Job
Antiguo Testamento | 42 capítulos | 1070 versículos
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Capítulo 34 de 42Capítulo 34
1 Elihú reanudó su discurso y dijo:
2 Escuchad, sabios, mis palabras, vosotros los doctos, dadme oídos.
3 Porque el oído aprecia las palabras, como el paladar gusta los manjares.
4 Decidamos entre nosotros lo que es justo, sepamos juntos lo que es bueno.
5 Pues Job ha dicho: «Yo soy justo, pero Dios me quita mi derecho;
6 mi juez se muestra cruel para conmigo, mi llaga es incurable, aunque no tengo culpa.»
7 ¿Qué hombre hay como Job, que bebe el sarcasmo como agua,
8 que anda en compañía de malhechores, y camina con malvados?
9 Pues él ha dicho: «Nada gana el hombre con buscar el agrado de Dios.»
10 Así pues, escuchadme, como hombres sensatos. Lejos de Dios el mal, de Sadday la injusticia;
11 que la obra del hombre, él se la paga, y según su conducta trata a cada uno.
12 En verdad, Dios no hace el mal, no tuerce el derecho Sadday.
13 ¿Quién, si no, le confió la tierra, quién le encargó del mundo entero?
14 Si él retirara a sí su espíritu, si hacia sí recogiera su soplo,
15 a una expiraría toda carne, el hombre al polvo volvería.
16 Si tienes inteligencia, escucha esto, presta oído al son de mis palabras.
17 ¿Podría gobernar un enemigo del derecho? ¿al Justo poderoso vas a condenar?
18 ¡Aquel que dice a un rey: «¡Inútil!», «¡Malvados!» a los nobles,
19 que no hace acepción de príncipes, ni prefiere al grande sobre el débil, ¡pues todos son obra de sus manos!
20 Mueren ellos de repente a media noche, perecen los grandes y pasan, y él depone a un tirano sin esfuerzo.
21 Pues sus ojos vigilan los caminos del hombre, todos sus pasos observa.
22 No hay tinieblas ni sombra donde ocultarse los agentes del mal.
23 No asigna él un plazo al hombre para que a juicio se presente ante Dios.
24 Quebranta a los grandes sin examen, y pone a otros en su sitio.
25 Es que él conoce sus acciones, de noche los sacude y se les pisa.
26 Como a criminales los azota, en lugar público los encadena,
27 porque se apartaron de su seguimiento, y no comprendieron todos sus caminos,
28 hasta hacer llegar a él el gemido del débil y hacerle oír el clamor de los humildes.
29 Mas si él sigue inmóvil, sin que nadie le perturbe, si vela su faz, sin que nadie le perciba, es que se apiada de naciones e individuos,
30 libra al impío del cepo de la angustia,
31 Cuando éste dice a Dios: «He sido seducido, no volveré a hacer mal;
32 si he pecado instrúyeme, si he cometido injusticia, no reincidiré».
33 ¿Acaso, según tú, tendría él que castigar, ya que rechazas sus decisiones? Como eres tú el que aprecias, y no yo, di todo lo que sepas.
34 Mas los hombres sensatos me dirán, así como todo sabio que me escuche:
35 «No habla Job cuerdamente, no son sensatas sus palabras.
36 Que sea Job probado a fondo, por sus respuestas dignas de malvados.
37 Porque a su pecado la rebeldía añade, pone fin al derecho entre nosotros, y multiplica contra Dios sus palabras.»
Reflexión del capítulo 34
Elihú continúa su argumentación, dirigiéndose a los sabios y pidiéndoles que pesen sus palabras, porque el oído discierne las palabras como la lengua saborea el alimento. Resume la postura de Job: ha dicho que es justo, pero que Dios le ha quitado su derecho; se queja de que su llaga es incurable aunque no tenga culpa. Elihú defiende entonces la justicia de Dios: lejos de Dios hacer maldad y de que el Todopoderoso cometa iniquidad; él paga a cada uno según sus obras. Subraya la libertad soberana de Dios: nadie lo constituyó sobre la tierra, no rinde cuentas a ningún tribunal humano, y si retirara su espíritu, toda carne perecería. Insiste también en que Dios ve cada paso de la persona, que no hay tinieblas donde esconderse. La teología de Elihú es más cuidadosa que la de los amigos: sostiene a la vez la justicia y la libertad de Dios. Pero sigue suponiendo que Job debe ser culpable, y termina diciendo que Job habla como los malvados al multiplicar palabras contra Dios. El capítulo muestra que incluso una explicación más sofisticada puede no alcanzar la verdad de una vida concreta. Y prepara al lector para el momento en que Dios responderá no con un argumento, sino con él mismo.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Podemos defender la justicia de Dios y aun así malinterpretar a una persona. Hoy sostén juntas dos cosas: la confianza en la rectitud de Dios y la humildad sobre tu capacidad de leer la vida ajena. Pide al Señor que te guarde tanto del cinismo como de la presunción, y deja el juicio en sus manos. Solo Dios conoce del todo la vida de cada persona, y por eso solo él puede juzgarla con verdad.
Oración
Señor, tú eres justo y libre, y nadie puede pedirte cuentas. Guárdame de juzgar tus caminos y de juzgar a los demás; dame la humildad de confiar en ti y la caridad de dejarte a ti el juicio. Amén.
Acerca del libro de Job
El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la literatura universal y, dentro de la Biblia, el gran texto sapiencial sobre el sufrimiento del justo. Su protagonista no es un israelita ni un rey, sino un hombre del país de Us, fuera de las fronteras de Israel, lo que sugiere que su mensaje se dirige a toda la humanidad. La tradición lo sitúa en la época de los patriarcas, aunque su composición literaria, con su estructura cuidada y su vocabulario, es posterior; probablemente alcanzó su forma actual después del destierro. No sabemos quién lo escribió, y su autoría ha sido atribuida lo mismo a Moisés que a Salomón o a un sabio anónimo.
El libro se abre con un prólogo en prosa que presenta a Job como un hombre íntegro y recto, y que introduce un diálogo celestial entre Dios y el adversario: la cuestión es si Job sirve a Dios de manera desinteresada o solo por los bienes que recibe. A partir de ahí, y tras perder sus hijos, sus bienes y su salud, Job dialoga con tres amigos que sostienen la tesis de que el sufrimiento es siempre castigo del pecado. Frente a ellos, Job defiende su inocencia y reclama una explicación a Dios. Después interviene un cuarto personaje, Elihú, y finalmente Dios responde desde la tempestad, no con una teoría, sino con una visión de su grandeza y de su gobierno sobre la creación.
Los grandes temas del libro son el sufrimiento del inocente, la justicia de Dios, los límites del conocimiento humano, la crítica de una religión interesada y el valor de la fidelidad en la prueba. Job no recibe una respuesta que explique su dolor, pero recibe algo mayor: el encuentro con Dios mismo, que transforma su queja en confianza.
Para la fe católica, Job es escuela de paciencia y de esperanza. La liturgia lo proclama en los momentos de duelo, y la tradición lo ha leído como figura de Cristo, el justo inocente que sufre y que intercede por sus amigos. Su grito, sostenido en la oscuridad, enseña que la fe no consiste en entenderlo todo, sino en seguir confiando en Aquel que sostiene todas las cosas.
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