tiene ya extenuado; tú has llenado de horror a toda la reunión

8 que me acorrala; mi calumniador se ha hecho mi testigo, se alza contra mí, a la cara me acusa;

9 su furia me desgarra y me persigue, rechinando sus dientes contra mí. Mis adversarios aguzan sobre mí sus ojos,

10 abren su boca contra mí. Ultrajándome hieren mis mejillas, a una se amotinan contra mí.

11 A injustos Dios me entrega, me arroja en manos de malvados.

12 Estaba yo tranquilo cuando él me golpeó, me agarró por la nuca para despedazarme. Me ha hecho blanco suyo:

13 me cerca con sus tiros, traspasa mis entrañas sin piedad y derrama por tierra mi hiel.

14 Abre en mí brecha sobre brecha, irrumpe contra mí como un guerrero.

15 Yo he cosido un sayal sobre mi piel, he hundido mi frente en el polvo.

16 Mi rostro ha enrojecido por el llanto, la sombra mis párpados recubre.

17 Y eso que no hay en mis manos violencia, y mi oración es pura.

18 ¡Tierra, no cubras tú mi sangre, y no quede en secreto mi clamor!

19 Ahora todavía está en los cielos mi testigo, allá en lo alto está mi defensor,

20 que interpreta ante Dios mis pensamientos; ante él fluyen mis ojos:

21 ¡Oh, si él juzgara entre un hombre y Dios, como entre un mortal y otro mortal!

22 Pues mis años futuros son contados, y voy a emprender el camino sin retorno.

Reflexión del capítulo 16

Job responde con un grito de dolor: ha oído muchas cosas como esas, y llama a sus amigos consoladores molestos. Dice que si ellos estuvieran en su lugar, él podría hablar como ellos, pero en cambio los fortalecería con su boca y los consolaría con sus labios. Es una afirmación preciosa de lo que sería un consuelo verdadero. Después describe otra vez su sufrimiento: Dios lo ha marchitado, su rostro está enrojecido de tanto llorar y, sin embargo, sus manos están limpias. Y aquí, en medio del lamento, aparece un destello de esperanza: incluso ahora, dice Job, su testigo está en los cielos y su defensor en lo alto; anhela que alguien interceda por él ante Dios como se intercede por un amigo. Este es uno de los versículos más importantes del libro. Job, que no ha encontrado defensor en la tierra, confía en que tiene uno en el cielo. Todavía no sabe quién es, pero su esperanza se sitúa más allá de su capacidad de explicarla. El capítulo muestra las dos caras de la experiencia de Job: por un lado, el fracaso del consuelo humano; por otro, la persistencia de una esperanza escondida de que Dios mismo será su testigo. En el fondo de su soledad, Job se aferra a la posibilidad de que Dios no sea solo su acusador, sino también su defensor.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Cuando falla el apoyo humano, recuerda que tienes un defensor en el cielo. Hoy, si te sientes solo en tu dolor, pide a Cristo que sea tu abogado y tu testigo, y pide al Señor que te haga un verdadero consolador en lugar de uno que molesta. Consolar es una tarea que se aprende de rodillas. Que el Señor te enseñe a consolar como él consuela, con ternura y sin ruido.

Oración

Señor, incluso ahora mi testigo está en el cielo y mi defensor en lo alto. Cuando nadie me comprenda, sé tú mi abogado; y cuando otros sufran, enséñame a consolar con tu ternura y no con palabras vacías. Amén.

Acerca del libro de Job

El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.

El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.

Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.

Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.

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