Job
Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos
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Capítulo 22 de 42Capítulo 22
1 Elifaz de Temán tomó la palabra y dijo:
2 ¿Acaso a Dios puede un hombre ser útil? ¡Sólo a sí mismo es útil el sensato!
3 ¿Tiene algún interés Sadday por tu justicia? ¿Gana algo con que seas intachable?
4 ¿Acaso por tu piedad él te corrige y entra en juicio contigo?
5 ¿No será más bien por tu mucha maldad, por tus culpas sin límite?
6 Porque exigías sin razón prendas a tus hermanos, arrancabas a los desnudos sus vestidos,
7 no dabas agua al sediento, al hambriento le negabas el pan;
8 como hombre fuerte que hace suyo el país, y, rostro altivo, se sitúa en él,
9 despachabas a las viudas con las manos vacías y quebrabas los brazos de los huérfanos.
10 Por eso los lazos te aprisionan y te estremece un pavor súbito.
11 La luz se hace tiniebla, y ya no ves, y una masa de agua te sumerge.
12 ¿No está Dios en lo alto de los cielos? ¡Mira la cabeza de las estrellas, qué altas!
13 Y tú has dicho: «¿Qué conoce Dios? ¿Discierne acaso a través del nublado?
14 Un velo opaco son las nubes para él, y anda por el contorno de los cielos.»
15 ¿Vas a seguir tú la ruta antigua que anduvieron los hombres perversos?
16 Antes de tiempo fueron aventados, cuando un río arrasó sus cimientos.
17 Los que decían a Dios: «¡Apártate de nosotros! ¿Qué puede hacernos Sadday?»
18 Y era él el que colmaba sus casas de ventura, aunque el consejo de los malos seguía lejos de él.
19 Al verlo los justos se recrean, y de ellos hace burla el inocente:
20 «¡Cómo acabó nuestro adversario! ¡el fuego ha devorado su opulencia!».
21 Reconcíliate con él y haz la paz: así tu dicha te será devuelta.
22 Recibe de su boca la enseñanza, pon sus palabras en tu corazón.
23 Si vuelves a Sadday con humildad, si alejas de tu tienda la injusticia,
24 si tiras al polvo el oro, el Ofir a los guijarros del torrente,
25 Sadday se te hará lingotes de oro y plata a montones para ti.
26 Tendrás entonces en Sadday tus delicias y hacia Dios levantarás tu rostro.
27 El escuchará cuando le invoques, y podrás cumplir tus votos.
28 Todo lo que emprendas saldrá bien, y por tus caminos brillará la luz.
29 Porque él abate el orgullo de los grandes, y salva al que baja los ojos.
30 El libra al inocente; si son tus manos puras, serás salvo.
Reflexión del capítulo 22
Elifaz pronuncia su tercer y más duro discurso. Comienza con una pregunta retórica sobre si un hombre puede ser útil a Dios, y pasa enseguida a la acusación abierta: afirma que Job debe haber pecado gravemente, que exigió prendas a sus hermanos sin causa, despojó de su ropa a los desnudos, negó el pan al hambriento y despidió a las viudas sin darles nada. No hay ninguna prueba de esto; Elifaz ha inventado una lista de crímenes para ajustarla a su teoría. Este es el momento más peligroso del consejo de los amigos: han pasado de la incomprensión al falso testimonio. Después Elifaz ofrece una llamada a la conversión, prometiendo que si Job vuelve al Todopoderoso será restaurado, su oro será como polvo y Dios escuchará su oración. El consejo suena piadoso e incluso repite temas de los salmos, pero está construido sobre una mentira sobre la vida de Job. El capítulo es una ilustración aleccionadora de cómo el deseo de explicar el sufrimiento puede llevar a calumniar al que sufre. Muestra también el peligro de suponer que nuestro marco teológico nos da acceso a los hechos de la conciencia ajena. Solo Dios sabe lo que una persona ha hecho, y Elifaz se ha atrevido a saberlo.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Nunca acuses a alguien de un pecado que solo has inferido. Hoy, si te tienta llenar los huecos de una historia con un juicio, detente. Pide al Señor la disciplina de la lengua y la caridad que cree lo mejor de los demás. Antes de hablar de alguien, pregúntate si lo que dices lo sabes o solo lo supones. La caridad empieza por no atribuir a nadie intenciones que no conocemos.
Oración
Señor, guárdame de levantar falso testimonio, incluso cuando crea defender tu justicia. Enséñame a decir solo lo que sé y a dejarte a ti el juicio de cada corazón, renunciando a la certeza que no me corresponde. Amén.
Acerca del libro de Job
El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.
El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.
Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.
Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.
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