Job
Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 23 de 42Capítulo 23
1 Job tomó la palabra y dijo:
2 Todavía mi queja es una rebelión; su mano pesa sobre mi gemido.
3 ¡Quién me diera saber encontrarle, poder llegar a su morada!
4 Un proceso abriría delante de él, llenaría mi boca de argumentos.
5 Sabría las palabras de su réplica, comprendería lo que me dijera.
6 ¿Precisaría gran fuerza para disputar conmigo? No, tan sólo tendría que prestarme atención.
7 Reconocería en su adversario a un hombre recto, y yo me libraría de mi juez para siempre.
8 Si voy hacia el oriente, no está allí; si al occidente, no le advierto.
9 Cuando le busco al norte, no aparece, y tampoco le veo si vuelvo al mediodía.
10 Pero él mis pasos todos sabe: ¡probado en el crisol, saldré oro puro!
11 Mi pie se ha adherido a su paso, he guardado su ruta sin desvío;
12 del mandato de sus labios no me aparto, he albergado en mi seno las palabras de su boca.
13 Mas él decide, ¿quién le hará retractarse? Lo que su alma ha proyectado lleva a término.
14 Así ejecutará mi sentencia, como tantas otras decisones suyas.
15 Por eso estoy, ante él, horrorizado, y cuanto más lo pienso, más me espanta.
16 Dios me ha enervado el corazón, Sadday me ha aterrorizado.
17 Pues no he desaparecido en las tinieblas, pero él ha cubierto de oscuridad mi rostro.
Reflexión del capítulo 23
Job habla de nuevo, y su queja es amarga porque, como dice, la mano de Dios pesa sobre él. Expresa un anhelo a la vez audaz y conmovedor: si supiera dónde encontrarlo, llegaría hasta su trono, expondría su causa y escucharía qué responde. Está convencido de que Dios le prestaría atención y de que un hombre recto podría razonar con él. Entonces aparece uno de los versículos más hermosos del libro: Dios conoce el camino que Job sigue, y cuando lo haya probado, saldrá como el oro. Job no sabe dónde está Dios, pero confía en que Dios sabe dónde está Job. Esa asimetría es el fundamento de su esperanza: incluso en la oscuridad, cree que es visto y que la prueba no lo destruirá. Sin embargo, también admite que Dios está oculto y que su presencia lo aterra; no lo encuentra ni al oriente ni al occidente. El capítulo sostiene juntas dos verdades: la ausencia sentida de Dios y la firme convicción de que Dios lo está mirando. Esa es una fe madura, capaz de decir no puedo encontrarlo y él conoce mi camino en el mismo aliento.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
No necesitas sentir la presencia de Dios para confiar en que él te ve. Hoy, cuando la oración se sienta vacía, haz esta confesión: él conoce el camino que yo sigo. Ofrécele tu prueba oculta y pídele que te purifique como el oro, sin exigirle que te muestre el resultado antes de tiempo. Deja que la prueba te purifique sin adelantarte a sus resultados.
Oración
Señor, no siempre puedo encontrarte, pero tú conoces el camino que yo sigo. Cuando me hayas probado, que salga como el oro. Sostenme en tu presencia escondida y dame paciencia para esperar tu luz. Amén.
Acerca del libro de Job
El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.
El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.
Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.
Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.
Compartir
Enlace copiado