Job

Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos

Job

Capítulo 37

1 Mi corazón también por eso tiembla, y salta fuera de su sitio.

2 ¡Escuchad, escuchad el fragor de su voz, el bramido que sale de su boca!

3 Hace relampaguear por todo el cielo, su fulgor llega a los extremos de la tierra.

4 Detrás de él una voz ruge: truena él con su soberbia voz, y sus rayos no retiene, mientras su voz retumba.

5 Dios nos da a ver maravillas, grandes cosas hace que no comprendemos.

6 Cuando dice a la nieve: «¡Cae sobre la tierra!», y a los aguaceros: «¡Lloved fuerte!»,

7 la mano de todo hombre retiene bajo sello, para que todos conozcan su obra.

8 Las fieras a sus guaridas huyen y en sus cubiles se cobijan.

9 Del sur llega el huracán, el frío, de los vientos del norte.

10 Al soplo de Dios se forma el hielo, se congela la extensión de las aguas.

11 El carga a la nube de un rayo, el nublado esparce su fulgor,

12 y éste, gira girando, circula conforme a sus designios. Así ejecutan sus órdenes en todo sobre la haz de su orbe terráqueo.

13 Ya como castigo para los pueblos de la tierra, ya como gracia, él los envía.

14 Presta, Job, oído a esto, tente y observa los prodigios de Dios.

15 ¿Sabes acaso cómo Dios los rige, y cómo su nube hace brillar el rayo?

16 ¿Sabes tú cómo las nubes cuelgan en equilibrio, 7 maravilla de una ciencia consumada?

17 Tú, cuyos vestidos queman cuando está quieta la tierra bajo el viento del sur,

18 ¿puedes extender con él la bóveda del cielo, sólida como espejo de metal fundido?

19 Enséñanos qué le hemos de decir: no discutiremos más, debido a las tinieblas.

20 Si hablo yo, ¿alguien se lo cuenta? ¿es informado de lo que un hombre ha dicho?

21 Ahora ya no se ve la luz, que queda oscurecida por las nubes; pero pasa el viento y las despeja,

22 y una claridad llega del norte: gloria terrible alrededor de Dios,

23 ¡es Sadday!, no podemos alcanzarle. Grande en fuerza y equidad, maestro de justicia, sin oprimir a nadie.

24 Por eso le temen los hombres: ¡a él la veneración de todos los sabios de corazón!

Reflexión del capítulo 37

El último discurso de Elihú es una descripción magnífica de la tormenta. Su corazón tiembla al oír la voz de Dios, el trueno que rueda por los cielos y el relámpago que cruza el cielo entero. Describe la nieve, la lluvia, el torbellino, la escarcha y el hielo, y cómo Dios los usa para disciplinar a las personas o para mostrar su amor. Pregunta a Job si sabe cómo hace Dios estas cosas, y concluye con una afirmación profunda: al Todopoderoso no podemos encontrarlo; es grande en poder y en justicia, y no oprime a nadie. Por eso los hombres lo temen, y él no mira a los que se creen sabios. Esta es una conclusión adecuada para el debate humano, y prepara el escenario para las palabras de Dios. Elihú ha llevado la discusión de una teoría estrecha de la retribución a una visión de la majestad abrumadora de Dios. Admite que Dios no puede ser encontrado ni comprendido del todo, y ese es precisamente el punto. Después de todos los argumentos, la última palabra humana es una confesión de la incomprensibilidad de Dios. Y entonces llega el torbellino, y Dios habla. El capítulo enseña que el temor del Señor es el principio de la sabiduría, y que la sabiduría humana, por sofisticada que sea, debe callar ante la grandeza de Dios.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

La mejor preparación para escuchar a Dios es el silencio ante su majestad. Hoy dedica un tiempo de quietud reverente, sin pedir nada, reconociendo sencillamente que Dios es más grande que tu entendimiento. Deja que ese silencio profundice tu confianza y te libre de la necesidad de tenerlo todo bajo control. El silencio ante Dios es a veces la oración más elocuente.

Oración

Señor, haces cosas grandes que no puedo comprender. Enséñame a callar ante tu majestad, a temerte con un corazón reverente y a confiar en tu justicia incluso cuando no puedo rastrear tus caminos ni entender tus tiempos. Amén.

Acerca del libro de Job

El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.

El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.

Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.

Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.

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