Job
Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos
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Capítulo 33 de 42Capítulo 33
1 Ten a bien, Job, escuchar mis palabras, presta oído a todas mis razones.
2 Ya ves que he abierto mi boca, en mi paladar habla mi lengua.
3 Mi corazón dará palabras cuerdas, la pura verdad dirán mis labios.
4 El soplo de Dios me hizo, me animó el aliento de Sadday.
5 Si eres capaz, replícame, ¡alerta, ponte en guardia ante mí!
6 Mira, soy como tú, no soy un dios, también yo de arcilla fui plasmasdo.
7 Por eso mi terror no te ha de espantar, no pesará mi mano sobre ti.
8 No has hecho más que decir a mis propios oídos, - pues he oído el son de tus palabras -:
9 «Puro soy, sin delito; limpio estoy, no hay culpa en mí.
10 Pero él inventa contra mí pretextos, y me reputa como su enemigo;
11 mis pies pone en el cepo, espía todas mis sendas.»
12 Pues bien, respondo, en esto no tienes razón, porque Dios es más grande que el hombre.
13 ¿Por qué te querellas tú con él porque no responda a todas tus palabras?
14 Habla Dios una vez, y otra vez, sin que se le haga caso.
15 En sueños, en visión nocturna, cuando un letargo cae sobre los hombres, mientras están dormidos en su lecho,
16 entonces abre él el oído de los hombres, y con sus apariciones les espanta,
17 para apartar al hombre de sus obras y acabar con su orgullo de varón,
18 para librar su alma de la fosa y su vida de pasar el Canal.
19 También es corregido por el dolor en su camilla, por el temblor continuo de sus huesos,
20 cuando a su vida el alimento asquea y a su alma los manjares exquisitos,
21 cuando su carne desaparece de la vista, y sus huesos, que no se veían, aparecen;
22 cuando su alma a la fosa se aproxima y su vida a la morada de los muertos.
23 Si hay entonces junto a él un Angel, un Mediador escogido entre mil, que declare al hombre su deber,
24 que de él se apiade y diga: «Líbrale de bajar a la fosa, yo he encontrado el rescate de su alma»,
25 su carne se renueva de vigor juvenil, vuelve a los días de su adolescencia.
26 Invoca a Dios, que le otorga su favor, y va a ver con júbilo su rostro Anuncia a los demás su justicia,
27 canta así entre los hombres: «Yo había pecado y torcido el derecho, mas Dios no me ha dado el merecido.
28 Ha librado mi alma de pasar por la fosa, y mi vida contempla la luz.»
29 He aquí todo lo que hace Dios, dos y tres veces con el hombre,
30 para recobrar su alma de la fosa, para que sea alumbrado con la luz de los vivos.
31 Atiende, Job, escúchame, guarda silencio, y yo hablaré.
32 Si tienes algo que decir, replícame, habla, pues yo deseo darte la razón.
33 Si no, escúchame, guarda silencio, y yo te enseñaré sabiduría.
Reflexión del capítulo 33
Elihú se dirige a Job con un planteamiento notable: le dice que es igual que él, formado también del barro, para que Job no tenga que temerle. Después retoma la queja de Job y ofrece un ángulo nuevo: Dios sí habla a las personas, en sueños y visiones de la noche, y les abre el oído y los advierte para apartarlos del orgullo y guardarlos de la fosa. Habla del sufrimiento como una forma de disciplina divina, pero también de la misericordia de Dios: si hay un ángel, un mediador, uno entre mil, que declare a la persona recta, Dios es clemente y dice: líbralo de bajar a la fosa, he hallado un rescate. Esta idea de un mediador que intercede y de un rescate pagado es una de las más llamativas del libro, y la tradición cristiana ha visto en ella un anuncio de Cristo. La aportación de Elihú es insistir en que el propósito de Dios en el sufrimiento no es solo castigar, sino enseñar y salvar, y que Dios está más dispuesto a mostrar misericordia de lo que imaginamos. Afirma además que Dios hace esto dos o tres veces por una persona, para hacerla volver de la fosa y que sea iluminada con la luz de la vida. El capítulo ofrece una lectura más esperanzada del sufrimiento que la de los amigos, aunque sigue siendo una perspectiva humana.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
El sufrimiento no siempre es castigo; puede ser una llamada a la conversión y una invitación a recibir misericordia. Hoy pide al Señor que te muestre qué quiere enseñarte a través de una dificultad que estés viviendo, y ábrete a su misericordia en lugar de cerrarte en el resentimiento o en la autocompasión. Deja que la dificultad te acerque a Dios en lugar de alejarte de él.
Oración
Señor, tú me hablas de muchas maneras y deseas salvarme de la fosa. Abre mis oídos a tu voz, enséñame lo que quieres mostrarme y hazme recibir tu misericordia con un corazón agradecido y dócil. Amén.
Acerca del libro de Job
El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.
El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.
Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.
Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.
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