Isaías
Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos
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Capítulo 61 de 66Capítulo 61
1 El espíritu del Señor Yahveh está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahveh. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad;
2 a pregonar año de gracia de Yahveh, día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran,
3 para darles diadema en vez de ceniza, aceite de gozo en vez de vestido de luto, alabanza en vez de espíritu abatido. Se les llamará robles de justicia, plantación de Yahveh para manifestar su gloria.
4 Edificarán las ruinas seculares, los lugares de antiguo desolados levantarán, y restaurarán las ciudades en ruinas, los lugares por siempre desolados.
5 Vendrán extranjeros y apacentarán vuestros rebaños, e hijos de extraños serán vuestros labradores y viñadores.
6 Y vosotros seréis llamados «sacerdotes de Yahveh», «ministros de nuestro Dios» se os llamará. La riqueza de las naciones comeréis y en su gloria les sucederéis.
7 Por cuanto su vergüenza había sido doble, y en lugar de afrenta, gritos de regocijo fueron su herencia, por eso en su propia tierra heredarán el doble, y tendrán ellos alegría eterna.
8 Pues yo, Yahveh, amo el derecho y aborrezco la rapiña y el crimen. Les daré el salario de su trabajo lealmente, y alianza eterna pactaré con ellos.
9 Será conocida en las naciones su raza y sus vástagos entre los pueblos; todos los que los vean reconocerán que son raza bendita de Yahveh.
10 «Con gozo me gozaré en Yahveh, exulta mi alma en mi Dios, porque me ha revestido de ropas de salvación, en manto de justicia me ha envuelto como el esposo se pone una diadema, como la novia se adorna con aderezos.
11 Porque, como una tierra hace germinar plantas y como un huerto produce su simiente, así el Señor Yahveh hace germinar la justicia y la alabanza en presencia de todas las naciones.»
Reflexión del capítulo 61
El capítulo sesenta y uno contiene el texto que Jesús eligió para presentar su misión en la sinagoga de Nazaret. El profeta habla en primera persona: el Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido; me ha enviado a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los presos, a proclamar un año de gracia del Señor. Es un programa de salvación que une la palabra y la acción, la consolación y la liberación. A los que lloran se les promete una corona en lugar de ceniza, aceite de gozo en lugar de luto y un manto de alabanza en lugar de un espíritu abatido. El profeta describe después la reconstrucción de las ruinas antiguas y la restauración de las ciudades devastadas. El capítulo termina con un canto de alegría nupcial: desbordo de gozo en el Señor, porque me ha vestido con ropas de salvación y me ha envuelto en un manto de justicia, como un novio que se pone el turbante y una novia que se adorna con sus joyas. Enseña que la misión cristiana es inseparable de la atención a los pobres y los heridos, y que la salvación es motivo de fiesta. La tradición cristiana, siguiendo a Lucas, leyó este texto como la carta magna de la misión de Cristo.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Pregúntate hoy qué significa para ti anunciar la buena nueva a los pobres: no solo con palabras, sino con hechos. Elige una persona herida o encadenada por alguna circunstancia —enfermedad, soledad, deuda— y haz algo real por ella. Y no pierdas la alegría: la salvación es un vestido de fiesta, no una carga. La misión empieza donde hay alguien que necesita ser liberado.
Oración
Señor Jesús, tu Espíritu me unge y me envía a los pobres. Enséñame a anunciar tu buena nueva con hechos y no solo con palabras, a vendar corazones heridos y a vivir con la alegría de los salvados. Amén.
Acerca del libro de Isaías
El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.
La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.
El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.
Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.
Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.
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