Job

Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos

Job

Capítulo 27

1 Job continuó pronunciando su discurso y dijo:

2 ¡Vive Dios, que justicia me rehúsa, por Sadday, que me ha amargado el alma,

3 mientras siga en mí todo mi espíritu y el aliento de Dios en mis narices,

4 no dirán mis labios falsedad, ni mi lengua proferirá mentira!

5 Lejos de mí daros la razón: hasta mi último suspiro mantendré mi inocencia.

6 Me he aferrado a mi justicia, y no la soltaré, mi corazón no se avergüenza de mis días.

7 ¡Tenga la suerte del malvado mi enemigo, la del injusto mi adversario!

8 Pues ¿cuál es la esperanza del impío cuando suplica, cuando hacia Dios eleva su alma?

9 ¿Acaso Dios escucha su gemido, cuando viene sobre él una calamidad?

10 ¿Tenía él sus delicias en Sadday? ¿invocaba a Dios en todo instante?

11 Yo os muestro el proceder de Dios, sin ocultar los secretos de Sadday.

12 Y si todos vosotros ya lo habéis comprobado, ¿para qué esos vanos discursos al vacío?

13 Esta es la suerte que al malvado Dios reserva, la herencia que reciben de Sadday los violentos.

14 Aunque sean muchos sus hijos, son para la espada, y sus vástagos no tendrán pan con que saciarse.

15 Los que queden serán sepultados por la Peste, y sus viudas no los llorarán.

16 Si acumula la plata como polvo, si amontona vestidos como fango,

17 ¡que amontone!: un justo se vestirá con ellos, un inocente heredará la plata.

18 Se edificó una casa de araña, como garita que un guarda construye.

19 Rico se acuesta, mas por última vez; cuando abre los ojos, ya no es nada.

20 En pleno día le asaltan los terrores, de noche un torbellino le arrebata.

21 El solano se lo lleva, y desaparece, le arranca del lugar de su mansión.

22 Sin compasión por blanco se le toma, trata de huir de la mano que le hiere.

23 Bátense palmas a su ruina, doquiera se encuentre se le silba.

Reflexión del capítulo 27

Job continúa su discurso y aquí pronuncia un juramento solemne: mientras tenga aliento, no dirá falsedad ni proferirá mentira; no les dará la razón a sus amigos; mantendrá su inocencia y no la soltará, y su corazón no le reprocha ninguno de sus días. Es una afirmación poderosa de integridad. Job no pretende ser sin pecado en sentido absoluto; insiste en que no ha cometido el tipo de pecado grave que sus amigos le atribuyen, y se niega a mentir sobre ello para satisfacerlos. Después describe el destino del malvado en términos parecidos a los que han usado sus amigos, quizá para mostrar que él también cree en la justicia de Dios; pero lo hace como verdad general, no como confesión sobre sí mismo. El capítulo muestra el valor que se necesita para mantener la propia integridad cuando todos a tu alrededor te presionan para que admitas una falta que no tienes. La negativa de Job no es terquedad, sino veracidad. Y enseña que una buena conciencia vale más que la aprobación de los demás, incluso cuando esa aprobación se ofrece como precio de la paz.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Existe la presión de admitir una culpa solo para terminar un conflicto. Hoy sé veraz sin ponerte a la defensiva: no mientas para agradar, pero tampoco uses tu integridad como arma. Pide a Dios el valor de ser honesto y la humildad de reconocer cualquier falta real, sin confundir firmeza con dureza. La firmeza sin humildad se convierte pronto en terquedad, y la humildad sin firmeza en cobardía.

Oración

Señor, tú eres testigo de mi conciencia. Dame el valor de mantener la verdad sin soberbia, de admitir mis faltas reales sin excusas y de confiar en ti más que en la aprobación de los demás. Amén.

Acerca del libro de Job

El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.

El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.

Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.

Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.

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