Job

Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos

Job

Capítulo 24

1 ¿Por qué Sadday no se reserva tiempos, y los que le conocen no contemplan sus días?

2 Los malvados remueven los mojones, roban el rebaño y su pastor.

3 Se llevan el asno de los huérfanos, toman en prenda el buey de la viuda.

4 Los mendigos tienen que retirarse del camino, a una se ocultan los pobres del país.

5 Como onagros del desierto salen a su tarea, buscando presa desde el alba, y a la tarde, pan para sus crías.

6 Cosechan en el campo del inicuo, vendimian la viña del malvado.

7 Pasan la noche desnudos, sin vestido, sin cobertor contra el frío.

8 Calados por el turbión de las montañas, faltos de abrigo, se pegan a la roca.

9 Al huérfano se le arranca del pecho, se toma en prenda al niño del pobre.

10 Desnudos andan, sin vestido; hambrientos, llevan las gavillas.

11 Pasan el mediodía entre dos paredes, pisan los lagares y no quitan la sed.

12 Desde la ciudad gimen los que mueren, el herido de muerte pide auxilio, ¡y Dios sigue sordo a la oración!

13 Otros hay rebeldes a la luz: no reconocen sus caminos ni frecuentan sus senderos.

14 Aún no es de día cuando el asesino se levanta para matar al pobre y al menesteroso. Por la noche merodea el ladrón.

15 El ojo del adúltero el crepúsculo espía: «Ningún ojo - dice - me divisa», y cubre su rostro con un velo.

16 Las casas perfora en las tínieblas. Durante el día se ocultan los que no quieren conocer la luz.

17 Para todos ellos la mañana es sombra, porque sufren entonces sus terrores.

18 No es más que una paja sobre el agua, su hacienda es maldita en el país, nadie toma el camino de su viña.

19 Como el calor de sequía arrebata el agua de nieve, así el seol al que ha pecado.

20 El seno que le formó se olvida de él, y su nombre no se recuerda más. Así la iniquidad es desgajada como un árbol.

21 Maltrataba a la estéril, la que no da a luz, y a la viuda no trataba bien.

22 Pero Aquel que agarra con su fuerza a los tiranos se levanta, y va el otro no cuenta con la vida.

23 Le dejaba apoyarse con seguridad, pero sus ojos vigilaban sus caminos.

24 Se encumbró por un instante, y ya no existe, se abate como el armuelle que se corta, como la cresta de la espiga se amustia.

25 ¿No es así? ¿quién me puede desmentir y reducir a nada mi palabra?

Reflexión del capítulo 24

Job continúa con una pregunta dura: por qué el Todopoderoso no reserva tiempos de juicio, para que quienes lo conocen vean su día? Después ofrece un catálogo de injusticia social: los malvados desplazan los linderos, se apropian de rebaños, toman el asno del huérfano y el buey de la viuda como prenda, apartan a los necesitados del camino y obligan a los pobres a esconderse. Los pobres recogen alimento en los campos de los malvados y pasan hambre; yacen sin ropa en el frío. Job describe cómo los moribundos gimen en la ciudad, y sin embargo Dios no lo tiene por mal. Es uno de los pasajes más inquietantes del libro, porque Job no solo se queja de su propio sufrimiento: señala el sufrimiento de los pobres y pregunta dónde está la justicia de Dios. El capítulo muestra que la preocupación de Job no es solo personal. Ve el mundo tal como es, con su violencia y su impunidad, y se niega a fingir lo contrario. Incluso parece reconocer que los malvados acaban siendo humillados, pero insiste en que mientras tanto sufren los inocentes. El libro no resuelve aquí esta tensión; deja en pie la pregunta de Job. Y eso es ya significativo: la Biblia permite formular del todo la pregunta del sufrimiento injusto, sin una respuesta rápida.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Una fe que ignora la injusticia no es la fe de la Biblia. Hoy haz tuya la pregunta de Job: mira una situación de injusticia a tu alrededor y pregúntale a Dios qué quiere que hagas. Da un paso concreto, aunque sea pequeño, en favor de quien está siendo tratado injustamente, y no te conformes con lamentarlo. La pregunta por la injusticia debe terminar siempre en un compromiso concreto.

Oración

Señor, los pobres gritan y tú pareces callar. No permitas que me vuelva indiferente ante la injusticia; dame ojos para ver a los que sufren y manos dispuestas a ayudar, y mantén mi confianza en ti cuando no comprendo tus tiempos. Amén.

Acerca del libro de Job

El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.

El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.

Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.

Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.

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