Job
Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos
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Capítulo 21 de 42Capítulo 21
1 Job tomó la palabra y dijo:
2 Escuchad, escuchad mis razones, dadme siquiera este consuelo.
3 Tened paciencia mientras hablo yo, cuando haya hablado, os podréis burlar.
4 ¿Acaso me quejo yo de un hombre? ¿Por qué entonces no he de ser impaciente?
5 Volved hacia mí: quedaréis espantados y la mano pondréis en vuestra boca.
6 Que yo mismo me horrorizo al recordarlo, y mi carne es presa de un escalofrío.
7 ¿Por qué siguen viviendo los malvados, envejecen y aún crecen en poder?
8 Su descendencia ante ellos se afianza, sus vástagos se afirman a su vista.
9 En paz sus casas, nada temen, la vara de Dios no cae sobre ellos.
10 Su toro fecunda sin marrar, sin abortar su vaca pare.
11 Dejan correr a sus niños como ovejas, sus hijos brincan como ciervos.
12 Cantan con arpa y cítara, al son de la flauta se divierten.
13 Acaban su vida en la ventura, en paz descienden al seol.
14 Y con todo, a Dios decían: «¡Lejos de nosotros, no queremos conocer tus caminos!
15 ¿Qué es Sadday para que le sirvamos, qué podemos ganar con aplacarle?»
16 ¿No está en sus propias manos su ventura, aunque el consejo de los malos quede lejos de Dios?
17 ¿Cuántas veces la lámpara de los malos se apaga, su desgracia irrumpe sobre ellos, y él reparte dolores en su cólera?
18 ¿Son como paja ante el viento, como tamo que arrebata un torbellino?
19 ¿Va a guardar Dios para sus hijos su castigo? ¡que le castigue a él, para que sepa!
20 ¡Vea su ruina con sus propios ojos, beba de la furia de Sadday!
21 ¿Qué le importa la suerte de su casa, después de él, cuando se haya cortado la cuenta de sus meses?
22 Pero, ¿se enseña a Dios la ciencia? ¡Si es él quien juzga a los seres más excelsos!
23 Hay quien muere en su pleno vigor, en el colmo de la dicha y de la paz,
24 repletos de grasa su ijares, bien empapado el meollo de sus huesos.
25 Y hay quien muere, la amargura en el alma, sin haber gustado la ventura.
26 Juntos luego se acuestan en el polvo, y los gusanos los recubren.
27 ¡Oh, sé muy bien lo que pensáis, las malas ideas que os formáis sobre mí!
28 «¿Dónde está, os decís, la casa del magnate? ¿dónde la tienda que habitaban los malos?»
29 ¿No habéis interrogado a los viandantes? ¿no os han pasmado los casos que refieren?
30 Que el malo es preservado en el día del desastre, en el día de los furores queda a salvo.
31 Pues, ¿quién le echa en cara su conducta y le da el merecido de su obras?
32 Cuando es llevado al cementerio, sobre el mausoleo hace vela.
33 Dulces le son los terrones del torrente, y detrás de él desfila todo el mundo.
34 ¿Cómo, pues, me consoláis tan en vano? ¡Pura falacia son vuestras respuestas!
Reflexión del capítulo 21
Job pide a sus amigos que lo escuchen y le concedan al menos ese consuelo. Después desafía su teoría de frente: por qué viven los malvados, envejecen y se hacen poderosos? Describe su prosperidad con detalle: sus hijos se establecen, sus casas están seguras, sus rebaños se multiplican, pasan sus días en prosperidad y descienden en paz al sepulcro. Incluso le dicen a Dios: apártate de nosotros, porque no deseamos conocer tus caminos. Job observa que no son castigados como afirman sus amigos, y que de hecho muchos mueren sin sufrimiento. Señala que la explicación de sus amigos no encaja con los hechos, y se niega a aceptar un consuelo construido sobre la ignorancia de la realidad. El capítulo es un hito en el argumento del libro: Job no niega la justicia de Dios, pero desmonta la doctrina simplista que dice que todo sufrimiento es castigo y toda prosperidad una recompensa. Exige una mirada honesta al mundo tal como es. Al final pregunta cómo pueden consolarlo con vaciedades, cuando sus respuestas son pura falsedad. El capítulo enseña que la fe verdadera no exige negar la evidencia de los ojos, y que a Dios no se le sirve con explicaciones ordenadas que ignoran el dolor de las personas reales.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
La honestidad importa en la fe. Hoy no finjas que el mundo es más simple de lo que es. Nombra ante Dios la injusticia que ves, sin perder la confianza en él. Y cuando consueles a alguien, no ofrezcas explicaciones que nieguen lo que está viviendo; reconoce su dolor tal como es. Mirar la realidad sin filtros es parte de una fe madura y valiente.
Oración
Señor, no te asustan los hechos de mi vida. Dame la honestidad de ver el mundo tal como es sin perder la fe en ti, y guárdame de ofrecer consuelos vacíos a los que sufren. Amén.
Acerca del libro de Job
El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.
El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.
Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.
Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.
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