Isaías
Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 21 de 66Capítulo 21
1 Oráculo sobre el Desierto Marítimo. Como torbellinos pasando por el Négueb vienen del desierto, del país temible.
2 Una visión dura me ha sido mostrada: El saqueador saquea y el devastador devasta. Sube Elam; asedia, Media. He hecho cesar todo suspiro.
3 Por eso mis riñones se han llenado de espanto. En mí hacen presa dolores, como dolores de parturienta. Estoy pasmado sin poder oír, me estremezco sin ver.
4 He perdido el sentido, escalofríos me sobrecogen. El crepúsculo de mis anhelos se me convierte en sobresalto.
5 Se prepara la mesa, se despliega el mantel, se come y se bebe. - ¡Levantaos, jefes, engrasad el escudo!
6 Pues así me ha dicho el Señor: «Anda, pon un vigía que vea y avise.
7 Cuando vea carros, troncos de caballos, jinetes en burro, jinetes en camello, preste atención, mucha atención.»
8 Y exclamó el vigía: «Sobre la atalaya, mi señor, estoy firme a lo largo del día, y en mi puesto de guardia estoy firme noches enteras.
9 Pues bien: por ahí vienen jinetes, troncos de caballos.» Replicó y dijo: «¡Cayó, cayó Babilonia, y todas las estatuas de sus dioses se han estrellado contra el suelo!»
10 Trilla mía y parva de mi era: lo que he oído de parte de Yahveh Sebaot, Dios de Israel, os lo he anunciado.
11 Oráculo sobre Duma. Alguien me grita desde Seír: «Centinela, ¿qué hay de la noche? centinela, ¿qué hay de la noche?»
12 Dice el centinela: «Se hizo de mañana y también de noche. Si queréis preguntar, volveos, venid.»
13 Oráculo en la estepa. En el bosque, en la estepa, haced noche, caravanas de dedanitas.
14 Al encuentro del sediento llevad agua, habitantes del país de Temá; salid con pan al encuentro del fugitivo.
15 Pues de las espadas huyen, de la espada desnuda, del arco tendido, de la pesadumbre de la guerra.
16 Pues así me ha dicho el Señor: «Al cabo de un año como año de jornalero se habrá consumido toda la gloria de Quedar.
17 Del resto de los arqueros, de los paladines, de los bravos de los hijos de Quedar, quedarán pocos, porque Yahveh, Dios de Israel, lo ha dicho.»
Reflexión del capítulo 21
El capítulo vigesimoprimero reúne tres oráculos breves y muy vívidos. El primero describe la caída de Babilonia desde la perspectiva de un centinela que vigila en la torre: el profeta ve la llegada de los carros y los jinetes, y oye el grito que resume todo: «cayó, cayó Babilonia». Antes de ese anuncio, Isaías confiesa su propia angustia: su corazón se estremece y el terror lo invade, como dolores de parto, ante la visión de una traición y una devastación que no deseaba. El profeta no es un espectador frío; sufre por lo que anuncia. Después vienen el oráculo de Dumá, que es Edom, con el grito angustiado del vigilante que pregunta cuánto falta para que amanezca, y el oráculo sobre Arabia y Quedar, cuyos fugitivos buscan agua y pan en el desierto. El capítulo enseña que el juicio de Dios es real y llega, y que quien lo anuncia debe hacerlo con un corazón compasivo, no con satisfacción. La tradición cristiana aplicó la caída de Babilonia a la derrota definitiva del mal, y el grito del centinela se convirtió en imagen de la espera vigilante de la salvación.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Vigila hoy tu propia vida con honestidad: ¿qué está cayendo en ella porque estaba mal construido? No mires con gusto la caída de otros, ni siquiera de quien te cae mal; reza por ellos. Mantente despierto en la espera, cumpliendo con fidelidad lo que te corresponde, sin dejarte llevar por la indiferencia. El que espera a Dios no se duerme en la vigilancia.
Oración
Señor, tú derribas lo que se construye sobre el mal. Dame un corazón compasivo que no se alegre de la desgracia ajena y ayúdame a permanecer despierto, esperando tu salvación con fidelidad. Que sepa esperar el amanecer sin perder la fe. Amén.
Acerca del libro de Isaías
El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.
La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.
El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.
Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.
Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.
Compartir
Enlace copiado