Isaías
Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos
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Capítulo 11 de 66Capítulo 11
1 Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará.
2 Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh.
3 Y le inspirará en el temor de Yahveh. No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas.
4 Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado.
5 Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos.
6 Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá.
7 La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes, comerá paja.
8 Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano.
9 Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar.
10 Aquel día la raíz de Jesé que estará enhiesta para estandarte de pueblos, las gentes la buscarán, y su morada será gloriosa.
11 Aquel día volverá el Señor a mostrar su mano para recobrar el resto de su pueblo que haya quedado de Asur y de Egipto, de Patrós, de Kus, de Elam, de Senaar, de Jamat y de las islas del mar.
12 Izará bandera a los gentiles, reunirá a los dispersos de Israel, y a los desperdigados de Judá agrupará de los cuatro puntos cardinales.
13 Cesará la envidia de Efraím, y los opresores de Judá serán exterminados. Efraím no envidiará a Judá y Judá no oprimirá a Efraím.
14 Ellos se lanzarán sobre la espalda de Filistea Marítima, a una saquearán a los hijos de Oriente. Edom y Moab bajo el dominio de su mano, y los ammonitas bajo su obediencia.
15 Secará Yahveh el golfo del mar de Egipto y agitará su mano contra el Río. Con la violencia de su soplo lo partirá en siete arroyos, y hará posible pasarlo en sandalias;
16 habrá un camino real para el resto de su pueblo que haya sobrevivido de Asur, como lo hubo para Israel, cuando subió del país de Egipto.
Reflexión del capítulo 11
El capítulo undécimo contiene una de las imágenes más hermosas y más citadas de todo el Antiguo Testamento: del tronco de Jesé brotará un vástago, y de sus raíces florecerá un retoño. Sobre ese descendiente de David reposará el Espíritu del Señor con sus dones: sabiduría y entendimiento, consejo y fortaleza, ciencia y temor de Dios. No juzgará por apariencias ni por rumores, sino con justicia, defendiendo al humilde y al pobre de la tierra. Su palabra será como una vara que endereza y su fidelidad como un cinturón ceñido. A continuación el profeta describe un mundo reconciliado: el lobo habita con el cordero, el leopardo se acuesta junto al cabrito, el ternero y el león comen juntos, y un niño pequeño los guía. Ya no se hace daño en todo el monte santo, porque la tierra está llena del conocimiento del Señor. El retoño de Jesé se alza además como enseña para los pueblos, y los dispersos de Israel son reunidos desde los cuatro confines. La Iglesia reconoció en este texto al Mesías y aplicó a Cristo los siete dones del Espíritu, que recibimos en el bautismo y la confirmación.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Pide hoy al Espíritu Santo un don concreto que te falta: paciencia, consejo, fortaleza o temor de Dios. Elige además una relación marcada por la tensión o el prejuicio y da un paso hacia la reconciliación, tratando a esa persona con justicia y sin juzgar por apariencias. Deja que el Espíritu haga posible la paz que tú no puedes fabricar.
Oración
Espíritu del Señor, reposa sobre mí con tus dones. Dame sabiduría para juzgar y fortaleza para obrar con justicia. Hazme constructor de paz donde hoy hay división, y que mi vida refleje el retoño de Jesé. Amén.
Acerca del libro de Isaías
El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.
La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.
El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.
Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.
Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.
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