Job
Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos
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Capítulo 5 de 42Capítulo 5
1 ¡Llama, pues! ¿Habrá quien te responda? ¿a cuál de los santos vas a dirigirte?
2 En verdad el enojo mata al insensato, la pasión hace morir al necio.
3 Yo mismo he visto al insensato echar raíces, y sin tardar he maldecido su morada:
4 ¡Estén sus hijos lejos de toda salvación, sin defensor hollados en la Puerta!
5 Su cosecha la devora un hambriento, pues Dios se la quita de los dientes, y los sedientos absorben su fortuna.
6 No, no brota la iniquidad el polvo, ni germina del suelo la aflicción.
7 Es el hombre quien la aflicción engendra, como levantan el vuelo los hijos del relámpago.
8 Yo por mí a Dios recurriría, expondría a Dios mi causa.
9 El es autor de obras grandiosas e insondables, de maravillas sin número.
10 El derrama la lluvia sobre la haz de la tierra, y envía las aguas a los campos.
11 Para poner en alto a los postrados, y que los míseros a la salud se eleven,
12 las tramas de los astutos desbarata, y sus manos no logran sus intrigas.
13 Prende a los sabios en su astucia, el consejo de los sagaces se hace ciego.
14 En pleno día tropiezan con tinieblas, a mediodía van a tientas cual si fuese de noche.
15 El salva al arruinado de sus fauces y al indigente de las manos del violento.
16 Así el débil renace a la esperanza, y cierra su boca la injusticia.
17 ¡Oh sí, feliz el hombre a quien corrige Dios! ¡No desprecies, pues, la lección de Sadday!
18 Pues él es el que hiere y el que venda la herida, el que llaga y luego cura con su mano;
19 seis veces ha de librarte de la angustia, y a la séptima el mal no te alcanzará.
20 Durante el hambre te salvará de la muerte, y en la guerra, del alcance de la espada.
21 Estarás a cubierto del punzón de la lengua, sin miedo a la devastación, cuando se acerque.
22 Te reirás de la sequía y de la helada, y no temerás a las bestias de la tierra.
23 Pues con las piedras del campo harás alianza, la bestia salvaje vivirá en paz contigo.
24 Sabrás que tu tienda está a cubierto, nada echarás en falta cuando revises tu morada.
25 Sabrás que tu descendencia es numerosa, tus vástagos, como la hierba de la tierra.
26 Llegarás a la tumba vigoroso, como se hacinan las gavillas a su tiempo.
27 Todo esto es lo que hemos observado: y así es. A ti te toca escuchar y aprovecharte.
Reflexión del capítulo 5
Elifaz continúa su consejo, animando a Job a recurrir a Dios y a considerarse dichoso si el Todopoderoso lo corrige, porque Dios hiere pero también venda, y golpea pero también sana. Pinta el destino de los malvados, cuyos planes quedan atrapados en sus propias redes, y el del hombre dichoso a quien Dios protege del hambre y de la maledicencia, que llega a la tumba con vigor. Hay en este discurso una belleza real y una verdad que conviene guardar: la corrección de Dios puede ser una gracia, y el sufrimiento no siempre carece de sentido. Pero Elifaz vuelve a aplicar un principio general a un caso particular que no conoce. Supone que el sufrimiento de Job debe ser una corrección divina por algún pecado, y así su consuelo se convierte en una acusación sutil. El problema no son las palabras en sí, que a menudo repiten la sabiduría de los salmos y los proverbios, sino el uso que hace de ellas. El capítulo nos enseña que la verdadera sabiduría no es la capacidad de explicarlo todo, sino la humildad de reconocer cuándo una explicación no nos corresponde. Job no aceptará un consuelo que le exija mentir sobre su propia conciencia. Y Dios, al final del libro, dirá a los amigos que no hablaron rectamente de él, aunque sus palabras sonaran piadosas.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Es tentador dar consejos que nos hagan sentir útiles. Hoy, antes de hablar con alguien que sufre, pregúntate si tus palabras consolarán de verdad o solo defenderán tus ideas. A veces lo mejor que puedes ofrecer no es una respuesta, sino tu presencia y tu escucha. Elige hoy callar y acompañar en lugar de aconsejar. A veces el silencio compartido consuela más que cualquier consejo bien intencionado.
Oración
Señor, enséñame que la verdadera sabiduría no es explicarlo todo, sino confiar en ti en lo que no entiendo. Guarda mi lengua de decir palabras piadosas que hieren, y dame un corazón humilde y compasivo. Amén.
Acerca del libro de Job
El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.
El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.
Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.
Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.
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