Job

Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos

Job

Capítulo 18

1 Bildad de Súaj tomó la palabra y dijo:

2 ¿Cuándo pondréis freno a las palabras? Reflexionad, y después hablaremos.

3 ¿Por qué hemos de ser tenidos como bestias, y a vuestros ojos somos impuros?

4 Oh tú, que te desgarras en tu cólera, ¿la tierra acaso quedará por ti desierta, se moverá la roca de su sitio?

5 Sí, la luz del malvado ha de apagarse, ya no brillará su ardiente llama.

6 La luz en su tienda se oscurece, de encima de él se apaga la candela.

7 Se acortan sus pasos vigorosos, le pierde su propio consejo.

8 Porque sus pies le meten en la red, entre mallas camina.

9 Por el talón le apresa un lazo, el cepo se cierra sobre él.

10 Oculto en la tierra hay un nudo para él, una trampa le espera en el sendero.

11 Por todas partes le estremecen terrores, y le persiguen paso a paso.

12 El hambre es su cortejo, la desgracia se adhiere a su costado.

13 Devora el mal su piel, el Primogénito de la Muerte roe sus miembros.

14 Se le arranca del seguro de su tienda, se le lleva donde el Rey de los terrores.

15 Se ocupa su tienda, ya no suya, se esparce azufre en su morada.

16 Por abajo se secan sus raíces, por arriba se amustia su ramaje.

17 Su recuerdo desaparece de la tierra, no le queda nombre en la comarca.

18 Se le arroja de la luz a las tinieblas, del orbe se le expulsa.

19 Ni prole ni posteridad tiene en su pueblo, ningún superviviente en sus moradas.

20 De su fin se estremece el Occidente, y el Oriente queda preso de terror.

21 Tan sólo esto son las moradas del impío, tal el lugar del que a Dios desconoce.

Reflexión del capítulo 18

Bildad habla de nuevo, más impaciente que antes, preguntando hasta cuándo seguirá hablando Job y diciéndole que reflexione y luego hablarán. Insiste en que la luz del malvado se apaga, que la llama de su fuego no brilla, que hay lazos ocultos para sus pies y terrores que lo rodean. Describe al malvado como alguien cuya fuerza se agota, cuyo pie queda atrapado en la red, cuya memoria perece de la tierra y que no deja descendencia entre su pueblo. La descripción es minuciosa y sombría, y Bildad claramente pretende aplicarla a Job. Una vez más confunde una verdad general con un juicio particular. Es verdad que la maldad tiende a la ruina, y la Biblia habla a menudo así. Pero Bildad usa el principio para declarar cerrado el caso de Job, sin preguntarse si Dios estará haciendo algo que él no puede ver. El capítulo muestra también el dolor de ser descrito en tercera persona como ejemplo de castigo divino. Job responderá, como siempre, negándose a aceptar un diagnóstico que no coincide con su conciencia. El libro sigue enseñando que la amistad se destruye cuando se trata a una persona como categoría y no como persona, y que los caminos de Dios no se reducen a una fórmula.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Evita la costumbre de diagnosticar la vida de los demás desde fuera. Hoy, si te sorprendes pensando que sabes exactamente por qué alguien está sufriendo, detente y pide al Señor que te muestre su corazón en lugar de tu teoría. Ofrece un gesto concreto de bondad que no exija explicaciones. Juzgar menos y acompañar más es un camino seguro hacia la santidad.

Oración

Señor, solo tú conoces las profundidades de cada corazón. Líbrame de la soberbia de juzgar a los demás por las apariencias, y enséñame a ver a cada persona como tú la ves, con misericordia y verdad. Amén.

Acerca del libro de Job

El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.

El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.

Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.

Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.

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