Isaías
Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 31 de 66Capítulo 31
1 ¡Ay, los que bajan a Egipto por ayuda! En la caballería se apoyan, y fían en los carros porque abundan y en los jinetes porque son muchos; mas no han puesto su mirada en el Santo de Israel, ni a Yahveh han buscado.
2 Pero también él es sabio, hará venir el mal, y no retirará sus palabras; se levantará contra la casa de los malhechores y contra la ayuda de los que obran la iniquidad.
3 En cuanto a Egipto, es humano, no divino, y sus caballos, carne, y no espíritu; Yahveh extenderá su mano, tropezará el ayudador y caerá el ayudado y todos a una perecerán.
4 Porque así me ha dicho Yahveh: Como ruge el león y el cachorro sobre su presa, y cuando se convoca contra él a todos los pastores, de sus voces no se intimida, ni de su tumulto se apoca: tal será el descenso de Yahveh Sebaot para guerrear sobre el monte Sión y sobre su colina.
5 Como pájaros que vuelan, así protegerá Yahveh Sebaot a Jerusalén, protegerá y librará, perdonará y salvará.
6 Volveos a aquel de quien profundamente os apartasteis, hijos de Israel.
7 Porque aquel día repudiará cada uno las divinidades de plata y las divinidades de oro que hicieron vuestras manos pecadoras.
8 Caerá Asur por espada no de hombres, y por espada no humana serán devorados; se dará a la fuga ante la espada, y sus mejores guerreros serán destinados a trabajos.
9 Aterrado, abandonará su tropa, y sus jefes espantados abandonarán su estandarte. Oráculo de Yahveh, que tiene fuego en Sión, y horno en Jerusalén.
Reflexión del capítulo 31
El capítulo trigesimoprimero vuelve sobre el mismo tema con una imagen nueva. Anuncia un ay contra los que bajan a Egipto buscando caballos y confían en la multitud de sus carros y en la fuerza de sus jinetes, sin mirar al Santo de Israel ni consultar al Señor. Isaías recuerda que Dios también es sabio y sabe traer la desgracia sobre los malvados, y que tanto el que ayuda como el ayudado caerán juntos. Pero después el tono se vuelve sorprendentemente tierno: el Señor de los ejércitos protegerá a Jerusalén como un ave que revolotea sobre su nido, la defenderá, la librará y la salvará. Es la imagen de un amor maternal, atento y cercano, que contrasta con la frialdad de los cálculos militares. El capítulo invita a un cambio de confianza: no en los carros, sino en el que protege como un pájaro cubre a sus crías. Además anuncia la caída de Asiria, que no caerá por espada humana sino por la intervención de Dios. El capítulo enseña que la verdadera seguridad es una persona, no un recurso. La tradición cristiana leyó esa imagen de protección como un anuncio del cuidado de Cristo, que quiso reunir a sus hijos como la gallina reúne a sus polluelos.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Haz la lista de las cosas en las que confías cuando tienes miedo: dinero, contactos, planes, fuerza propia. No las desprecies, pero colócalas en segundo lugar. Hoy elige confiar primero en Dios y actúa después con serenidad. Y cuando protejas a alguien —un hijo, un anciano, un enfermo—, hazlo con la ternura de quien cuida un nido: proteger es una forma de parecerse a Dios.
Oración
Señor, tú proteges a tu pueblo como un ave cubre su nido. Perdona cuando confío más en mis recursos que en ti. Enséñame a mirar primero al Santo de Israel y a descansar bajo tus alas. Amén.
Acerca del libro de Isaías
El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.
La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.
El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.
Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.
Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.
Compartir
Enlace copiado